la necesaria colaboración entre oftalmólogos y optometristas

Anuario iSanidad 2025
Dr. José Manuel Benítez del Castillo, presidente de la Sociedad Española de Oftalmología (SEO) y Dr. José Antonio Gegúndez, secretario general de la Sociedad Española de Oftalmología (SEO)
En el ámbito de la salud visual, la colaboración entre oftalmólogos y ópticos-optometristas no es sólo deseable, sino indispensable. Ambos profesionales comparten un objetivo común: preservar y mejorar la visión del paciente. Sin embargo, sus competencias y responsabilidades difieren, y reconocer estos límites con claridad es esencial para ofrecer una atención segura, eficiente y de calidad.

El oftalmólogo, como médico especialista, es el único profesional capacitado legal y científicamente para diagnosticar y tratar las enfermedades oculares. Su formación médica le permite abordar patologías que pueden comprometer no sólo la vista, sino también la salud general del paciente.

El ojo, como órgano complejo y sensible, puede reflejar enfermedades sistémicas como la diabetes, la hipertensión o incluso trastornos neurológicos. Detectarlas y tratarlas requiere conocimientos médicos profundos y una formación clínica que va más allá del ámbito visual.

El oftalmólogo, como médico especialista, es el único profesional capacitado legal y científicamente para diagnosticar y tratar las enfermedades oculares

Por su parte, el óptico-optometrista desempeña un papel fundamental en la prevención, la detección temprana de alteraciones visuales y el manejo de problemas refractivos. Su trabajo en la corrección de defectos visuales mediante gafas, lentes de contacto o ayudas ópticas especializadas contribuye significativamente a la calidad de vida de los pacientes. Además, su dominio de la tecnología y de los equipos de medida ocular lo convierte en un aliado imprescindible dentro de la práctica oftalmológica moderna.

En el terreno refractivo, el más cercano entre ambas profesiones, la colaboración cobra especial importancia. Las técnicas de diagnóstico, la evaluación de la agudeza visual o la adaptación y cálculo de lentes requieren precisión y experiencia.

Un optometrista bien formado puede optimizar el flujo de trabajo en una consulta oftalmológica, garantizando que el médico dedique más tiempo al diagnóstico y al tratamiento de patologías complejas.

Un optometrista bien formado puede optimizar el flujo de trabajo en una consulta oftalmológica

Del mismo modo, el oftalmólogo, apoyado en los datos obtenidos por el optometrista, puede ofrecer un abordaje más completo e individualizado. Esta es la práctica habitual en la mayoría de nuestros centros y mi experiencia personal.

Sin embargo, esta colaboración sólo puede ser efectiva si se basa en el respeto mutuo y en la comprensión de los límites profesionales. No se trata de competir, sino de complementarse. Cuando el óptico-optometrista actúa dentro de su campo —la óptica fisiológica, la refracción, la educación visual— aporta un valor incalculable.

Pero cuando se aventura a diagnosticar o tratar enfermedades oculares sin la formación médica adecuada, se pone en riesgo la salud del paciente, visual y no visual. La frontera entre la prevención y el tratamiento debe ser nítida.

El modelo ideal es aquel en el que el oftalmólogo lidera el proceso clínico y terapéutico, y el optometrista colabora en la evaluación, seguimiento y educación del paciente

El modelo ideal es aquel en el que el oftalmólogo lidera el proceso clínico y terapéutico, y el optometrista colabora en la evaluación, seguimiento y educación del paciente. En países donde esta cooperación está bien estructurada, los resultados son claros: mayor accesibilidad a la atención visual, diagnósticos más tempranos, tratamientos más eficaces y una mejor satisfacción del paciente.

En un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de enfermedades crónicas, la demanda de atención oftalmológica crece exponencialmente. Integrar a los ópticos-optometristas en equipos multidisciplinares no sólo descongestiona las consultas, sino que refuerza la prevención y el control de factores de riesgo. La visión es un bien demasiado valioso como para dejarlo en manos aisladas.

En definitiva, oftalmólogos y optometristas deben entenderse como eslabones de una misma cadena. La excelencia en la atención visual surge del trabajo coordinado, del intercambio de conocimientos y del respeto a las competencias de cada uno. La colaboración no implica diluir responsabilidades, sino reforzarlas. Porque ver mejor, en todos los sentidos, sólo es posible cuando trabajamos juntos.

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