cuando la investigación sanitaria genera valor real

Anuario iSanidad 2025
Dr. Javier de Castro Carpeño, director científico del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Universitario La Paz (IdiPAZ)
Durante décadas, el valor de la investigación científica se ha medido fundamentalmente a través de indicadores bibliométricos: número de publicaciones, citas o factor de impacto de las revistas.

Estos indicadores han sido —y siguen siendo— herramientas útiles para evaluar la calidad científica. Sin embargo, en el ámbito de la investigación sanitaria resultan claramente insuficientes si aspiramos a responder a la pregunta que realmente importa: ¿en qué medida la investigación mejora la vida de las personas?

La investigación biomédica no es un fin en sí mismo. Su verdadero sentido reside en su capacidad para transformar el conocimiento en mejores diagnósticos, tratamientos más eficaces, sistemas sanitarios más eficientes y, en última instancia, en una mejora tangible de la salud y el bienestar de la población. Medir ese impacto exige ampliar la mirada más allá de los indicadores clásicos y avanzar hacia una evaluación basada en el valor generado

El verdadero sentido de la investigación biomédica reside en su capacidad para transformar

Hablar de valor en investigación sanitaria implica incorporar dimensiones como los resultados en salud, la calidad de vida de los pacientes, la equidad en el acceso a las innovaciones, la sostenibilidad del sistema sanitario o el retorno social de la inversión pública. Una investigación puede no publicarse en una revista de alto impacto y, sin embargo, cambiar de forma decisiva la práctica clínica, optimizar procesos asistenciales o dar respuesta a necesidades no cubiertas.

Desde los institutos de investigación sanitaria, como el del Hospital La Paz (IdiPAZ), esta visión resulta especialmente relevante. Al estar integrados en hospitales públicos y en contacto directo con la práctica asistencial, estos institutos se encuentran en una posición privilegiada para orientar la investigación hacia problemas reales, con impacto directo en pacientes, profesionales y en el propio sistema sanitario.

En este contexto, el concepto de retorno social de la investigación adquiere un papel central. Cada euro invertido en investigación sanitaria genera beneficios que van mucho más allá del ámbito académico: reducción de costes evitables, mejora de la eficiencia, fortalecimiento del tejido innovador, generación de empleo cualificado y, sobre todo, mejoras en la salud de la ciudadanía. Incorporar metodologías que permitan estimar este retorno social no solo aporta transparencia, sino que refuerza la legitimidad de la inversión pública en investigación.

Cada euro invertido en investigación sanitaria genera beneficios que van mucho más allá del ámbito académico

Otro elemento clave es la transferencia del conocimiento. El valor no se crea únicamente en el laboratorio o en el artículo científico, sino en el proceso que convierte ese conocimiento en soluciones aplicables. Transferir investigación significa colaborar con profesionales sanitarios, pacientes, industria, decisores públicos y sociedad civil para que los resultados se integren en la práctica real. Sin transferencia no hay impacto, sin impacto no hay verdadero valor.

En este sentido, la innovación debe entenderse de manera amplia. Innovar no es solo desarrollar nuevas tecnologías o nuevos fármacos, sino también introducir cambios organizativos, modelos asistenciales, herramientas digitales o estrategias de prevención que aporten mejoras medibles en los resultados en salud. Muchas de estas innovaciones surgen de la investigación clínica y traslacional desarrollada en institutos como el IdiPAZ, donde la cercanía al paciente permite identificar necesidades y evaluar soluciones en contextos reales

Los institutos de investigación sanitaria tienen, por tanto, una responsabilidad creciente en este cambio de paradigma. No basta con producir conocimiento excelente; es necesario orientarlo estratégicamente hacia los retos prioritarios del sistema sanitario y de la sociedad. Esto implica definir agendas de investigación alineadas con necesidades reales, fomentar la investigación colaborativa y multidisciplinar, e incorporar indicadores de impacto social y sanitario en la evaluación de la actividad investigadora.

No basta con producir conocimiento excelente; es necesario orientarlo estratégicamente hacia los retos prioritarios del sistema sanitario y de la sociedad

Finalmente, comunicar este valor es tan importante como generarlo. La investigación sanitaria necesita un relato comprensible que conecte con la ciudadanía y con los medios de comunicación. Explicar cómo un proyecto de investigación mejora la vida de las personas, reduce desigualdades o contribuye a la sostenibilidad del sistema sanitario es esencial para construir confianza y apoyo social

Avanzar hacia una investigación basada en valor no significa abandonar la excelencia científica, sino complementarla. Significa reconocer que el verdadero impacto de la investigación sanitaria no se mide solo en citas, sino en vidas mejoradas, decisiones clínicas más informadas y sistemas de salud más justos y sostenibles

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