En una reciente emisión de La FM, se dio a conocer la alarmante situación de un grupo de ciudadanos colombianos, entre ellos Jorge Cubillos y Carlos Alberto Rodelo, quienes denuncian haber sido víctimas de un proceso de deportación arbitrario por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de los Estados Unidos.
A pesar de contar con protecciones legales para no ser devueltos a Colombia debido a riesgos contra su integridad, los connacionales fueron trasladados sorpresivamente a la ciudad de Kinshasa, en la República Democrática del Congo, un país con el que no tienen vínculo alguno.
Un traslado bajo condiciones inhumanas
Jorge Cubillos relató que residía legalmente en territorio estadounidense desde hace una década, contando con permiso de trabajo y documentos en regla. Sin embargo, en enero fue capturado bajo el argumento de una orden de deportación pendiente.
Debido a que Cubillos posee un Withholding of Removal (retención de remoción), una figura jurídica que impide su retorno a Colombia por amenazas de seguridad sufridas durante su etapa como camionero en el Putumayo, las autoridades optaron por enviarlo a un tercer país.
El denunciante manifestó que fue trasladado durante 24 horas en condiciones deplorables. Según Cubillos: «Me trajeron encadenado 24 horas de manos, pie, cintura dentro del avión. A mí a 15 compatriotas más nos tienen aquí verdaderamente ilegalmente».
Además, denunció que no contaban con la vacuna contra la fiebre amarilla, requisito sanitario indispensable. Al aterrizar, la desprotección fue total: «Nos bajaron del avión, nos soltaron las cadenas… y ningún representante de Estados Unidos se volvió a aparecer, solamente los representantes del Congo», puntualizó Jorge, subrayando que fueron abandonados sin recursos ni identidad.
Vacíos legales y falta de garantías
Por su parte, Carlos Alberto Rodelo, quien residía en Maryland y trabajaba en la distribución de llantas, calificó la experiencia como una pesadilla. Rodelo explicó que una jueza le había otorgado el amparo CAT (Convención contra la Tortura), asegurándole que podía permanecer en el país. No obstante, al asistir a una cita rutinaria el 4 de agosto de 2025, fue detenido.
Rodelo enfatizó que tenía una demanda federal en curso que debería haber frenado su salida: «Se supone que hasta que a mí la corte federal, el juez federal no me dé respuesta, a mí no me pueden ni tocar y me van a tener que proteger».
El trato durante el vuelo fue calificado por Rodelo como «indignante», relatando que, debido a los grilletes, debían arrojar la comida sobre el asiento para poder ingerirla. «Nosotros no somos bandidos», sentenció con impotencia. La respuesta de los agentes ante su protección legal fue tajante: al no poder enviarlo a Colombia, su destino sería el continente africano.
Ambos entrevistados coinciden en que no poseen antecedentes penales y que su comportamiento en Estados Unidos fue ejemplar, por lo que consideran este procedimiento como una violación flagrante a los derechos humanos.
Actualmente, el grupo permanece en un hotel bajo vigilancia armada en Kinshasa. Aunque han logrado establecer contacto con la Cancillería, denuncian que la ayuda aún no se materializa. La incertidumbre predomina en un país con un idioma desconocido y enfrentando una quiebra económica absoluta.
Pese al temor que les genera regresar a su país de origen, los afectados manifiestan que el miedo hacia las tácticas de la administración estadounidense es ahora mayor.
Cubillos concluyó con una declaración estremecedora: «Tengo más miedo de volver a Estados Unidos… ellos son muy crueles en este momento», mientras claman por una intervención diplomática que ponga fin a su estancia en la ilegalidad en el Congo.
*Este contenido fue escrito y producido por una inteligencia artificial bajo supervisión y curaduría de un periodista de La FM












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