Anuario iSanidad 2025
Dr. Andrés Cervantes Ruipérez, director científico del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico Universitario de Valencia (Incliva)
La medicina clínica está sufriendo una transformación radical que abarca no sólo el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades, sino también el modo mismo en que los profesionales abordamos los problemas clínicos.
Lo que nos ha traído a este momento particular, capaz de generar a la vez conocimiento y esperanza en un futuro mejor, deriva esencialmente de la implantación de los avances científicos y de la revolución tecnológica. El ejercicio de la medicina requiere conocimientos, formación y práctica.


A lo largo de su trayectoria, cada profesional desarrolla experiencias y conocimientos que, en el mejor de los casos, han de ser transmitidos y compartidos entre los miembros del equipo más cercano pero que, idealmente, deberían fortalecer y configurar la estrategia de todo el sistema sanitario.

La investigación y la innovación han de ser consideradas como un producto eficiente de los hospitales, del mismo modo que lo es el número de intervenciones quirúrgicas realizadas o el número de pacientes tratados de una enfermedad o los especialistas formados en un determinado periodo de tiempo.
Nacen de una aproximación sistemática ante un determinado problema de salud con la intención de correlacionar variables, causas y efectos, mecanismos y consecuencias. Requieren reflexión, planificación y solidez metodológica.
La investigación y la innovación van más allá de las publicaciones científicas o patentes, que son sólo un indicador de que se está generando un valor y una aportación al saber.
La investigación y la innovación van más allá de las publicaciones científicas o patentes
Son un acto solidario y a la vez imprescindible. Atraen una mirada crítica sobre los gestos rutinarios y convencionales que tantas veces tienen lugar en la práctica asistencial. Aportan luz y, por tanto, permiten poner en evidencia las fragilidades e inconsistencias de nuestra práctica clínica. Ayudan a discernir lo erróneo y permiten vislumbrar alternativas mejores.
Sin investigación o innovación no hay avances ni diagnósticos más certeros ni nuevos tratamientos. Es llamativo el desinterés creciente que la gestión sanitaria muestra por integrar la investigación y la innovación en las estructuras sanitarias asistenciales.
Se justifica quizás por las limitaciones presupuestarias o falta de recursos, por el elevado coste de los medicamentos innovadores, porque se da prioridad a la solución inmediata de acciones asistenciales o, simplemente, porque la investigación se considera una actividad superflua o no esencial que deberían hacer otros, que no es competencia directa del sistema sanitario.
Esta visión reduccionista y miope, radicada en la irreflexión y la ignorancia, puede tener consecuencias dramáticas en un futuro inmediato si se insiste en separar y no integrar la ciencia con las actividades asistenciales.
Esta visión reduccionista y miope puede tener consecuencias dramáticas en un futuro inmediato
El Instituto de Salud Carlos III ha promovido una carrera investigadora entre las personas jóvenes que han terminado su formación especializada. Se trata de los programas Río Hortega y Juan Rodés, que permiten que puedan formarse en investigación, completar su doctorado y desarrollar su propia línea de trabajo para convertirse en personal investigador de excelencia, imprescindible para garantizar la integración entre la investigación biomédica y la clínica y la traslación de resultados a la asistencia sanitaria.
Es una estrategia valiosa para atraer y mantener talento y generar en los hospitales una masa crítica de personas altamente cualificadas con un elevadísimo potencial de servicio a la sociedad: la ciencia de cara a las necesidades de la ciudadanía.
Sin embargo, estos programas están gravemente amenazados pues, al completar este periodo, estos perfiles de excelencia no son estabilizados por los servicios públicos de salud en las diferentes comunidades autónomas. Se carece en la actualidad de un programa de evaluación y de una estrategia clara de cómo incorporarlos a las plantillas de los hospitales como personal sanitario investigador, según reconoce la vigente ley de la ciencia.
Es imprescindible buscar soluciones alternativas para evitar que este talento generado y cultivado en nuestro sistema de salud, que ha madurado con el soporte de fondos públicos, se malogre, se pierda o se transfiera como un obsequio a instituciones privadas o a centros ubicados fuera del país.
Si queremos un futuro mejor, hay que colocar la investigación y la innovación en los sistemas públicos de salud como un servicio necesario
Generar conocimiento, implantar innovaciones, aportar esperanza, buscar soluciones a los problemas de salud y mejorar la calidad de vida de las personas son objetivos que no podemos olvidar ni devaluar.
Decía Hölderlin que el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona. Ambas capacidades, sueño y reflexión, son inherentes a nuestra naturaleza y nos hacen más personas y más libres.
La ciencia implica la práctica. No se queda en la elucubración de lo posible, busca excelencia y eficiencia. Ilumina lo oscuro y abre caminos. Si queremos un futuro mejor, hay que colocar la investigación y la innovación en los sistemas públicos de salud como un servicio necesario, yo diría imprescindible, en un esfuerzo centrado en las personas para que nuestra sociedad llegue a ser más justa, más sana y más feliz.














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