Las olas de calor extremo disparan el riesgo de sufrir infartos, arritmias e insuficiencia cardíaca, especialmente en personas con patologías

Redacción
En las olas de calor, donde se superan los 35°C durante el día y los 25°C por la noche, se incrementa el riesgo de infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca y arritmias, especialmente en personas mayores y pacientes con enfermedades cardiovasculares previas. Según datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo)-Instituto de Salud Carlos III, la última década ha provocado en España más de 27.500 fallecimientos, una cifra superior a la registrada por los accidentes de tráfico en el mismo periodo. Solo durante el verano de 2025, aproximadamente uno de cada tres días estuvo bajo condiciones oficiales de ola de calor, una tendencia que refleja el creciente impacto del cambio climático sobre la salud.

El Dr. Roberto Martín Reyes, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario La Luz, advierte de que el calor extremo provoca una importante sobrecarga para el sistema cardiovascular. La vasodilatación, la pérdida de líquidos y la deshidratación obligan al corazón a realizar un esfuerzo adicional para mantener la presión arterial y la temperatura corporal, una situación que puede descompensar a pacientes con patologías cardiovasculares previas. “La mayoría de los pacientes cardiovasculares no fallecen por un golpe de calor, sino porque el calor actúa como el desencadenante que rompe un equilibrio ya frágil y precipita un infarto, un ictus o una descompensación de insuficiencia cardíaca”, explica el Dr. Martín. “Por lo que la prevención resulta fundamental” sobre todo en pacientes con insuficiencia cardíaca, hipertensión o antecedentes de enfermedad coronaria son especialmente vulnerables durante las olas de calor.

En la última década, se han producido más de 27.500 fallecimientos en España a consecuencia de las olas de calor

Asimismo, las personas que reciben tratamiento con diuréticos o medicamentos para controlar la hipertensión deben extremar las precauciones durante las olas de calor. La combinación de vasodilatación y pérdida de líquidos puede provocar descensos importantes de la presión arterial. Los especialistas recuerdan que una correcta hidratación constituye la principal medida preventiva. Se recomienda ingerir al menos litro y medio de agua al día, incluso aunque no exista sensación de sed. “Con la edad disminuye la percepción de sed y eso favorece que muchas personas mayores lleguen a estados de deshidratación sin ser conscientes. Es importante beber agua de forma regular durante toda la jornada y no esperar a tener sed”, subraya el jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario La Luz.

Dr. Roberto Martín Reyes, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario La Luz

El riesgo no afecta únicamente a personas mayores o pacientes crónicos. El ejercicio físico intenso durante las horas de mayor calor también puede desencadenar problemas cardiovasculares incluso en personas jóvenes y sanas. En palabras del Dr. Martín Reyes, “hacer deporte en las horas centrales del día durante una ola de calor supone un riesgo innecesario. Lo recomendable es trasladar la actividad física a primera hora de la mañana o al anochecer, cuando las temperaturas son mucho más seguras”. Asimismo, se aconseja evitar la actividad física al aire libre entre las 12:00 y las 20:00 horas, permanecer en espacios climatizados o bien ventilados y mantener una temperatura ambiental cercana a los 24-26º C.

La calima también influye en la salud

Al impacto de las altas temperaturas se suma, en muchas ocasiones, la presencia de calima y partículas contaminantes en suspensión. Estas micropartículas, además de agravar las enfermedades respiratorias, también pueden afectar al sistema cardiovascular. “Las partículas de pequeño tamaño pueden atravesar los pulmones y llegar al torrente sanguíneo, favoreciendo procesos inflamatorios que empeoran patologías cardiovasculares ya existentes y aumentan el riesgo de complicaciones”, explica el Dr. Martín Reyes.

El cardiólogo concluye con un mensaje de concienciación: “Debemos dejar de considerar las olas de calor como un problema exclusivamente ambiental. Son un problema sanitario y cardiovascular de primer orden. Igual que protegemos a la población frente al frío o la contaminación, debemos aprender a protegernos del calor extremo, especialmente quienes padecen enfermedades cardiovasculares. La prevención puede evitar muchas complicaciones y salvar vidas”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *