Anuario iSanidad 2025
Romeo Kardo, head of Medical Business Unit de Dräger Iberia
La transformación digital del sistema sanitario es un hecho tangible. Sin embargo, no siempre avanza al ritmo que necesitan los profesionales sanitarios, ni con el impacto real que esperan los pacientes, ni impacta como debería en la eficiencia de los recursos, siempre limitados, del sistema sanitario.
En muchos casos, el reto no está en la falta de tecnología, sino en cómo esa tecnología se conecta, se entiende y se integra en el día a día clínico. Durante años, hospitales y profesionales han convivido con dispositivos médicos altamente avanzados, pero que operan de forma aislada, generando silos de información que limitan el valor de los datos y complican los flujos de trabajo.


En este contexto, la interoperabilidad se ha convertido en uno de los grandes debates del sector. No hablamos únicamente de conectar equipos, sino de lograr que los datos clínicos fluyan de forma segura, estructurada y en tiempo real entre distintos dispositivos y sistemas, independientemente del fabricante. Es aquí donde estándares abiertos como el Service-oriented Device Connectivity (SDC) marcan un punto de inflexión en la forma de concebir la tecnología sanitaria.
En ocasiones, el reto no está en la falta de tecnología, sino en cómo esa tecnología se conecta, se entiende y se integra en el día a día clínico
SDC permite que los dispositivos médicos se comuniquen entre sí y compartan información relevante de manera inmediata. Esto significa que los datos dejan de estar atrapados en pantallas individuales para convertirse en información accesible, contextualizada y útil para la toma de decisiones clínicas en tiempo real.
En un entorno tan exigente como una unidad de cuidados intensivos o un quirófano, disponer de una visión integrada del estado del paciente no es un lujo, sino una necesidad perentoria. Desde el punto de vista del profesional sanitario, esta conectividad supone un cambio significativo. Menos tiempo dedicado a tareas manuales o a la interpretación fragmentada de datos, y más tiempo para el cuidado directo del paciente.
La interoperabilidad ayuda a reducir la carga cognitiva, a minimizar errores derivados de la falta de información completa y a crear entornos de trabajo más eficientes y seguros para ofrecer al profesional las mejores herramientas para desempeñar su labor.
Pero la interoperabilidad también tiene un impacto directo en la organización hospitalaria. La disponibilidad de datos en tiempo real facilita una gestión más eficiente de los recursos, una mejor coordinación entre equipos y una mayor capacidad para analizar procesos clínicos y operativos.
La interoperabilidad ayuda a reducir la carga cognitiva, a minimizar errores derivados de la falta de información completa y a crear entornos de trabajo más eficientes y seguros
A largo plazo, esto se traduce en hospitales más ágiles, con mayor capacidad de adaptación y con modelos de atención más sostenibles, lo que impacta en la gestión sanitaria y provoca ahorros y eficiencias.
Un aspecto clave del estándar SDC es su carácter abierto y colaborativo, ya que nace como una iniciativa del Institute Electrical Electronic Engineers (IEEE) que, bajo la normativa IEEE 11073, aglutina toda una familia de estándares de comunicación bidireccional. Al basarse en normas internacionales, fomenta un ecosistema en el que fabricantes, hospitales y desarrolladores pueden innovar sobre una base común.
Este enfoque es esencial para evitar dependencias tecnológicas y para garantizar que la innovación no quede limitada por soluciones cerradas. La interoperabilidad, bien entendida, impulsa la competencia sana y acelera la evolución del sector en beneficio de todos.
Ahora bien, adoptar estándares de interoperabilidad no es solo una cuestión tecnológica. Requiere una visión estratégica, un compromiso claro con la seguridad de los datos y una colaboración estrecha entre todos los actores del sistema sanitario.
La ciberseguridad, la fiabilidad de las comunicaciones y la protección de la información del paciente deben formar parte inseparable de este proceso. Conectar dispositivos no puede significar asumir riesgos adicionales, sino reforzar la confianza en la tecnología.
Nuestro objetivo es contribuir a entornos clínicos en los que la tecnología acompañe al profesional, mejore la seguridad del paciente y aporte valor real al sistema sanitario
Desde Dräger entendemos la interoperabilidad como un habilitador, no como un fin en sí mismo. Nuestro objetivo es contribuir a entornos clínicos en los que la tecnología acompañe al profesional, mejore la seguridad del paciente y aporte valor real al sistema sanitario. El estándar SDC encaja plenamente en esta visión, porque permite avanzar hacia una sanidad más conectada sin perder de vista lo esencial: las personas.
El hospital del futuro no será simplemente un espacio lleno de dispositivos inteligentes. Será un entorno en el que la información fluya de forma natural, donde los sistemas se entiendan entre sí y donde la tecnología trabaje en segundo plano para apoyar decisiones clínicas más informadas.
La interoperabilidad es uno de los pilares para llegar a ese modelo, y su adopción progresiva marcará la diferencia entre digitalizar procesos y transformar realmente la atención sanitaria.
En definitiva, hablar de SDC es hablar de colaboración, de estándares compartidos y de una visión común del futuro de la sanidad. Un futuro en el que la tecnología deje de ser una barrera y se convierta en un verdadero aliado para profesionales y pacientes. Ese es el camino que, como sector, estamos empezando a recorrer














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