El 23 de marzo de 2026, ocurrió la tragedia. A las 9:50 a.m. de ese lunes festivo, un ruido estruendoso y una estela de humo negro alertó a la comunidad de Puerto Leguízamo, en Putumayo, que algo había pasado.
Lejos estaban de imaginar que uno de los aviones militares más poderos del mundo, un Hércules C-130 había caído a tierra.
«Amigos, estamos acá por esas finquitas, cayó el avión y estamos recogiendo a todos los heridos. Han salido aproximadamente de 10 a 15 heridos. Los hemos montado en el carro de la Policía y la gente del pueblo está ayudando a llevarlos en las motos. Están saliendo todavía heridos», narró uno de los testigos del pueblo.
Fue cuestión de segundos para que la noticia estuviera en el primer orden de cada noticiero nacional e internacional.
¿Qué pasó ese 23 de marzo?
El avión 1016 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana se accidentó a pocos kilómetros del aeropuerto de Caucayá.
Al poco tiempo, los pobladores de la zona, a bordo de motocicletas, empezaron a llegar para auxiliar a los sobrevivientes. Jhan Trujillo, fue el primero en hacerlo.
«Me acuerdo que hice unos seis o siete viajes en la moto, porque cuando yo llegué al sitio donde estaba el avión y el incendio, parqueé la moto y vi que dos muchachos heridos salieron del rastrojo. Cuando yo los vi, me asombré, venían todos reventados», narró el hombre.
Además, agregó que «entonces prendí la moto, y les dije ‘hermano, móntese, móntese, yo los auxilio, hágale, yo los llevo para el hospital’. Claro, cuando yo los monté, arranqué de una vez para el hospital».
Dos horas después, mientras las imágenes del siniestro le daban la vuelta al mundo y dejaban en evidencia una de las perores tragedias para las Fuerzas Militares de Colombia, el general Carlos Fernando Silva, comandante de la FAC, confirmó la caída del Hércules, su trayectoria y el número de militares a bordo.

«Estaba cubriendo la ruta Puerto Leguízamo – Puerto Asís, transportando soldados de nuestro Ejército Nacional. Tenemos 114 pasajeros a bordo y once tripulantes. En este momento sabemos que hay 48 heridos que ya han sido rescatados. Es una cifra preliminar», dijo en ese momento el general Silva.
Con las heridas abiertas y quemaduras graves, los gritos y llanto de los heridos hacían eco en la zona. La cifra de muertos aumentaba con el paso del tiempo, mientras que las autoridades avanzaban con el traslado de los sobrevivientes.
Era una carrera contra la muerte.
La lista de nombres de las víctimas fatales y los relatos de los sobrevivientes
En Bogotá, a las afueras del Hospital Militar, cientos de familiares llegaban angustiados a buscar el nombre de sus hijos, padres y esposos, con la esperanza de encontrarlos con vida.
«En medio del dolor, gracias a Dios y a la Virgencita del Carmen, él está vivo, porque supuestamente es la información que nos han dicho, no está muerto. Pero no sabemos si está aquí, en el Hospital Militar, o en Florencia o Puerto Leguízamo», relató uno de los familiares.
En las salas del hospital, los sobrevivientes repasaban una y otra vez las imágenes del accidente. Sus relatos reconstruyeron el minuto a minuto de lo sucedido: los ruidos extraños, la caída del avión, el incendio y los compañeros rogando que no los dejaran morir.

«Cuando iba cayendo se escuchó un ruido raro. Nos agarramos de donde pudimos y pidiéndole a Dios. Cuando caí, yo salté, pero caí arriba unos cursos míos. Hubo unos que se estaban quemando, que pedían ayuda, pero uno no podía hacer nada», dijo el soldado Mauro Peñaranda.
El golpe de realidad acabó con las ilusiones de aquellos familiares que guardaban la esperanza de un milagro. Dos días después del siniestro, se confirmó la trágica cifra: 69 muertos y 57 heridos.
Las controversias dentro del Gobierno y las investigaciones
Lejos del campo del accidente, las reacciones no se hicieron esperar.
En medio de un consejo de ministros, el presidente Gustavo Petro desató la polémica al calificar como «chatarra», al Hércules 1016.
«¿Por qué nos regalaron un avión de 43 años de antigüedad? ¿Por qué nos regalan chatarra si nos sale más caro?», cuestionó el jefe de Estado.
Fue entonces, cuando el comandante de la FAC, el general Carlos Fernando Silva, explicó que la aeronave todavía contaba con más de 40 años de vida útil.
«Si hacemos el cálculo, en este momento le quedan 20.000 horas de vuelo. A razón de 340 horas anuales, podemos volar 45 años más previendo que tengamos la disponibilidad presupuestal para hacerle repuestos y los mantenimientos», dijo el general.
Tres debates de control político en el Congreso enfrentaron también al ministro de Defensa, Pedro Sánchez, al paredón de quienes cuestionaban la responsabilidad del Gobierno.
Fue así que Sánchez se comprometió a entregar, a más tardar el 23 de abril, el informe preliminar que revelara las causas del accidente.

«A más tardar el día jueves, que se cumple un mes, se debe dar un informe preliminar de lo ocurrido. Se conocerán, principalmente, los hechos. Luego viene un informe final que puede variar respecto a lo que se llegue a encontrar con las investigaciones que continúan», dijo el ministro.
La desolación de la zona, a un mes del accidente
Un mes después de la tragedia, el lugar donde cayó el avión guarda la energía de las almas que siguen atrapadas, hay restos de las víctimas y partes de la aeronave, mientras que cientos de militares y civiles visitan la zona para elevar sus oraciones frente a dos cruces de madera en las que cuelgan las imágenes de las 69 fallecidos.
Carlos Arturo Dorado, uno de los dueños del predio, todavía recuerda cómo sus ojos evidenciaron la angustia de quienes no lograron salvarse.
«Los heridos comenzaron a gritar. Yo dije, ‘pero, ¿de dónde llegó gente tan rápido?’ Cuando me di cuenta, fue que comenzaron a arrastrarse por ahí, la gente iba saliendo. Dije, ‘ay, sobrevivieron’, porque inicialmente pensé que todos se habían muerte, el ‘totazo’ fue durísimo», recordó .
Además, señaló que «comencé a ver por el otro lado que iban saliendo también. Al momentico, no sé cuánto duraría, explotó, explotó durísimo. Y ya después, con la candela y todo, escuchaba que gritaban, decían, ‘ayúdennos, ayúdenos'».
Puerto Leguízamo es uno de los 13 municipios del departamento de Putumayo, zona selvática y atravesada por ríos. Al sur, limita con Perú y al sureste, con Ecuador.

La gran mayoría de su gente son personas humildes que viven del campo y de la pesca, allí no existen muchos lujos, su acceso vial es complejo, el medio de transporte es la moto o el ‘Tuk tuk’ y es la zona típica del pirarucú y de decenas de frutas exóticas.
Aún así, es una región golpeada por la violencia y la presencia de grupos criminales.
Sin embargo, aquel 23 de marzo de 2026, pasó del olvido a la tragedia.
Sus calles guardarán por siempre las memorias de quienes cayeron a bordo del Hércules como símbolo de honor a las víctimas.












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