Antonio G. García, médico y catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de la Fundación Teófilo Hernando
Cuando era yo un niño, a mitad del siglo XX, mi pueblo, Molina de Segura, contaba con 10.000 habitantes. Hoy su población ha crecido hasta los 80.000 habitantes y se ha convertido en una ciudad más grande que muchas capitales de provincias. Sus ciudadanos molinenses fueron emprendedores; allá por los años 60 y 70 del pasado siglo crearon una pléyade de fábricas conserveras en torno a los productos de las frondosas huertas de Murcia. Hoy, de casi todas aquellas fábricas conserveras solo quedan sus altas chimeneas que buscan tocar el cielo. Su economía se transformó desde el entorno conservero a una explosiva diversificación industrial.
En el otoño de 1963 salí de mi pueblo para estudiar medicina en la madrileña Universidad Central, hoy conocida como Universidad Complutense. Con los años practiqué la ciencia y docencia farmacológica en varias facultades de medicina, había creado la Fundación Teófilo Hernando para apoyar la investigación científica en la Universidad Autónoma de Madrid y, a lo largo del camino, me di cuenta que el desamparo de la práctica científica en España, tanto por los gobiernos y las empresas, como por la propia sociedad, solo podría revertirse con una revolución. Como ello no era previsible que ocurriera, imaginé que solo el cambio de mentalidad del español de a pie podría algún día poner a España a nivel de la ciencia europea.
Cuento aquí una curiosa experiencia para estimular vocaciones científicas entre jóvenes estudiantes de bachillerato
Uno de mis pocos libros de cabecera es el clásico de Santiago Ramón y Cajal, «Reglas y Consejos sobre Investigación científica. Los tónicos de la voluntad». Ya hace un siglo que Cajal lamentaba la dejadez española en todo lo que oliera a ciencia. Y su contemporáneo Miguel de Unamuno polemizaba con José Ortega y Gasset acerca de la ciencia española, con su controvertida idea: «Que inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones… que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó».
Quizás recogió Unamuno, en su demoledora frase, el pensamiento mayoritario de la sociedad española. Pero en las últimas décadas, las universidades, el CSIC y algunos institutos monográficos de excelencia (cáncer, cardiovascular, neurociencia) son exponentes claros de la práctica de buena ciencia con proyección internacional. Pero ello no basta ya que Severo Ochoa, hasta su fallecimiento en 1993, clamaba que «hemos avanzado, pero continuamos en el furgón de cola de la ciencia europea». Esta frase de Ochoa no es tan draconiana como la de Unamuno, pero invita a preguntarse si hoy, 30 años después de su fallecimiento, hemos dejado el furgón de cola y nos hemos acercado a los puestos de cabeza de ese tren. Desgraciadamente, la respuesta es negativa, pues incluso las inversiones en I+D+i han disminuido con respecto a años anteriores.
Se relaciona con la estancia de algunos de esos jóvenes en un curso de verano que, sobre introducción a la ciencia, organiza la prestigiosa Universidad alemana de Gotinga, que cuenta en su haber con más de 40 Premios Nobel
He conocido algunas iniciativas dirigidas a la que considero la raíz del problema: mejorar la cultura científica de los ciudadanos. Las propias universidades y el CSIC celebran eventos anuales para hacer llegar al español de a pie los avances científicos y sus implicaciones para mejorar la salud y la calidad de vida de los ciudadanos. Yo he tenido la oportunidad de impartir algunas charlas en colegios y a nivel de divulgación entre el público en general. Sin embargo, pensé que sería más eficaz crear una fundación para, en el largo plazo, mejorar la cultura científica en todos los niveles de la sociedad, con actividades frecuentes y periódicas, sin prisa, pero sin pausa. Así, con el apoyo del Ayuntamiento de mi pueblo, en 2002 creamos la Fundación de Estudios Médicos de Molina de Segura (FEM). La creación de la FEM se asentó en actividades previas que habíamos celebrado en Molina y que queríamos potenciar en el marco de la FEM.
Por ejemplo, celebramos conferencias de divulgación impartidas por científicos y médicos de toda España para los ciudadanos en general (se han celebrado más de trescientas), la edición de una revista (FEM Ciudadano) o los seminarios de introducción a la investigación impartidos por jóvenes doctores en los 6 centros de enseñanza secundaria. Pero la actividad más rompedora y original fue la concesión de becas a estudiantes del último curso para asistir en verano (3 semanas del mes de agosto) al llamado XLAB, un laboratorio de la Universidad de Gotinga, en Alemania, diseñado para estos cursos a los que acuden estudiantes de más de 30 países de todo el mundo.
En la primera década del tercer milenio, la Fundación de Estudios Médicos de Molina de Segura (FEM) concedió becas para que una veintena de jóvenes estudiantes de bachillerato hicieran este curso. Una estudiante me envió una carta aseverando la excelencia motivacional de esa experiencia
Es importante resaltar que el Laboratorio XLAB está emplazado en una Universidad, la de Gotinga (Georg-August-Universitat-Gottingen) que goza de una asombrosa historia de más de 40 Premios Nobel que han estado vinculados a ella como alumnos o profesores. Como curiosidad, Erwin Neher, que trabaja en Gotinga, premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1991, vino a Molina invitado por la FEM y en el teatro impartió una charla para 500 estudiantes de bachillerato de Molina y pueblos aledaños, que la FEM trajo en autobuses para del evento. Los alumnos hicieron múltiples preguntas al Nobel, en inglés y en alemán. En el marco de esa charla, Eva María Neher, directora del XLAB, impartió una breve charla sobre los cursos de verano de la Universidad de Gotinga.
Parece claro que la ciencia española y la universidad saldrán de su crónica y exasperante mediocridad solo cuando se incrementen las iniciativas para elevar la cultura científica de los ciudadanos españoles
Durante el periodo de tiempo que presidí la FEM (2002-2008) pudimos conseguir fondos para becar a 19 estudiantes molinenses de bachillerato para que hicieran el curso de verano de introducción a la ciencia en la Universidad de Gotinga. Tuve noticias de algunos de ellos que habían estudiado medicina y neurociencia y salieron adelante. Cuando regresó de Gotinga, una alumna me escribió la siguiente carta:
Estimado profesor:
El motivo de esta carta es agradecerle la oportunidad que se me ha brindado al concederme la beca para asistir al Curso del Laboratorio Internacional de Ciencia XLAB de la Universidad de Gotinga, durante el pasado verano.
He recibido y asimilado una gran formación científica que sin duda servirá para mis estudios posteriores, que le garantizo serán del área de Ciencias de la Salud; pero también he aprendido otras muchas cosas que han ampliado mi formación profesional, como son la convivencia diaria con otros jóvenes de mi edad, la riqueza que da la diversidad de culturas, la confianza que se adquiere cuando se lucha y trabaja por un objetivo común y la valoración de las cosas que recibimos, las personas que nos forman y a las que echamos de menos cuando estamos fuera, como son nuestra familia y amigos.
Gracias de nuevo
Un afectuoso saludo
Si la FEM hubiera continuado esta práctica y exitosa actividad hoy tendríamos un centenar de jóvenes molinenses que habrían participado en los cursos de verano de la Universidad de Gotinga. Aunque solo se hubieran dedicado a la ciencia un 10% de esos potenciales estudiantes, contaríamos en España con 10 científicos molinenses más. Este humilde experimento, el de la creación de una microestructura para fomentar la cultura científica en España, multiplicado por otras muchas fundaciones estilo FEM, quizás pondría a España en el lugar que le corresponde en la ciencia mundial. Tardaríamos años porque el camino es largo; pero llegaríamos.
El riguroso y reflexivo científico Adolfo de Azcárraga conoce el diagnóstico y la solución: «Lo que hay que hacer es clarísimo: buena selección de personal y buena financiación; (…) el problema es que no se hace»
La Fundación Gadea por la Ciencia (FGC), que creó y dirige el doctor José Antonio Gutiérrez Fuentes, nació para hacer una necesaria y continuada reflexión sobre los problemas que afectan a nuestras universidades y sistema de I+D. Ha aglutinado en torno a esta idea a varios centenares de consejeros en las distintas áreas de la ciencia. La FGC nos ha enviado un conjunto de artículos sobre esta temática, que relatan las múltiples iniciativas y leyes de reforma de la universidad y la ciencia españolas.
El autor principal de esa interesantes reflexiones, profesor Adolfo de Azcárraga (Universidad de Valencia), define con meridiana claridad la razón del estancamiento de la universidad española:«Todo el mundo y desde luego yo sabe qué es lo más necesario para una buena universidad (la receta es elemental: buena selección de personal docente e investigador y buena financiación, y por este orden) y por eso me “irritan” todos esos foros para pensar sobre el asunto, como si siempre se partiera de cero y no se supiera qué hacer. No: lo que hay que hacer está clarísimo. El problema es que no se hace».












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