Nieves Sebastián Mongares
La huella estética se define como el rastro que dejan los productos no permanentes o reabsorbibles durante más tiempo del previsto para su duración. El Dr. Jaime Tufet, vicepresidente primero de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), expresa que es importante conocer este aspecto dado que “se ha observado que el tiempo medio de presencia de producto es de 3,5 años y, en estudios de biopsias cutáneas, se ha observado presencia hasta 10,4 años después de la inyección”.
La permanencia del producto, indica el Dr. Tufet, puede tener dos consecuencias principales. La primera, afirma, que se den “modificaciones duraderas o permanentes de sus rasgos faciales, creando una imagen que pueda no corresponder, con el paso de los años, a su estatus social o personal”. Por otra parte, el especialista precisa que esta huella estética “aumenta el estado proinflamatorio”, desarrollando que “el ‘inflammaging’ es un factor importante en la senescencia celular y favorece el envejecimiento del tejido, a lo que se suma que las fracciones de residuo aumentan las metaloproteinasas y generan un aumento de oxidación y senescencia”. El experto detalla que su diagnóstico se efectúa “por ecografía, resonancia magnética y, en ocasiones, biopsia cutánea”.
Aunque no tenga consecuencias a nivel de salud, la huella estética puede provocar cambios duraderos o permanentes en los rasgos faciales, además de favorecer el inflammaging
Desde SEME resaltan que esta huella estética no es positiva ni negativa y que no supone un riesgo para la salud, puesto que todos los productos que se usan en medicina estética cumplen los controles y registros sanitarios que aseguran la biocompatibilidad. No obstante, sí puntualizan que es una consecuencia de la cantidad de volumen y frecuencia con que se ha inyectado un determinado producto, aplicándose especialmente al ácido hialurónico.
Formación e información sobre huella estética
Por todo lo anterior, el portavoz de la SEME incide en que al hablar del concepto de huella estética, un factor clave radica en la información que ofrece el médico hacia el paciente. “Inyectarse no es maquillarse: ahora me lo pongo y luego desaparece, o me lo quito; la huella depende de la frecuencia y cantidad de tratamientos; cuanto mayor sea, la posibilidad de que aparezca es directamente proporcional”, desarrolla el Dr. Tufet. En este sentido, remarca que la toma de decisiones clínicas sobre el producto, cantidad y frecuencia es importante y, en un segundo plano, el de la zona a tratar.
Con todos estos factores sobre la mesa, subraya la importancia de que el profesional y el paciente realicen “un acto de reflexión conjunta” sobre el planteamiento de futuro de cada tratamiento. “El acto médico no es un acto de presente, debe cuidar sobre todo el futuro; de aquí la importancia de la información al paciente”, asevera el doctor.
El portavoz de SEME incide en que la comunicación médico-paciente sobre la huella estética es esencial en la toma de decisiones clínicas para, con toda la información, realizar un acto de reflexión conjunta
A este respecto, el Dr. Tufet considera que sí se ha mejorado bastante en cuanto a la comunicación sobre la posibilidad de la huella estética, mientras que hace unos años no se hacía. El motivo, dice, es claro: “la evolución ha generado conocimiento”. “En cuanto los estudios han demostrado la existencia de huella, las sociedades científicas han informado y formado a los médicos”, añade. Además el especialista recuerda que el término de huella estética fue acuñado y registrado por SEME.
Evolución de los productos
Durante décadas la medicina estética ha puesto el foco en la corrección inmediata de diferentes aspectos pero, con su evolución, cada procedimiento se hace con un gran conocimiento anatómico. También, el Dr. Tufet se refiere a otro aspecto, el relativo a los nuevos productos que se utilizan en este ámbito. Así, explica que “curiosamente, la evolución se ha dado hacia la generación de más posibilidad de huella estética”. Esto sucede, aclara, porque “la industria intenta prolongar la permanencia de los productos, que duren más; para ello aumenta el índice de reticulación con aditivos para que el ácido hialurónico permanezca más”. Y es que, el experto apunta que cuanto más aditivo contiene el producto, más posibilidad tiene de dejar huella y, por ello, los que se utilizaban anteriormente tenían menor probabilidad de generarla.
El Dr. Tufet también insiste en que, en ningún caso el concepto de huella estética se relaciona con la salud a nivel general, ni en la relativa a la piel en particular. Pero, para evitarla en la medida de lo posible, los médicos estéticos “deben racionalizar los tratamientos en cantidad y frecuencia: poco, pocas veces, y eligiendo el producto de menor reticulación”. “Esto sólo lo conoce el médico y debe informarse”, agrega.
Para reducir la huella estética, el Dr. Tufet resalta la importancia de que los tratamientos se administren “poco, pocas veces, y eligiendo el producto de menor reticulación”
Asimismo, respecto a los productos que se asocian a esta huella estética, el Dr. Tufet especifica que “está definida especialmente para el ácido hialurónico, aunque los inductores la pueden dar también”. También resalta que se ha mejorado en esta área ya que anteriormente “los inyectables permanentes, más que huella, lo que dejaban eran problemas permanentes”.
Por ello, racionalizar este tipo de tratamientos es esencial para garantizar que no generan un impacto indeseado sobre el aspecto físico de la persona. También, porque como concluye el doctor, hay que tener en cuenta otras posibles consecuencias derivadas de realizar estos tratamientos sin atender a determinados criterios. “Estamos pasando de la huella a la fatiga estética, que es la disminución de la respuesta de las células de la piel —fibroblasto— por exceso de estimulación, y convertimos la firmeza en rigidez”, expresa.












Deja una respuesta