Redacción
Se sabe que la relación entre obesidad y diabetes tipo 2 es directa. En los pacientes con ambas patologías es habitual ver que cuando pierden peso, el control glucémico y otros parámetros metabólicos suelen mejorar. El abordaje de la diabetes pasa por el control glucémico y, cada vez más, por tratar el sobrepeso y la obesidad no solo con intervención sobre la dieta, el ejercicio y los hábitos de vida, también con fármacos, principalmente desde la irrupción de los agonistas de GLP-1 y los agonistas duales GIP/GLP1, que han revolucionado el tratamiento de la diabetes y de la obesidad. Con todo esto, ¿está cambiando la concepción de la propia etiología de la diabetes? El Dr. Rafael Violante Ortiz afirma que «estamos ante una enfermedad de la gasa, no del páncreas, como se ha pensado durante muchos años».
Así lo ha defendido en su intervención en el XXXVII Congreso Nacional de la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes, celebrado en Sevilla del 15 al 17 de abril, donde el vocal de la Asociación Latinoamericana de Diabetes (ALAD) y profesor de la Facultad de Medicina de Tampico (México), ha explicado que «hoy tenemos evidencia para pensar que la diabetes deriva de una disfunción del tejido adiposo y no necesariamente del páncreas, del hígado y del músculo, como se pensaba antes».
Dr. Violante: «Tenemos evidencia para pensar que la diabetes deriva de una disfunción del tejido adiposo y no necesariamente del páncreas, del hígado y del músculo, como se pensaba antes»
Los expertos consideran que difícilmente puede haber DM2 si no hay obesidad, una enfermedad que precede años antes al desarrollo de diabetes. Por eso, el experto mexicano aconseja, «asumir ya la diabetes como una enfermedad relacionada con el tejido adiposo, con el peso; debemos enfocarnos ahí y dirigir todos los esfuerzos educativos y terapéuticos y de cambio el estilo de vida a que el paciente pierda peso».
Partiendo de esta idea, su recomendación en personas con diabetes y obesidad es «bajar el peso y la glucosa al mismo tiempo, y, después, también debemos focalizarnos en proteger el riñón, el corazón o el hígado«. En este sentido, admite, «los nuevos fármacos no sólo están logrando reducir el peso, sino también proteger estos órganos diana».

México tiene una importante experiencia acumulada en el manejo de la diabetes y la obesidad. Es uno de los países del mundo que registran la cifras de prevalencia más elevadas de diabetes. «Nuestras tasas de diabetes superan el 12% en mayores de 20 años, y en obesidad somos también ‘punteros’ junto con Estados Unidos, particularmente en los niños, donde esto ya es un problema incontrolable», explicó el Dr. Violante Ortiz.
Dra. Sánchez Bao: «Hoy entendemos obesidad y diabetes mellitus como dos enfermedades muy conectadas dentro de un mismo continuo cardiometabólico»
«Hoy entendemos obesidad y DM2 como dos enfermedades muy conectadas dentro de un mismo continuo cardiometabólico«, apuntó durante el congreso la Dra. Ana Mª Sánchez Bao, especialista del servicio de Endocrinología y Nutrición de Ferrol (CHUF), quien recordó que «hay otros factores a tener en cuenta, dado que la genética, la distribución de la grasa, la masa muscular, la edad, el sueño, la actividad física y otros determinantes clínicos y sociales también influyen en el desarrollo de la DM2».
El continuo cardiometabólico es un concepto que describe cómo diferentes alteraciones metabólicas y cardiovasculares no ocurren de forma aislada, sino como parte de un proceso progresivo y conectado que puede empezar muchos años antes de que aparezcan enfermedades graves. Se trata de una cadena de eventos que va desde factores de riesgo iniciales hasta enfermedades cardiovasculares establecidas. Dentro de este proceso son claves, y están muy conectadas, la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y la obesidad. Por eso, la pérdida de peso en personas con DM2 genera un beneficio clínico importante.
Los médicos detectan en sus consultas que incluso con una reducción moderada del peso corporal en pacientes con diabetes tipo dos mejora la glucemia y reduce la necesidad de medicación
«Incluso una reducción moderada del peso corporal mejora la glucemia, habitualmente reduce la necesidad de medicación y mejora factores de riesgo cardiometabólico, como la presión arterial, los triglicéridos o la esteatosis hepática asociada a disfunción metabólica», indica esta especialista en Endocrinología y Nutrición. Y si la pérdida de peso es mayor y sostenida, «los beneficios suelen ser también mayores y, en algunas personas, puede llegar a favorecer la remisión de la diabetes tipo 2, sobre todo si la evolución de la enfermedad no es muy prolongada».
Los beneficios suelen empezar con pérdidas relativamente modestas, en torno al 5–7% del peso inicial, pero con reducciones del 10% o más el impacto clínico suele ser más claro, y en algunos pacientes una pérdida del 10–15% o superior se asocia con una probabilidad mucho mayor de remisión de la diabetes.
En este contexto, la especialista en Endocrinología y Nutrición del CHUF habla de umbrales clínicamente útiles: «primero, mejorar; después, consolidar; y, en algunos casos, aspirar a objetivos más ambiciosos, si son factibles y seguros». La especialista señala que esos objetivos deben personalizarse en función del paciente: del tiempo que lleve con diabetes, de su edad, su composición corporal, su fragilidad, si presenta complicaciones o no y también de sus propias preferencias.
En algunos pacientes una pérdida del 10–15% o superior se asocia con una probabilidad mucho mayor de remisión de la diabetes
Además de esa pérdida de peso «con un abordaje intensivo, estructurado y personalizado«, hay otro reto: mantenerla en el tiempo. Ahora se sabe que cuando se retiran algunos tratamientos farmacológicos eficaces, la recuperación de peso es frecuente, lo que refuerza la idea de manejo crónico y seguimiento continuado. La obesidad es una enfermedad crónica y con tendencia a la recaída, de modo que mantener la pérdida de peso exige una estrategia de largo recorrido.
«Debemos buscar medidas sostenibles en el tiempo», aconseja esta especialista. Entre ellas, destacan medidas prácticas como mantener un seguimiento clínico periódico, evitar periodos largos sin apoyo, sostener los cambios nutricionales y dietéticos, preservar o aumentar la actividad física, monitorizar precozmente pequeñas recuperaciones de peso, revisar el sueño, el estrés y la adherencia terapéutica, entre otras. Además, como aclara la Dra. Sánchez Bao, «es fundamental no interpretar una recuperación parcial del peso como un fracaso, sino como parte de la biología de la enfermedad».













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