El «milagro» del GENN

Antonio G. García, médico y catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de la Fundación Teófilo Hernando.
Todos tenemos iniciativas que surgen según vamos haciendo camino al andar por la vida, como cantara don Antonio Machado. Y todos, tras un trayecto más o menos largo, cerramos algunas de esas iniciativas porque sus protagonistas sufrimos una merma en la ilusión, a la que también se suma el cansancio que genera el continuo sorteo de las piedras que se encuentran al andar. Cuando arrastro la carga de mis 80 años «haciendo camino al andar», pienso en muchas de las iniciativas que he vivido junto a la pléyade de mis colaboradores. Muchas de ellas, tras volar bajo el cielo azul, se quebraron súbitamente y desaparecieron como pompas de jabón, como también cantara don Antonio. Pero alguna ha tenido éxito y dura ya más de cuatro décadas, como es el caso de las reuniones anuales del GENN.

Podría pensarse, con razón, que una reunión anual de amigos no tiene mayor relevancia; por tanto, no vale la pena contarla. Pero el GENN es mucho más que una reunión de amigos, tipo Club Rotario, o un histórico club de fútbol, tipo Real Madrid. Las 45 reuniones del GENN tienen mucha mayor transcendencia social que las de ese afamado club, a pesar de que todo el mundo conoce a ese equipo de balompié que genera dinero a espuertas y el GENN solo sea conocido en los ambientes reducidos de los investigadores de laboratorio que practicamos la neurociencia, la neurofarmacología, la neuroquímica y la neurofisiología, en el contexto de las enfermedades del sistema nervioso central.

«Se trata de un grupo de investigadores en el campo de las enfermedades neurodegenerativas, el ictus y los neurotraumatismos»

El GENN es el acrónimo de Grupo Español de Neurotransmisión y Neuroprotección. Sus investigadores andan buscando alguna molécula escondida que sea capaz de proteger a las neuronas vulnerables, que tomarán el camino de la muerte si no se yugula a tiempo. Es decir, la neuroprotección, una terapia perseguida y no lograda para frenar la progresión de las enfermedades neurodegenerativas tipo alzhéimer o párkinson, del ictus trombótico o hemorrágico, de la degeneración retiniana y la ceguera, o del traumatismo craneoencefálico o de la médula espinal. En este contexto, no es extraño que un puñado de excelentes investigadores del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo organizara en Carranque la reunión anual número 45 del GENN, capitaneado por la investigadora de ese hospital, doctora Juliana Martins da Rosa.

¿Por qué en Carranque? Las reuniones del GENN, siempre en fechas cercanas a la Navidad, se han celebrado clásicamente en lugares recónditos y tranquilos cercanos a monumentos que dan fe de la rica y milenaria historia de España, tales como la villa romana de la Olmeda en Palencia, el monasterio de El Escorial, el acueducto de Segovia, el palacio y los jardines de Aranjuez, las cañadas del Teide en Tenerife, el monasterio de Santo Estevo de Rivas de Sil en Orense, el corral de comedias de Almagro, la Alhambra de Granada, el balneario de Larias Caldarias en Orense, el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, el balneario de Elgorriaga en el navarro Valle de Baztán, la nieve y el románico de las pequeñas iglesias en los alrededores de Vielha, la mezquita de Córdoba o la catedral de Sevilla. El ingrediente cultural del GENN-45 estuvo representado por la villa romana de Carranque, un yacimiento que representa uno de los conjuntos arqueológicos romanos más relevantes de la Península Ibérica. Pudimos escuchar una conferencia y visitar el yacimiento con sus mosaicos, edificios y restos monumentales, que permiten reconstruir una villa de alto rango en la Hispania tardorromana.

«Los saberes complementarios de los miembros del GENN (neurofisilogía, neuroquímica, química médica, neurofarmacología) se dirigen hacia la búsqueda de un fármaco neuroprotector que modifique el curso de estas enfermedades»

La experiencia del GENN comenzó en la Universidad de Alicante. Corría la primavera de 1983 cuando una veintena de farmacólogos y bioquímicos de la Universidad de Alicante (UA) y la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), celebramos una primera reunión en el Campus de San Vicente de Raspeig, un aeródromo militar cedido a la entonces naciente UA. ¿Quiénes de aquellos jóvenes y entusiastas universitarios, adelantados del GENN, iba a suponer que 42 años después estaríamos celebrando el GENN-45 en Carranque? ¿Cuántos hemos sobrevivido a aquellas hornadas de jóvenes y entusiastas aprendices de fisiología, farmacología, química médica, neuroquímica y neurociencia? Muy pocos. Pero a pesar de ir caminando hacia el medio siglo de vida, el GENN sigue vivo, como lo demuestra el hecho de que atrajera a 70 participantes en su edición número 45 de Carranque. Un verdadero «milagro».

Por entonces, la UAM ya contaba con 15 años de vida. Había aglutinado a grupos de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicos (CSIC), de otras universidades y de sus grandes hospitales asociados. En el primer quinquenio que trabajé en la UAM (1978-1982) había logrado crear un sólido grupo formado por una veintena de jóvenes y entusiastas colaboradores, doctorandos y doctores. Dejé toda esta riqueza para ir a la UA, que me había ofrecido una plaza de catedrático. Pronto me di cuenta del peligro del aislamiento científico en aquella neonata universidad. Así que decidí celebrar reuniones periódicas de los colaboradores de la UAM con los nuevos colaboradores que iba incorporando al nuevo grupo de la UA. Para diversificar la temática de estas reuniones, informales, amistosas y de gran altura científica, invitamos a otros grupos de neurocientíficos de otras universidades y centros de investigación. Así, año tras año, fuimos incorporando a las reuniones del GENN a nuevos investigadores.

«El GENN está más vivo que nunca. Su reunión 46 se celebrará en Los Pirineos Aragoneses con el apoyo de la Fundación Teófilo Hernando»

¿Cómo es posible que sobreviva casi medio siglo una red de investigadores no vinculada a organización o sociedad científica alguna? Yo creo que se debe al interés por la ciencia en sí, a las amistades que se generan en el buen ambiente de sus reuniones prenavideñas, al protagonismo de los jóvenes doctorandos y posdoctorandos, que presentan sus trabajos de investigación, quizás por primera vez, ante una audiencia especializada, a la fidelidad y entusiasmo de un puñado de investigadores consolidados que creemos en la buena neurociencia hecha en España por españoles, con una relevante proyección internacional. Al éxito y cohesión de las reuniones anuales del GENN contribuyen los mínimos costes de viajes y estancia y el apoyo de la Fundación Teófilo Hernando, que presta su infraestructura al grupo organizador de cada reunión.

Juliana despertó la curiosidad de 70 neurocientíficos de Madrid, Alicante, Santiago de Compostela, Ciudad Real, Toledo, Zaragoza, Salamanca, Valladolid, Bilbao, Pamplona, Alcalá de Henares, Albacete, Tenerife, Lovaina (Bélgica) y Ferrara (Italia), que acudimos a Carranque. Como ya es tradicional, la presentación oral de las 47 ponencias corrió a cargo de los jóvenes doctorandos que trabajan en su tesis doctoral; también fueron protagonistas algunos jóvenes posdoctorandos que se han ido incorporando a distintas universidades y centros de investigación tras sus estancias en laboratorios de los Estados Unidos y Europa. Algunos de ellos han logrado montar su laboratorio en España y obtener recursos para iniciar, con autonomía, su propio grupo y laboratorio de investigación. Ello, si se logra potenciarlo, aseguraría un futuro esperanzador para poner la ciencia española a nivel del contexto europeo que le corresponde. El GENN-45 de Carranque demuestra inequívocamente que en España se puede hacer ciencia de calidad, competitiva a nivel internacional; solo falta la inyección del dinero necesario para retener y mimar a nuestros jóvenes talentos, como he repetido a lo largo de medio siglo, con escaso eco.

«En Carranque pudimos admirar una villa de alto rango en la Hispania tardorromana, el ingrediente cultural del GENN que nunca falta»

Los lamentos por las limitadas inversiones para la ciencia en España han sido y son constantes. Así, la doctora Perla Wahnón, presidenta de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), ha publicado una reflexión sobre este problema. Dice entre otras cosas: «Tenemos una comunidad de jóvenes investigadores con más potencial que nunca, tras formarse en los mejores centros de investigación internacionales, a la que no permitimos contribuir al desarrollo de nuestra ciencia y tecnología por la falta de condiciones mínimamente dignas que les permitan retornar a nuestro país.

Afrontamos un periodo de incertidumbre política, nacional e internacional, en el que esta apuesta por la ciencia y la I+D se hace más necesaria que nunca. Mucho se ha hablado en la última década de la necesidad de un gran “Pacto por la Ciencia” que sustancie lo que parecen compartir, al menos de palabra, todas nuestras formaciones políticas: hacer de la I+D un motor de nuestra economía, de nuestro progreso como sociedad y de nuestro futuro. Ya es hora de convertir este deseo en realidad».

«Esta actividad de casi medio siglo demuestra que en España sí que se puede hacer buena ciencia; solo falta lo de siempre, financiación y rescatar a nuestros jóvenes emigrantes científicos»

Resulta casi «milagroso» que haya un centenar de investigadores repartido por toda la geografía española, que actualmente sientan el atractivo de asistir a la reunión prenavideña del GENN. Este grupo de investigadores son neurocientíficos admirables, vocacionales a tope, que buscan ese fármaco «milagroso» neuroprotector para el alzhéimer, el párkinson, el ictus y otras enfermedades del cerebro.

Sus saberes y metodologías se complementan entre sí y, con este bagaje, han sabido establecer ricas colaboraciones a lo largo de los años, de las que dan fe las decenas de publicaciones científicas conjuntas en revistas internacionales de calidad. Loa al GENN y a sus miembros que celebrarán su reunión número 46 en el Pirineo aragonés, de la mano de los profesores Víctor López Ramos y Guillermo Casedas López de la Universidad San Jorge de Zaragoza.  El «milagro» continúa: de la Mancha de don Quijote al Pirineo aragonés.

 

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