Juan León García
La alta prevalencia de la obstrucción prostática benigna hace de esta una patología cuyo manejo se puede realizar en el ámbito de la atención primaria. “Pero para que sea exitoso, se debe aproximar la práctica real a las recomendaciones de las guías de práctica clínica”, advierte el Dr. Kiko Brotons Muntó, coordinador del grupo de trabajo de Nefrourología de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comuntiaria (Semfyc) y de la Societat Valenciana de Medicina Familiar i Comunitària (Sovamfic).
Además, el especialista en Medicina de Familia y Comunitaria en el Centro de Salud Trinitat (Valencia), destaca en un documento del ciclo APDay 2026, las recomendaciones terapéuticas que existen al respecto, como el tratamiento combinado con un inhibidor de la 5-alfa reductasa y un alfabloqueador reduce de forma significativa el riesgo de progresión clínica, de retención aguda de orina y la necesidad de tratamiento quirúrgico.
En el documento comparte la recomendación de cambiar la terminología utilizada: de hiperplasia benigna de próstata a obstrucción prostática benigna. ¿Por qué?
El término de hiperplasia benigna de próstata, aunque ha sido el utilizado clásicamente, es confuso porque describe una alteración histológica y no una situación clínica. Entre el 80% y el 90% de los hombres en la década de los 70 años, presentan cambios histológicos de hiperplasia benigna de próstata, sin embargo, muchos de ellos no presentan síntomas del tracto urinario inferior.

Los síntomas urinarios se producen cuando la hiperplasia de la próstata induce una obstrucción del tracto de salida vesical, que puede acompañarse de crecimiento del tamaño de la próstata o no. Es para diferenciar la situación histológica de la que produce un síndrome clínico, por lo que se ha adoptado el término de obstrucción prostática benigna.
“Entre el 80% y el 90% de los hombres en la década de los 70 años, presentan cambios histológicos de hiperplasia benigna de próstata”
Un paciente sospechoso de OBP entra en consulta. ¿Cuál es el protocolo a seguir y qué relevancia tiene realizarlo en el orden adecuado?
Los hombres acuden a la consulta por presentar síntomas del tracto urinario inferior molestos. Estos afectan hasta el 40% de los hombres mayores de 50 años y generalmente, se deben a la obstrucción prostática benigna, vejiga hiperactiva o ambos. El diagnóstico se basa fundamentalmente en la historia médica y en la exploración física con tacto rectal, que se deben complementar con el cuestionario IPSS (Puntuación Internacional de Síntomas Prostáticos), la determinación del PSA y la analítica de orina.
Con este protocolo, que se puede completar en dos visitas, el médico de familia va a ser capaz de diferenciar no solo si los síntomas urinarios son debidos a la obstrucción prostática benigna o a otra causa, sino, además, la gravedad y el riesgo de progresión de la clínica o de aparición de complicaciones.
A pesar de que el protocolo diagnóstico es sencillo y accesible en atención primaria, en un estudio realizado en España en 2020 sobre práctica clínica real, (por José María Molero y cols) se observó que solo a la mitad de los hombres con obstrucción prostática benigna se les había realizado el tacto rectal o la analítica de orina y que el cuestionario IPSS se había utilizado en el 26,9%.
El principal objetivo de la actualización en obstrucción prostática benigna es el de aproximar la práctica clínica habitual a las recomendaciones de las guías de práctica clínica.
“El diagnóstico se basa fundamentalmente en la historia médica y en la exploración física con tacto rectal”
¿Cuáles son las principales recomendaciones conductuales que se deben trasladar al paciente con obstrucción prostática benigna para el control de sus síntomas?
Lo primero que hay que hacer es informar al varón con obstrucción prostática benigna de la naturaleza benigna de la enfermedad y del curso evolutivo que puede presentar. Cuando los síntomas urinarios son de intensidad leve y poco molestos, podemos hacer una intervención conductual sin necesidad de emplear fármacos. Cuando está indicado el tratamiento farmacológico, las actuaciones conductuales contribuyen a mejorar su eficacia.
La pérdida de peso y la práctica del ejercicio regular pueden prevenir la aparición y la progresión de los síntomas. Además, debemos recomendar algunas conductas para mejorar síntomas específicos. Para aliviar la nocturia se debe evitar el consumo de líquidos dos o tres horas antes de ir a dormir. La urgencia y la frecuencia se pueden disminuir con programas de reentrenamiento vesical. El goteo al final o después de la micción, disminuye con la técnica del milking uretral, que consiste en exprimir la uretra en dirección distal al finalizar la micción
Otro aspecto a tener en cuenta es el riesgo de progresión clínica. El marcador PSA es determinante. ¿Cómo cambia la manera de abordar la OBP en función de los nivele de PSA?
Tradicionalmente se ha utilizado la determinación del PSA para el diagnóstico y el cribado del cáncer de próstata, sin embargo, los hombres con obstrucción prostática benigna no presentan un riesgo de cáncer diferente al de la población general.
“El principal objetivo de la actualización en obstrucción prostática benigna es el de aproximar la práctica clínica habitual a las recomendaciones de las guías de práctica clínica”
El motivo de recomendar el PSA para la valoración de la obstrucción prostática benigna es, porque valores iguales o superiores a 1,5 ng/mL se asocian con volúmenes de la glándula aumentados, predicen su crecimiento progresivo y el riesgo de agravamiento de los síntomas (progresión clínica) y de aparición de complicaciones, como la retención aguda de orina y la necesidad de requerir tratamiento quirúrgico.
En el manejo terapéutico de la obstrucción prostática benigna, se debe identificar a aquellos hombres que presentan riesgo de progresión clínica y de complicaciones, con el objetivo de utilizar tratamientos que no solo alivien los síntomas, sino que reduzcan el riesgo de progresión y complicaciones. El tratamiento que ha demostrado cumplir este objetivo en mayor medida, es la combinación de un inhibidor de la 5-alfa reductasa con un alfa-bloqueante.
Respecto a las opciones terapéuticas, advierte de una serie de riesgos con los alfabloqueantes. ¿Cómo ponderar el riesgo-beneficio en la prescripción de estas terapias para pacientes con OBP?
Los alfabloqueantes son los fármacos más utilizados en el tratamiento de la obstrucción prostática benigna. En monoterapia, son el tratamiento recomendado en ausencia de riesgo de progresión y, combinados con un inhibidor de la 5-alfa reductasa, cuando hay riesgo de progresión asociado.
Los podemos clasificar en función de su uroselectividad. Para disminuir el riesgo de hipotensión, síncope e insuficiencia cardiaca se recomienda utilizar los más uroselectivos (tamsulosina, alfluzosina y silodosina) y evitar los menos uroselectivos (terazosina y doxazosina).
Conforme a la política de transparencia de la semFYC, APDay cuenta con el patrocinio no condicionado de: Astellas, Eucerin, Ferrer, Italfarmaco, Lilly, MSD, Nutricia, Organon, Pfizer, Salvat y Zambon.















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