Anuario iSanidad 2025
Pedro Soriano @enfermeroenred, enfermero
Vivimos en una era donde la información fluye a una velocidad vertiginosa. Desde nuestros dispositivos móviles accedemos a consejos de salud, supuestos diagnósticos instantáneos y promesas de bienestar en cuestión de segundos. Sin embargo, ante tal volumen de datos a menudo no sabemos por dónde empezar.
La ciencia, por muy avanzada que sea, no sirve de nada si se queda encerrada en un laboratorio o en un artículo académico; necesita ser traducida, comprendida y, sobre todo, vivida. Aquí es donde la figura de la enfermera emerge no sólo como cuidadora profesional, sino como el puente fundamental entre la evidencia científica y la realidad de las personas.


Enfermeras como referentes para combatir la desinformación sanitaria
En un mundo digital saturado, donde la atención se monetiza y el algoritmo premia la emoción sobre la veracidad, la ciudadanía necesita desesperadamente un referente de confianza. Las enfermeras somos ese referente. Pero ¿qué nos convierte en una respuesta eficaz frente al ruido informativo? La clave está en nuestra capacidad para humanizar la evidencia.
Aquí es donde la figura de la enfermera emerge no sólo como cuidadora profesional, sino como puente fundamental entre la evidencia científica y la realidad de las personas
A diferencia de un buscador de Internet o una inteligencia artificial (IA), que puede generar textos que suenan convincentes pero que esconden alucinaciones o errores clínicos graves, la enfermera aporta contexto.
Nuestra fortaleza no es sólo el conocimiento técnico, sino nuestra habilidad para traducir esa ciencia compleja en gestos, palabras y decisiones cotidianas que el paciente entiende y puede aplicar en su vida real. No soltamos datos; damos sentido y coherencia a la información, ayudando a las personas a tomar decisiones informadas sobre su propia salud.
La comunicación científica estratégica nos enseña que la confianza se construye sobre tres pilares: habilidad y conocimiento (sabemos de lo que hablamos), integridad (somos honestos) y benevolencia (nuestra motivación es el bienestar del otro, no el lucro).
Mientras que muchos generadores de contenidos en salud, como empresas o influencers en redes sociales, operan bajo sesgos comerciales o de entretenimiento, las enfermeras comunicamos desde la ética del cuidado.
Cuando una enfermera crea contenido o responde una duda en consulta no busca un like fácil, busca empoderar. Esta posición ética nos permite afrontar la desconfianza que se genera en muchas comunidades online; no desde la confrontación, sino desde la empatía y la escucha activa.
No podemos permitir que la educación sanitaria en redes sociales quede en manos de algoritmos o perfiles no cualificados. Los jóvenes y adultos pasan horas en plataformas como TikTok o Instagram buscando respuestas de salud. Si las enfermeras no ocupamos esos espacios con rigor y cercanía, dejamos el terreno libre a la desinformación.
Mientras que muchos generadores de contenidos en salud operan bajo sesgos comerciales o de entretenimiento, las enfermeras comunicamos desde la ética del cuidado
Ser referente significa estar donde está la gente: en la escuela, en el centro de salud, pero también en la pantalla de su móvil. Nuestra labor es reconstruir la comprensión compartida, sabiendo que desmentir un bulo no es suficiente si no ofrecemos una alternativa narrativa, empática y basada en la realidad de quien nos escucha.
El desafío de las tecnologías emergentes
Hoy en día, la ciudadanía convive con nuevos actores en el escenario de la salud: la inteligencia artificial y las redes sociales. Herramientas como ChatGPT pueden procesar datos y generar textos que parecen muy convincentes, creando narrativas que encajan perfectamente al leerlas.
Sin embargo, la IA carece de comprensión clínica real y de empatía humana; puede equivocarse con un texto impecable, generando lo que llamamos alucinaciones o datos falsos.
Por otro lado, las redes sociales funcionan bajo algoritmos que premian la indignación y la emoción por encima de la veracidad. Esto crea nichos de desconfianza donde los bulos se propagan más rápido que la verdad.
En este contexto digital, la presencia de la enfermera es vital. No podemos dejar ese terreno vacío. La enfermera en redes sociales humaniza la ciencia, aportando el criterio clínico necesario para filtrar el ruido y ofreciendo un acompañamiento que ninguna máquina puede replicar.
Pensamiento crítico: tips para cortar los bulos
Como ciudadanos, todos somos responsables de lo que compartimos y consumimos. Para proteger nuestra salud y la de nuestra comunidad, es fundamental desarrollar un pensamiento crítico frente a la información.
Entre las recomendaciones prácticas, basadas en evidencias, para evitar que la desinformación se extienda se encuentra la pausa antes de compartir. La desinformación suele estar diseñada para provocar emociones fuertes, como miedo, rabia o esperanza desmedida. Si una noticia te altera demasiado, detente. Pregúntate ¿quién lo dice? y ¿qué evidencia aporta?
Otra buena práctica es identificar la fuente y contrastar su información. No basta con que lo diga un influencer o aparezca en un vídeo viral. Busca el respaldo de profesionales colegiados. La enfermera es una fuente verificada; ante la duda, pregunta a tu enfermera de referencia.
La comunicación efectiva se basa en el respeto y la escucha intencional
No señales ni avergüences, dialoga. Si un familiar o amigo comparte un bulo, no le ataques ni ridiculices: eso sólo hará que se ponga a la defensiva y se aferre más a su creencia. La comunicación efectiva se basa en el respeto y la escucha intencional. Pregúntale por qué cree en eso y cuáles son sus miedos o incertidumbres sobre el tema.
Ofrece una alternativa. Desmentir no es suficiente; deja un vacío que debe llenarse. Puedes dar una explicación alternativa sencilla y clara basada en hechos. Las enfermeras somos expertas en esto: explicamos el porqué y el para qué de las cosas teniendo sentido para el paciente.
Comunicar cuida
Podría decir que comunicar cuida es mi frase favorita, al igual que un paciente informado y formado, es una persona con mejor salud. Por eso, la divulgación científica y la concienciación no son extras en la atención sanitaria, son parte esencial del cuidado.
Necesitamos una ciencia que hable el lenguaje de las personas, que sea participativa y bidireccional, esto que también llamamos la participación activa de los pacientes o la humanización. En definitiva, dejarles expresarse y decidir conjuntamente.
La próxima vez que tengas una duda de salud, ya sea sobre un tratamiento, una vacuna o una noticia que leíste en Internet, recuerda que tienes a tu lado a un profesional experto en traducir la complejidad: tu enfermera.
Ella no sólo tiene la ciencia en su formación, sino la experiencia en la práctica clínica y las habilidades de comunicación necesarias. Porque, en definitiva, una sociedad bien informada es una sociedad más sana. La enfermería es la llave que te ayudará a entender, comprender y aplicar los cuidados que necesites para vivir con la mejor calidad de vida posible.














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