Fátima del Reino Iniesta
La depresión postparto es una condición emocional que afecta a un porcentaje significativo de mujeres después del nacimiento de su hijo. Este trastorno no solo es el resultado de cambios hormonales, sino que también está influenciado por múltiples factores sociales, emocionales y físicos. La maternidad es una etapa que, si bien está llena de alegrías, puede desencadenar también preocupaciones y sentimientos de angustia, especialmente cuando la madre no recibe el apoyo adecuado.
Este trastorno puede ser consecuencia de diversos factores, como el aislamiento social, el estrés por la nueva responsabilidad y, particularmente, la forma en que se vive el parto y la atención recibida durante ese proceso. En este sentido, uno de los elementos clave en la prevención de la depresión postparto es la percepción de la atención recibida durante el embarazo, el parto y el postparto.
Un parto traumático o mal atendido puede dejar huellas psicológicas duraderas
Bárbara Horrillo, psicóloga y docente en el CES Cardenal Cisneros, destaca que uno de los factores más relevantes para predecir la depresión postparto es la presión emocional, no solo durante el embarazo, sino también a lo largo del proceso de parto. «El embarazo, incluso desde el deseo de tener un hijo, es un buen momento para explorar el estado emocional de las mujeres, ya que las expectativas sociales pueden generar una sobrecarga emocional significativa», señala Horrillo.
Además, añade que una atención inadecuada durante el parto puede dejar una huella psicológica profunda que afecta tanto al vínculo con el bebé como a la salud mental de la madre. En este contexto, también menciona la violencia obstétrica, que ocurre cuando las mujeres no son tratadas con respeto durante el proceso de parto, lo que puede tener efectos negativos a largo plazo.

Un parto respetuoso fomenta el vínculo madre-hijo y puede prevenir trastornos emocionales posteriores
«El proceso de parto es muy significativo. La percepción de un parto traumático, no ser bien atendida emocionalmente o sufrir violencia obstétrica, causan un impacto que deja una huella psicológica. Esto favorece que la madre no esté disponible para sí misma, y, por tanto, tampoco para el bebé, lo que afecta al vínculo, al estilo de apego e inevitablemente favorece la sintomatología depresiva», explica la psicóloga.
Diana Elizabeth (43 años), madre de siete hijos, recuerda con claridad la sensación de soledad y vulnerabilidad que experimentó durante el parto de su segundo hijo en un hospital de Zaragoza. «Cuando nació mi hija, no pude abrazarla ni tener contacto físico con ella de inmediato. Solo pude darle un beso y se la llevaron. Fue una experiencia muy dolorosa», relata Diana. La falta de contacto piel con piel, que se considera esencial para el vínculo madre-hijo, marcó el inicio de su depresión.
El impacto de la atención materna en el riesgo de depresión postparto
La calidad de la atención recibida durante el parto es un factor clave que puede influir en la salud emocional de la madre, como apunta la Dra. Nuria Izquierdo Méndez, jefa de sección de Obstetricia y Ginecología en el Hospital Universitario Príncipe de Asturias, de Alcalá de Henares. «En cierta medida puede existir cierta relación entre el tipo de parto y el riesgo de desarrollar depresión postparto, en el caso de las cesáreas, sobre todo las no planificadas, las que denominamos de urgencia/emergencia. En estas hay una sensación de pérdida de control, de experiencia a veces vivida de forma traumática que lleva a una recuperación en ocasiones más lenta y con mayor dolor que si hubiese sido un parto vaginal normal», explica la Dra. Izquierdo. «También puede ocurrir con un parto instrumental (fórceps, ventosa o espátulas) si es percibido como experiencia difícil o traumática».
La falta de apoyo emocional inmediato en el postparto puede agravar los síntomas de la depresión
Además, la Dra. Izquierdo recalca que la depresión postparto es un fenómeno multifactorial, donde intervienen factores psicológicos, médicos y sociales que tienen igual o mayor peso en su desarrollo. «Algunos factores clave son los antecedentes de depresión o ansiedad, la falta de apoyo social o de pareja, el estrés durante el embarazo, las complicaciones médicas en madre o bebé, las expectativas no cumplidas sobre el parto y la experiencia subjetiva de cómo vivió la mujer el parto», añade la especialista.
Esta situación la vivió Diana en primera persona. En su caso, el parto se complicó y se convirtió en una cesárea de urgencia. «Me dijeron que mi bebé no soportaría un parto normal y que la única opción era la cesárea. No entendía bien lo que sucedía hasta el último momento, y la ansiedad que sentí fue altísima. Me sentí completamente sola y sin información», recuerda. La falta de información y el estrés emocional que Diana experimentó durante su parto contribuyeron a una mayor vulnerabilidad emocional en el postparto, un periodo en el que muchas mujeres son más susceptibles a trastornos como la depresión y la ansiedad.
La atención respetuosa incluye no solo el manejo físico del parto, sino también una comunicación efectiva y la empatía por parte del personal sanitario
Un estudio reciente, publicado en noviembre de 2025 y realizado en Francia, concluyó que las mujeres que percibieron una atención irrespetuosa durante el parto tenían un 37% más de probabilidad de desarrollar depresión postparto en comparación con aquellas que se sintieron respetadas y apoyadas durante su experiencia de parto.
«En ocasiones, por complicaciones que acontecen, el parto puede vivirse de forma traumática. Hoy en día, en casi todos los centros, se intenta prevenir esa vivencia con modelos de atención respetuosa, lo que se conoce como parto humanizado o respetado. Es decir, consensuan los procedimientos, se favorece el acompañamiento, la atención se centra en la persona respetando la autonomía de la mujer», explica la jefa de sección de Obstetricia y Ginecología en el Hospital Príncipe de Asturias.
Factores emocionales y sociales
La psicóloga Bárbara Horrillo explica que la falta de apoyo emocional adecuado en los primeros días y semanas postparto puede empeorar los síntomas de la depresión. «Las madres necesitan sentir que su experiencia es válida y que no están solas. Si no reciben el respaldo emocional necesario, pueden sentirse aisladas y perder la capacidad de disfrutar de su maternidad», apunta Horrillo.
Estos sentimientos de soledad y vulnerabilidad los experimentó Diana en sus propias carnes. «Me sentí completamente aislada. Mi marido estaba trabajando, y mi hijo mayor se quedó con mi suegra. No me sentía respaldada, y la falta de contacto con mi bebé en los primeros momentos aumentó mi sensación de soledad. Sentí que no podía compartir lo que me estaba pasando», afirma Diana. Esta falta de apoyo inmediato contribuyó a un empeoramiento de su salud mental y su capacidad para enfrentar el postparto.
El apoyo social y familiar es clave para la recuperación emocional después del parto
Un episodio depresivo mayor con inicio en el periodo perinatal
Según la Dra. Marina Díaz Marsa, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (Sepsm), la depresión postparto no solo se trata de síntomas emocionales, sino que también puede tener consecuencias graves para la madre si no se trata adecuadamente. «La depresión postparto es, desde el punto de vista clínico, un episodio depresivo mayor con inicio en el periodo perinatal, generalmente dentro de las primeras cuatro semanas tras el parto según el DSM-5, aunque en la práctica clínica puede aparecer en los primeros meses», explica. Esta definición clínica precisa cómo la depresión postparto es un trastorno bien definido, pero que a menudo puede ser pasado por alto o confundido con otros trastornos menores.
La Dra. Díaz también hace una distinción importante entre la depresión postparto y la psicosis postparto, un trastorno mucho más grave y raro, caracterizado por la pérdida de contacto con la realidad. «Se diferencia claramente de otros cuadros como el baby blues, que es más leve y transitorio, y la psicosis postparto, que es una urgencia psiquiátrica poco frecuente. La clave está en la intensidad, duración y repercusión funcional de los síntoma», asegura la presidenta de la sociedad.
«Los síntomas principales son los de cualquier depresión mayor, pero en este contexto incluyen alteraciones en el estado de ánimo, la motivación, el interés, la concentración, el sueño y el apetito»
«Los síntomas principales son los de cualquier depresión mayor, pero en este contexto incluyen alteraciones en el estado de ánimo, la motivación, el interés, la concentración, el sueño y el apetito», añade la Dra. Díaz.
El testimonio de Diana refleja cómo la falta de una intervención adecuada, especialmente en términos de apoyo psicológico, afectó a su proceso de recuperación. «Tuve que esperar mucho tiempo para que me derivaran a un especialista en salud mental. Mientras tanto, me sentía completamente desbordada por la situación. La falta de apoyo profesional agravó mi ansiedad», relata.
La Dra. Díaz Marsa también subraya que, aunque la terapia psicológica es crucial, en muchos casos también es necesario un tratamiento farmacológico. «El uso de antidepresivos y otras terapias farmacológicas puede ser necesario en casos graves. La clave está en tratar a cada mujer de manera integral, teniendo en cuenta su historia clínica, sus emociones y su situación social», concluye.














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