Redacción
Cuando hablamos de enfermeras, a menudo pensamos en hospitales, centros de salud o atención domiciliaria. Sin embargo, hay otros ámbitos donde se ejerce la profesión. De hecho, en uno en concreto, la enfermería adquiere una dimensión especialmente compleja y exigente: la sanidad militar.
En este entorno, las enfermeras no solo desarrollan su labor asistencial, sino que también participan en misiones internacionales, operaciones humanitarias, gestión de emergencias, catástrofes naturales o situaciones de conflicto armado. Se trata de profesionales que trabajan en condiciones muy diferentes a las del sistema sanitario convencional, donde la capacidad de adaptación, el liderazgo, la toma rápida de decisiones y el trabajo en equipo resultan absolutamente esenciales.
«Los enfermeros tenemos una gran vocación. Si no la tienes, es imposible ser enfermero. Pero, en el caso militar, la vocación es doble».
Conocemos de cerca este ámbito a través de Alicia Moreno, teniente coronel y jefa de la Unidad de Enfermería de la Inspección General de Sanidad de la Defensa. A lo largo de su carrera ha participado en misiones como Bosnia, Kosovo, Somalia y Afganistán, además de intervenir en emergencias en territorio nacional, como operaciones relacionadas con incendios forestales o la respuesta a catástrofes naturales como la DANA.
Moreno ha compartido su trayectoria y sus reflexiones en Córner de Innovación: Onda 36 ANDE, un innovador espacio de entrevistas, tertulias y reflexión que se ha desarrollado durante las 36 Jornadas de Nacionales de Enfermeras Gestoras que se celebraron en Palma de Mallorca organizadas por la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería (ANDE).
Cuando el valor y la competencia no conocen género
Alicia Moreno pertenece a la tercera promoción de mujeres que pudieron acceder a las Fuerzas Armadas españolas y fue una de las primeras mujeres destinadas a una misión internacional española en Bosnia-Herzegovina, en plena guerra civil. “Éramos dos mujeres entre 1.200 miembros de la Legión”, ha recordado. Aquella misión cambió radicalmente cuando Naciones Unidas modificó el mandato inicial y las tropas españolas pasaron a actuar como fuerzas de interposición. “Esa palabra me preocupó mucho, porque evidentemente significa estar en medio de dos combatientes”, ha explicado.
Moreno también ha puesto en valor cómo aquellas primeras mujeres fueron integradas en un entorno históricamente masculino. De hecho, ha recordado emocionada las palabras que años después escribió uno de sus mandos sobre aquella experiencia, destacando que “el valor y la competencia no conocen género”.
La enfermería militar combina asistencia, gestión, docencia e investigación con la intervención en conflictos, misiones internacionales y emergencias, donde la formación y el entrenamiento resultan esenciales para responder con eficacia
En línea con este recuerdo, ha mencionado que trabajar en sanidad militar “no es una forma de trabajo, es una forma de vida”, marcada por la necesidad de actuar bajo presión y en entornos especialmente complejos. “Los enfermeros tenemos una gran vocación. Si no la tienes, es imposible ser enfermero. Pero, en el caso militar, la vocación es doble”, ha afirmado.
Y es que, aunque la enfermería civil comparte muchas competencias con la enfermería militar, esta última se desarrolla en escenarios donde la presión, la incertidumbre y la capacidad de reacción forman parte del día a día. Así, las profesionales deben estar habilitadas para desarrollar funciones asistenciales, de gestión, docencia e investigación, además de intervenir en operaciones de emergencias y catástrofes.
La pandemia y la DANA
Otro de los episodios más difíciles de su trayectoria llegó durante la pandemia de Covid-19. Destinada entonces en Madrid, fue enviada a la UCI Covid del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla en los primeros meses de la crisis sanitaria. “Fue muy complicado porque sentíamos impotencia. Pacientes que parecían evolucionar bien fallecían de la noche a la mañana”, ha confesado. A ello se sumaba la incertidumbre constante y el impacto emocional de trabajar “en casa y con tu gente”.
Una sensación similar vivió durante la respuesta sanitaria a la DANA en Valencia, donde la Unidad Militar de Emergencias (UME) desplegó un amplio operativo para apoyar tanto a los intervinientes como a la población civil afectada por el colapso sanitario. “Teníamos desplegadas 38 ambulancias y atendíamos a todo el que llamaba a la puerta”, ha explicado Moreno. Además, ha destacado la enorme complejidad logística de coordinar recursos militares y civiles en tiempo récord.
Durante aquella emergencia realizaron unas 10.000 asistencias sanitarias, muchas de ellas destinadas a pacientes crónicos que no podían acceder a tratamientos o desplazarse a los hospitales. “Fue un equilibrio muy fino porque en ningún momento podía faltar algo en ningún punto”, ha asegurado.
“Lo que no se entrena no se sabe”
Moreno ha defendido durante la entrevista que, para afrontar este tipo de situaciones extremas es muy importante la formación específica y del entrenamiento continuo. “Lo que no se entrena no se sabe”, ha insistido. Además, ha subrayado que las enfermeras militares aprenden desde el inicio de su carrera a priorizar, gestionar recursos y trabajar en escenarios cambiantes. “Desde que ingresas estás desplegando en misiones internacionales y eso te hace generar una mochila muy grande”, explicó.
Pese a la dureza de muchos de los contextos en los que ha trabajado, Alicia Moreno reconoció que la mayor recompensa sigue estando en los pacientes y en la sensación de haber cumplido con su deber. “Como enfermera, nos quedamos con conseguir que nuestros pacientes vuelvan a su vida y con la satisfacción del deber cumplido”, ha concluido.













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