Redacción
La obesidad y el dolor crónico son dos patologías muy prevalentes que mantienen una relación directa que provoca que se forme un circulo vicioso que dificulta la evolución de los pacientes. Para romper esta dinámica, los expertos apuestan por un abordaje multidisciplinar que combine ejercicio físico, nutrición y promoción de hábitos saludables, según se ha puesto de manifiesto en el curso de verano Dolor, obesidad, nutrición y longevidad saludable de la Sociedad Española del Dolor (SED).
En España, cerca de nueve millones conviven con dolor crónico. En muchos casos, esta situación limita la movilidad, favorece el sedentarismo y acelera el deterioro muscular y articular, lo que incremente de nuevo el dolor y dificulta mantener un estilo de vida activo. Según han destacado, este círculo vicioso también favorece el desarrollo y el mantenimiento de la obesidad, lo que hace necesario un abordaje multidisciplinar para romper esta dinámica.
El Dr. Hermann Ribera, ha destacado que el curso «ha puesto de manifiesto la necesidad de abordar el dolor desde una perspectiva multidisciplinar»
El presidente de la SED, el Dr. Hermann Ribera, ha destacado que el curso «ha puesto de manifiesto la necesidad de abordar el dolor desde una perspectiva multidisciplinar que integre nutrición, metabolismo, ejercicio físico y longevidad saludable».
Para el Dr. Xoan Miguéns, director del curso y especialista en medicina física y rehabilitación, la relación entre ambas enfermedades va mucho más allá de la sobrecarga mecánica sobre las articulaciones: «La inactividad es a la vez causa y consecuencia del dolor. Se genera un círculo vicioso que debemos romper y mediante una actividad física adaptada a cada paciente».
Modificar la respuesta biológica al dolor
El curso también ha analizado cómo la alimentación, la obesidad, el estrés o el propio dolor influyen sobre mecanismos biológicos capaces de modificar la evolución de las enfermedades. El profesor Carlos Goicoechea, catedrático de Farmacología de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), ha explicado que estos factores actúan a través de mecanismos epigenéticos, capaces de modificar la expresión de determinados genes sin alterar el ADN.
«El color de los ojos y del pelo, la altura o el grupo sanguíneo son características personales que vienen determinadas por los genes presentes en nuestras células. Sin embargo, hay mucha evidencia que demuestra que, en numerosos casos, son factores externos, como la alimentación, el estrés o enfermedades como la obesidad, los que determinan que se sinteticen determinadas proteínas o se bloqueen otras», ha explicado el profesor Goicoechea.
El profesor Goicoechea señala que «son factores externos los que determinan que se sinteticen determinadas proteínas o se bloqueen otras»
Ha señalado, además, que estos factores epigenéticos pueden agravar el dolor, favorecer su cronificación e incluso condicionar la respuesta a los tratamientos farmacológicos. Además, ha recordado que el propio dolor actúa como un factor epigenético, al modificar la expresión de proteínas relacionadas con la evolución de la enfermedad y facilitar la aparición de comorbilidades.
«Aprender a revertir los efectos de esos factores epigenéticos contribuirá, sin duda, a aliviar el dolor del paciente, y a encontrar remedios farmacológicos más eficaces y personalizados», ha apuntado el catedrático de la URJC.
La prevención, clave para un envejecimiento saludable
Los expertos defienden que mantener una alimentación con perfil antiinflamatorio, realizar actividad física de forma regular, dormir adecuadamente, conservar una vida social activa y reducir el estrés no solo favorece un envejecimiento saludable, sino que también contribuye a disminuir la carga de dolor crónico.














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