Un excursionista suizo falleció en el monte Fuji, informaron el viernes las autoridades locales, elevando a dos el número de muertos desde el inicio de la temporada de ascenso en esta emblemática montaña de Japón, donde también fue rescatada una japonesa de 99 años que había resultado herida.
La policía indicó a la AFP que el excursionista, de 58 años, murió el martes después de perder el conocimiento mientras ascendía el volcán, cuya cumbre alcanza los 3.776 metros de altitud. Fue reanimado y trasladado a un hospital, pero declarado muerto a su llegada.
Según los medios de comunicación se llamaba Bernhard Sutter. El director de la empresa suiza para la que trabajaba, Exit, especializada en asistencia para morir, informó de que falleció a causa de una urgencia médica mientras se encontraba de vacaciones en Japón.
Se trata del segundo fallecimiento desde la apertura de la temporada de ascenso al monte Fuji el 1 de julio, tras la muerte de un japonés de 65 años el 17 de julio, quien sufrió una caída que le provocó heridas mortales en la cabeza, según los medios locales.
Una mujer de 99 años, lesionada tras intentar escalar el monte Fuji
Los medios también informaron que una japonesa de 99 años, Tome Sagawa, fue rescatada ese mismo día mientras intentaba escalar la montaña, después de haberse lesionado el día anterior y pasar la noche en un refugio.
«La policía insta a los excursionistas a descender sin forzarse si les preocupan las condiciones meteorológicas o su estado físico, y a planificar ascensos acordes con su experiencia y su condición física», declaró un portavoz de las fuerzas del orden. Pocos días antes, un japonés de 54 años tuvo que ser rescatado en dos ocasiones en un intervalo de apenas dos días mientras intentaba alcanzar la cumbre.
Tras encontrarse mal, los equipos de rescate lo acompañaron de regreso al pie de la montaña. Sin embargo, decidió intentarlo de nuevo al día siguiente, antes de sufrir un nuevo malestar que hizo necesario un segundo rescate.
Monte Fuji, una montaña sagrada
Con una altitud de 3.776 metros, el Monte Fuji se erige como el punto geográfico más alto de Japón y uno de los símbolos culturales e identitarios más reconocibles del archipiélago. Sin embargo, detrás de su característica silueta simétrica (inmortalizada durante siglos en el arte tradicional y la literatura), el estratovolcán alberga una compleja realidad legal, geológica y sociohistórica que dista de la percepción puramente paisajística que suele proyectarse en el exterior.
Desde el punto de vista jurídico, el tramo superior de la montaña, comprendido desde los 3.360 metros de altitud hasta la cumbre, no forma parte del dominio público del Estado japonés. El terreno es propiedad privada del santuario Shinto Fujisan Hongū Sengen Taisha. La titularidad tiene su origen en una donación efectuada en 1606 por el shogun Tokugawa Ieyasu, una posesión patrimonial que fue ratificada de manera definitiva por la Corte Suprema de Japón en el año 2004 tras décadas de diferendos legales sobre su delimitación.
Geológicamente, la estructura actual no corresponde a una sola formación, sino al resultado de un proceso de superposición volcánica desarrollado a lo largo de cientos de miles de años. Los estudios geofísicos dividen el macizo en tres fases principales: Komitake en la base profunda, el «Viejo Fuji» en el nivel intermedio y el «Nuevo Fuji» en la corteza exterior visible. Pese a su prolongado periodo de inactividad, el Departamento de Meteorología de Japón lo clasifica formalmente como un volcán activo con bajo riesgo inminente. Su último evento eruptivo registrado, conocido como la Gran Erupción de Hoei en 1707, expulsó toneladas de tefra y ceniza que cubrieron la región de Edo, actual Tokio, a 100 kilómetros de distancia, durante semanas, alterando la agricultura y el clima local.
En el ámbito histórico, el acceso a la cima estuvo regulado por estrictos códigos religiosos asociados a las doctrinas de pureza del Fuji-ko. Hasta el inicio de la era Meiji en 1868, las autoridades prohibieron formalmente el ascenso a las mujeres bajo el precepto de proteger la consagración espiritual del sitio. El primer registro documentado de una mujer en la cumbre data de 1867, cuando Lady Fanny Parkes, esposa del diplomático británico Sir Harry Parkes, completó la expedición vestida con indumentaria masculina, marcando un precedente en la apertura del área previa a la derogación de la norma.
En la actualidad, la explotación turística del Monte Fuji se encuentra fuertemente condicionada por factores meteorológicos y medidas de conservación. El Ministerio de Medio Ambiente limita la temporada oficial de senderismo a un periodo de aproximadamente ocho semanas, comprendido entre principios de julio y los primeros días de septiembre. Durante el resto del año, las condiciones extremas de viento, hielo y bajas temperaturas obligan al cierre de las rutas y refugios principales. La montaña continúa siendo objeto de monitoreo científico constante y un punto de observación para fenómenos ópticos estacionales, como el denominado «Diamond Fuji», en el que la alineación solar coincide con el cráter superior durante los equinoccios.












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