Marta Cámara, Senior Manager de Forética
El agua se ha afianzado como una de las grandes tendencias de sostenibilidad para 2026 según el informe de Tendencias ESG de Forética. Este cambio de jerarquía obliga a las empresas del sector salud a replantear su relación con un recurso que sostiene tanto su competitividad como su capacidad operativa.
La creciente presión sobre la disponibilidad de agua, el incremento de los costes y una regulación más exigente están redefiniendo el mapa de riesgos y oportunidades para todas las empresas y, el sector salud, por su complejidad y amplia cadena de valor, no es una excepción.
Lejos de tratarse de una tendencia ambiental que pueda percibirse como algo lejano o ajeno, el agua tiene una implicación directa e inmediata en procesos esenciales: formulación farmacéutica, síntesis química, limpieza industrial, esterilización, operación de laboratorios, refrigeración de equipos, o funcionamiento de centros de datos.
El agua se consolida como elemento clave en las agendas de sostenibilidad empresarial, redefiniendo las líneas de prioridad
Además, el sector no solo depende directamente del agua, sino que también impacta en el recurso a través de distintas vías como los consumos intensivos en determinados procesos o el potencial de contaminación.

Esta transversalidad explica por qué el agua empieza a ocupar un lugar central en la agenda empresarial: es un factor estratégico de resiliencia y un determinante de continuidad de negocio.
En este contexto, desde Forética impulsamos un grupo de trabajo específico sobre sostenibilidad en el sector salud, que reúne a compañías líderes de la cadena de valor con el fin de abordar conjuntamente estos retos.
El agua es un factor estratégico de resiliencia y un determinante de continuidad de negocio
Uno de los cambios más relevantes en este escenario proviene del marco regulatorio. La Directiva de Aguas Residuales Urbanas introduce requisitos más estrictos en materia de tratamiento, control y trazabilidad de vertidos, lo que tendrá implicaciones operativas muy significativas, especialmente para la industria farmacéutica y cosmética.
En paralelo, la Guía de agua para CEOs de Forética ofrece un marco útil para que las compañías aborden esta transición desde la alta dirección. La guía subraya que el agua debe gobernarse como un riesgo empresarial y no únicamente como un asunto operativo.
Esto implica identificar la exposición a estrés hídrico —tanto en las propias instalaciones como en proveedores esenciales— y establecer indicadores claros que permitan priorizar inversiones y orientar la toma de decisiones.
Desde esta perspectiva, las palancas de actuación incluyen eficiencia hídrica, circularidad, innovación tecnológica, mejora del tratamiento de efluentes y colaboración sectorial. No se trata solo de reducir consumos, sino de integrar el agua en la estrategia de negocio.
No se trata solo de reducir consumos, sino de integrar el agua en la estrategia de negocio
Operativamente, las compañías del sector salud ya están comenzando a activar soluciones que muestran el potencial de transformación. Distintas organizaciones están llevando a cabo auditorías hídricas para localizar procesos intensivos y optimizar etapas que tradicionalmente no se analizaban con enfoque de eficiencia.
Otras han puesto en marcha iniciativas de reutilización de aguas grises, de recirculación en sistemas de refrigeración o de mejora de caudales en líneas productivas y laboratorios, reduciendo simultáneamente consumo de agua y demanda energética. También avanza el despliegue de tratamientos avanzados de efluentes.
Aunque los niveles de madurez son variables, estas experiencias demuestran que el sector ya está en movimiento y que existen soluciones viables que combinan eficiencia, cumplimiento y mejora ambiental. Es precisamente una de las vertientes que se trabajarán en el Grupo de sostenibilidad en el sector salud de Forética.
Mirando al futuro inmediato, la gestión del agua se perfila como un atributo de competitividad empresarial en el sector salud. Integrarla en la estrategia de negocio permite anticipar riesgos, mejorar la eficiencia, reforzar la confianza de clientes y reguladores, y generar resiliencia en un entorno cada vez más exigente.














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