Redacción
Un estudio liderado por investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (Idibell), en colaboración con la Universidad de Barcelona, ha demostrado que las células con mutaciones oncogénicas pueden permanecer durante años o incluso décadas en un estado de latencia antes de dar lugar a un tumor, lo que abre la puerta a intervenir antes de que se inicie la expansión tumoral.
Los resultados, publicados en la revista científica PNAS, aportan una nueva visión sobre el inicio del cáncer al demostrar que una mutación en el oncogén MYC, alterado en más del 60% de los tumores humanos, no es suficiente para desencadenar el crecimiento tumoral.
«Cada vez hay más evidencias de la existencia de una fase intermedia, poco definida hasta ahora, en la que las células ya mutadas permanecen en un estado latente, acumulando el potencial necesario para crecer, como una bomba de relojería biológica», ha explicado el Dr. Antonio Gentilella, investigador principal del Idibell y profesor titular de la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Barcelona.
El Dr. Gentilella señala la «existencia de una fase intermedia en la que las células ya mutadas permanecen en un estado latente, acumulando el potencial necesario para crecer»
El trabajo analiza este periodo de latencia en modelos de cáncer colorrectal y describe cómo funciona el eje MYC-Larp-mTOR. Según los investigadores el oncogén MYC activa un programa que prepara la maquinaria celular necesaria para producir proteínas y crecer. Sin embargo, la proteína LARP1 mantiene ese programa preparado, pero inactivo, hasta que el entorno proporciona las condiciones metabólicas adecuadas.
Es entonces cuando mTor actúa como señal de activación y permite el inicio de la expansión tumoral. Al respecto, el Dr. Gentilella ha señalado que «este hallazgo redefine el origen del tumor como un proceso no sólo génetico, sino también metabólico y biosintético».
Aunque el estudio se ha realizado en modelos de cáncer colorrectal, los autores consideran que su relevancia podría extenderse a otros tumores, ya que el oncogén MYC está alterado en más del 60% de los cánceres humanos. De hecho, el equipo asegura disponer de evidencias experimentales preliminares que apuntan a este mecanismo también estaría implicado en otros tipos tumorales.
El Dr. Gentilella ha señalado que «este hallazgo redefine el origen del tumor como un proceso no sólo génetico, sino también metabólico y biosintético»
Los investigadores sostienen que este nuevo modelo permite entender el inicio del cáncer como un proceso de dos etapas: una primera en la que la mutación prepara a la célula para crecer y una segunda en la que el entorno activa ese potencial latente. Este periodo silencioso, previo a la formación del tumor, constituye una posible ventana de intervención para impedir que la enfermedad llegue a manifestarse.
En este contexto, el estudio ha identificado la proteína LARP1 como la principal diana molecular, al actuar como nexo funcional entre MYC, responsable de preparar la maquinaria biosintética, y mTOR, encargado de activar el crecimiento tumoral. Sin embargo, el Dr. Gentilella ha afirmado que «todavía es pronto para hablar de aplicaciones clínicas directas, pero todo apunta a que alterar a LARP1 interfiere con este reservorio de células latentes y el proceso de iniciación del cáncer».
El equipo continúa investigando esta vía y los primeros resultados obtenidos en modelos animales indican que LARP1 también resulta esencial para la aparición del tumor. Además, los investigadores consideran que este modelo ofrece una herramienta para estudiar la latencia tumoral y desarrollar estrategias dirigidas a impedir que el cáncer llegue a desarrollarse.











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