Juan León García
El actual contexto geopolítico, marcado por la incertidumbre y la volatilidad en los precios de la energía a causa de las guerras activas en Oriente Medio y en plena pugna entre superpotencias mundiales como Estados Unidos (EEUU) y China está llevando a un cambio de paradigma, desgrana Marcos Urarte, representante español en el Foro Davos: Grupo de ‘Vulnerabilidades de la economía global’, durante el 32 Encuentro del Sector de la Tecnología Sanitaria organizado por la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria, Fenin.
El campo de batalla no solo se da sobre el terreno físico. También sobre el virtual, donde la carrera por el control de la inteligencia artificial (IA) entre estos dos países es patente. Y donde el sector sanitario alberga grandes esperanzas en su uso y desarrollo.
En medio de la vorágine, los efectos de la inflación ya se empiezan a notar y, desde el punto de vista del consejero delegado de B.Braun Spain, Christoph Müller, hace inevitable que las grandes compañías se preparen con un incremento del precio en el largo plazo. Parte de ese impacto económico repercutirá en las pymes, y no todas “tienen la capacidad de incrementar el precio”, observa durante su participación en una mesa redonda centrada en la cuestión de la autonomía estratégica.
La patronal cifró en un el 92% el total de pymes que componían en 2024 el sector de la tecnología sanitaria en España, responsables de generar dos de cada tres puestos de empleo (66%) y el 42% del volumen de la industria. Es decir, son en gran parte garantes del acceso a la innovación tecnológica en el sistema sanitario. Unos equipos fabricados a nivel local, premisa sobre la que desde hace unos años se orienta la Unión Europea (UE) para dejar de depender de terceros países.
Pacientes, industria y administración pública se dieron cita en el encuentro del sector de la tecnología sanitaria organizado por Fenin para exponer los retos que afronta
Tan importante es que la tecnología esté y sea accesible, como el impacto que tiene cuando no está, advierte Manuel Arellano, vicepresidente segundo de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP). Otra de las señales de alarma viene por la parte de la compra pública: “Parece que la perspectiva del paciente se maneja más por criterios economicistas que por criterios de salud. Con consecuencias dramáticas: si tenemos equipos obsoletos, la precisión será mucho menor y los tiempos de espera mucho mayores”, relata.


La principal consecuencia se acaba manifestando en la inequidad territorial, con regiones acumulando tecnología puntera y otras donde no está disponible. Por eso Arellano cree que “no es un tema de coste, es un tema de efectividad; de cuáles son los mejores resultados que somos capaces de dar”.
Desde Fenin recuerdan que la obsolescencia del parque sigue siendo una de las principales lacras, a pesar de que los planes de inversión en tecnología sanitaria en estos años (Inveat o los planes Amat I y II) han conseguido renovar parte importante. No obstante, como observa Raquel Sánchez, vicepresidenta del Foro Español de Pacientes (FEP), a la hora de darle valor a un producto debe de pesar la perspectiva del paciente y no la del mercado. “Tenemos ahora el momento para diseñar cláusulas específicas” dentro de las licitaciones, a raíz de la modificación de la ley de contratos del sector público que recoge la participación de los pacientes en consultas preliminares.
En cuanto a lo que atañe al marco normativo, desde la Comunidad de Madrid precisan que ya incluyen “criterios de calidad y médicos” en su proceso de compra pública por parte de la agencia centralizadora del Gobierno autonómico, precisa Jaime Martínez Muñoz, director general de Economía e Industria de la Comunidad de Madrid.
“La administración debe ser capaz de ir adoptando esos mecanismos”, opina, a la vez que comparte que desde el Ejecutivo regional trabajan en la simplificación administrativa, haciendo un “by-pass administrativo para agilizar todos los trámites”.
Compra pública de la IA
Sumado a los desafíos ya presentes en clave de equidad, acceso o criterios de compra, se añade la infinidad de herramientas basadas en IA para salud que aparecen y que, en palabras de Cristina Granados, directora gerente del Hospital Universitario Son Espases (Palma de Mallorca), requiere de “socios tecnológicos, y no alguien que te venda algo”.


La labor del gerente de un hospital público de referencia es “buscar oportunidades en el horizonte”, explica Carlos Mingo, director gerente del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid). Aunque la IA lo es, hace falta acompasar esa adquisición “a que la evidencia que se genera vaya acorde con el desarrollo”. A su vez, reconoce que existe una “ausencia de roles específicos” para trabajar con estas soluciones.
Por su propia experiencia, el gerente del Hospital Universitario Vall d’Hebron (Barcelona), Albert Salazar, aboga por “aplicar la IA para mejorar los procesos in-house”. Y propone como una manera de evitar el volumen de herramientas disponibles en el mercado que se fomente la vía de la “cocreación de la parte pública con la empresa privada” para impulsar aplicaciones reales y prácticas de la IA en sanidad.
Para los gerentes de hospitales públicos, la IA es necesaria pero hace falta una colaboración estrecha para adquirir las soluciones más eficientes; los portavoces de grupos privados, por su parte, piden medir mejor los resultados de la tecnología para invertir de forma más segura
Desde la sanidad privada coinciden en que los equipos que se compran son los que van a tener una utilidad real. Esa es la traducción de valor, que detalla Valeriano Torres, consejero delegado del Grupo Hospitalario HLA.
“Es muy importante escuchar a los profesionales, pero no se pueden adquirir equipos sin un estudio previo de qué calidad ofrece, o qué servicios. No olvidemos que los recursos son limitados. Es distinto el equipamiento que otros servicios asociados al equipamiento”, desarrolla.


Juan Abarca, presidente de HM Hospitales, retoma esa idea. “Por el coste actual que tiene, no puede haber Da Vinci en todos los sitios”, por lo que considera que en su grupo cuentan con el parque tecnológico que necesitan, después de haber invertido el año pasado unos 20 millones de euros en tecnología.
Alineado con esta idea, el director general del Grupo Hospitales San Roque, Sebastián Sansó, admite que se intenta comprar por valor, “pero existe una presión financiera que limita esta compra”. Sin dejar de lado también que faltan “métricas que evalúen los resultados asistenciales y vincularlo a la implantación o no de tecnología”.














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