Dr. Federico García, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Universitario Clínico San Cecilio de Granada
Las estimaciones más recientes apuntan a que todavía quedan aproximadamente 50.000 personas con infección activa por el virus de la hepatitis C en España1. Según estas mismas estimaciones, alrededor de un tercio de estos pacientes ya conoce su diagnóstico, pero nunca llegó a recibir tratamiento o perdió el contacto con el sistema sanitario1. Otra parte ni siquiera ha sido diagnosticada1. Son dos realidades diferentes que requieren estrategias distintas, aunque ambas comparten un elemento común, y es que debemos trabajar en que el diagnóstico sea mucho más proactivo.
En este escenario, los servicios de microbiología clínica desempeñamos un papel esencial. Tradicionalmente se ha entendido el laboratorio como un lugar donde simplemente se procesan muestras. Sin embargo, hoy debemos asumir una función mucho más activa dentro del circuito asistencial, porque cada día llegan a nuestros laboratorios miles de muestras que representan oportunidades para identificar pacientes con hepatitis C y evitar que continúen pasando desapercibidos.
No podemos sustituir las estrategias comunitarias dirigidas a poblaciones vulnerables ni las iniciativas de acercamiento a colectivos de difícil acceso. Esas actuaciones son imprescindibles y deben seguir reforzándose, pero sí podemos aprovechar al máximo todas las oportunidades diagnósticas que ya existen dentro del propio sistema sanitario. Cada paciente que entra en contacto con un hospital o con atención primaria representa una ocasión para detectar una infección que hasta ese momento permanecía oculta.
Hoy debemos asumir una función mucho más activa dentro del circuito asistencial, porque cada día llegan a nuestros laboratorios miles de muestras
Por ello, una de las líneas de trabajo con mayor potencial para seguir avanzando en la eliminación de la enfermedad, consiste en implantar estrategias automatizadas que permitan identificar de forma sistemática a pacientes con alteraciones analíticas compatibles con una posible hepatitis C, como ocurre con aquellos que presentan elevación de las transaminasas. Numerosos estudios han demostrado que este tipo de abordajes permiten recuperar un número significativo de diagnósticos que, de otra manera, probablemente nunca llegarían a producirse.
Al mismo tiempo, también debemos recuperar a quienes ya habían sido diagnosticados, pero quedaron fuera del circuito asistencial. Las estrategias tradicionales de búsqueda en bases de datos han demostrado una utilidad limitada porque, precisamente, muchos de esos pacientes están realmente perdidos y resulta muy difícil localizarlos años después.
Por eso resulta especialmente prometedor avanzar hacia modelos más dinámicos, como las estrategias conocidas como ProLink, que aprovechan las muestras de pacientes que ya están siendo atendidos por cualquier motivo en el sistema sanitario.
Si una persona previamente diagnosticada vuelve a tener contacto con el hospital, el laboratorio puede identificar esa oportunidad y facilitar su reincorporación inmediata al circuito asistencial. Es una forma mucho más eficaz de recuperar pacientes porque ya existe un contacto activo con el sistema de salud.
Sin embargo, diagnosticar no basta. De poco sirve identificar una infección si posteriormente el paciente no llega al especialista que puede tratarla. Todavía existen hospitales donde el circuito depende exclusivamente de que el profesional que solicita la prueba comunique el resultado y gestione posteriormente la derivación, y sabemos que ese modelo genera pérdidas evitables.
La eliminación de la hepatitis C exige que el diagnóstico y la derivación formen parte de un único proceso. La comunicación directa entre los servicios de microbiología y las unidades responsables del tratamiento debe convertirse en una práctica habitual.
El modelo en el que el profesional solicita la prueba comunique el resultado y gestione posteriormente la derivación genera pérdidas evitables
Cada centro puede desarrollar el modelo organizativo que mejor se adapte a su realidad, desde circuitos informatizados hasta sistemas de comunicación directa entre profesionales, pero lo importante es que exista un mecanismo ágil que garantice que ningún paciente diagnosticado quede sin valorar para tratamiento.
En este contexto, iniciativas como el Decálogo de la Eliminación de la Hepatitis C, puesto en marcha por la AEEH, en colaboración con AbbVie, son especialmente útiles para avanzar en este sentido, ya que contienen pautas claras que los centros sanitarios deben seguir para avanzar en la eliminación de la enfermedad.
La automatización también juega un papel decisivo en este ámbito. Automatizar procesos no solo mejora la eficiencia del laboratorio; sobre todo garantiza que las estrategias se mantengan en el tiempo, independientemente de la disponibilidad de recursos humanos.
Siempre que exista una sospecha de una infección de transmisión sexual, deberíamos incorporar de forma sistemática el cribado de hepatitis B, hepatitis C y VIH
Cuando un procedimiento depende exclusivamente del trabajo manual resulta mucho más difícil sostenerlo de forma continuada. En cambio, los sistemas automatizados permiten convertir el diagnóstico oportunista en un modelo permanente, homogéneo y reproducible.
A todo ello se suma un cambio epidemiológico que obliga a adaptar nuestras estrategias. En los últimos años estamos observando un incremento de las infecciones de transmisión sexual, especialmente entre determinados grupos de población.
Este contexto representa una oportunidad para avanzar hacia un diagnóstico más integral. Siempre que exista una sospecha de una infección de transmisión sexual, deberíamos incorporar de forma sistemática el cribado de hepatitis B, hepatitis C y VIH. De este modo aprovechamos una única consulta para detectar distintas infecciones que comparten mecanismos de transmisión y evitamos perder oportunidades diagnósticas.
Automatizar procesos no solo mejora la eficiencia del laboratorio; sobre todo garantiza que las estrategias se mantengan en el tiempo
En el Día Mundial de la Hepatitis conviene recordar que nos encontramos muy cerca del objetivo de eliminación, pero todavía no hemos llegado. Mientras existan miles de personas con hepatitis C sin diagnosticar o sin tratar, no podemos considerar terminada esta tarea.
Ahora más que nunca debemos reforzar los sistemas de diagnóstico, hacerlos más ágiles, automatizados y coordinados, e implantar aquellas estrategias que ya han demostrado su eficacia para extenderlas de forma homogénea a todo el territorio.
Disponemos del conocimiento, de la tecnología y de tratamientos capaces de curar prácticamente a todos los pacientes. El reto ya no es científico, es organizativo. Y precisamente por eso, transformar el diagnóstico es probablemente el paso más importante que nos queda para conseguir que la hepatitis C forme definitivamente parte del pasado.
Referencias:
1. Vázquez–Blanquiño A, Fuentes A, Illescas–López M, et al. Scaling up ProLINK nationwide in Spain, early results of an implementation strategy for hepatitis C and hepatitis B and delta virus search and linkage to care [poster]. EASL Congress 2026; 27–30 May 2026; Barcelona, Spain. Poster SAT– 581















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