Juan León García
Atención primaria como “estrategia clave de salud pública” frente al reto creciente de las enfermedades neurodegenerativas. Así lo advierte el Dr. Antoni Plana Blanco, integrante del grupo de trabajo de Neurología de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), como autor de un documento formativo enmarcado en el ciclo APDay 2026.
Si bien se avanza en el diagnóstico de patologías como el deterioro cognitivo leve, “el reto es acompañar”, puntualiza. “Acompañar en la vigilancia clínica, en la toma de decisiones y en la adaptación progresiva a posibles cambios”, completa el Dr. Plana, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el ABS Balafia-Pardinyes-Seca de Sant Pere (Lleida) del Institut Catalá de Salut (ICS) de la Generalitat de Catalunya.
El “valor diferencial” de la medicina de familia, por su continuidad, accesibilidad y la comprensión del paciente en su contexto vital hace que sea aún más necesario “reforzar la atención primaria”. Y es que, como señala en esta entrevista, “el deterioro cognitivo leve nos sitúa en una frontera clínica donde la incertidumbre es inherente, pero también lo es la oportunidad”.
En patologías donde la prevención es especialmente crucial, como el deterioro cognitivo leve, la labor de atención primaria adquiere mayor importancia. ¿Hasta qué punto cambia el curso de la enfermedad una detección precoz?
La detección precoz del deterioro cognitivo leve (DCL) constituye un punto de inflexión en la trayectoria evolutiva del paciente. Si bien no todos los casos progresan a demencia, se estima que entre un 10% y un 15% anual lo hacen, especialmente hacia enfermedad de Alzheimer.
“Se estima que entre un 10% y un 15% de los casos de deterioro cognitivo leve progresan a demencia, especialmente hacia enfermedad de Alzheimer”
Identificar el deterioro cognitivo leve en fases iniciales permite intervenir sobre factores de riesgo modificables (hipertensión, diabetes, sedentarismo, aislamiento social), optimizar el control de las comorbilidades y poder promover estrategias de reserva cognitiva. Diversos estudios longitudinales sugieren que estas intervenciones pueden retrasar la progresión clínica y funcional, más que modificar radicalmente el curso biológico de la enfermedad.
En este sentido, la atención primaria no solo detecta, sino que introduce una lógica preventiva longitudinal que puede traducirse en años de mejor calidad de vida.
¿Cómo de preparados están actualmente los especialistas de medicina familiar y comunitaria para identificar las primeras señales en los pacientes que entran en sus consultas? ¿Hasta qué punto juegan en contra factores como la sobrecarga asistencial o el burnout?
Los especialistas en medicina familiar y comunitaria están conceptualmente bien posicionados para la detección precoz, dado su conocimiento longitudinal del paciente, su contexto familiar y su funcionalidad basal. Esta mirada integral es difícilmente replicable en otros niveles asistenciales.
Sin embargo, existen barreras relevantes. La sobrecarga asistencial, la presión por la inmediatez y el fenómeno llamado de burnout limitan el tiempo disponible para explorar síntomas sutiles, que a menudo requieren entrevistas clínicas más pausadas y herramientas de cribado específicas.
Además, la variabilidad en la formación continuada en deterioro cognitivo puede generar heterogeneidad en la práctica clínica.
A pesar de ello, cuando se dispone de condiciones adecuadas, la atención primaria sigue siendo el entorno más eficiente para la detección oportunista y el seguimiento evolutivo del deterioro cognitivo leve.
“La variabilidad en la formación continuada en deterioro cognitivo puede generar heterogeneidad en la práctica clínica”
¿Cuándo se puede determinar si el deterioro cognitivo leve corresponde a un estadio inicial de una demencia o bien es un estadio reversible?
El diagnóstico diferencial entre un deterioro cognitivo leve prodrómico de demencia y un deterioro potencialmente reversible requiere una evaluación ya que ambos pueden ser clínicamente indistinguibles.
Se consideran indicadores de progresión a demencia la afectación de múltiples dominios cognitivos, el deterioro funcional incipiente y la presencia de biomarcadores compatibles (cuando están disponibles).
Por el contrario, causas como depresión (la denominada “pseudodemencia”), efectos farmacológicos, déficits vitamínicos o trastornos del sueño pueden simular un deterioro cognitivo leve reversible.
La reevaluación periódica (habitualmente cada 6–12 meses) es clave para observar la trayectoria clínica. En este proceso, la atención primaria desempeña un papel fundamental como eje de continuidad asistencial.
¿Hay que esperar a algún momento adecuado antes de comunicar el diagnóstico de deterioro cognitivo leve tanto al paciente como a sus familiares o cuidadores?
La comunicación del diagnóstico debe individualizarse, pero en términos generales no se recomienda retrasarla de forma injustificada. El deterioro cognitivo leve no es una etiqueta diagnóstica neutra, pero tampoco implica necesariamente una evolución desfavorable.
Es fundamental valorar la capacidad de comprensión del paciente, su deseo de información y el contexto emocional. La comunicación debe ser progresiva, clara y centrada en la incertidumbre inherente al diagnóstico, evitando tanto el alarmismo como la banalización.
“La comunicación debe ser progresiva, clara y centrada en la incertidumbre inherente al diagnóstico, evitando tanto el alarmismo como la banalización”
Involucrar a familiares o cuidadores, con el consentimiento del paciente, facilita la planificación anticipada y la implementación de medidas preventivas. La entrevista clínica en este contexto adquiere un valor terapéutico en sí misma.
¿Cuáles son las intervenciones farmacológicas y no farmacológicas recomendadas en el abordaje del deterioro cognitivo leve? ¿Cuáles son las más novedosas con evidencia científica demostrada?
En la actualidad, no existe tratamiento farmacológico específico aprobado para el deterioro cognitivo leve que haya demostrado de forma consistente modificar su evolución.
Los fármacos utilizados en demencia, como son los inhibidores de la acetilcolinesterasa, no han mostrado beneficios claros en esta fase.
El abordaje se centra en intervenciones no farmacológicas con creciente evidencia. Entre ellas destacan el ejercicio físico multicomponente (aeróbico y de fuerza), asociado a mejora cognitiva y funcional; la estimulación cognitiva estructurada, especialmente en programas grupales o intervenciones sobre dieta, destacando la dieta mediterránea.
A estas se suman otras como el control estricto de factores de riesgo vascular; la promoción del sueño de calidad y abordaje de trastornos afectivos o la reducción del aislamiento social.
Asimismo, el desarrollo de biomarcadores sanguíneos y las terapias dirigidas a fases preclínicas de la enfermedad de Alzheimer abren un escenario futuro donde la intervención debería ser más precoz y personalizada.
Conforme a la política de transparencia de la semFYC, APDay cuenta con el patrocinio no condicionado de: Astellas, Eucerin, Ferrer, Italfarmaco, Lilly, MSD, Nutricia, Organon, Pfizer, Salvat y Zambon.















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