Redacción
En la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas 2026 (CROI 2026), se ha presentado los resultados de un estudio multicéntrico que demuestra que demuestra que las personas que viven con el VIH sometidas a trasplante hepático presentan resultados a muy largo plazo (15-20 años) comparables a los de pacientes sin infección por el virus. Con observaciones hasta julio de 2025 y con una mediana de seguimiento de 12 años, se comprobó que el 45% de los pacientes continuaban vivos, sin diferencias significativas entre ambos grupos. A los 15 años del trasplante la supervivencia de los pacientes con VIH fue del 50%, frente al 46% en los receptores sin VIH. La supervivencia del injerto fue del 47% en personas con VIH y del 43% en el grupo control.
Los resultados aportan evidencia sólida de que el trasplante hepático es una opción terapéutica eficaz y segura en personas con VIH cuando existe indicación clínica. En conjunto, los datos respaldan que, en el contexto actual de tratamientos antirretrovirales altamente eficaces, la infección por VIH ya no constituye una barrera para el acceso a procedimientos complejos como el trasplante de órganos.
La supervivencia a los 15 años tras el trasplante hepático de personas con VIH fue del 50%
Este estudio, el primero que se realiza en Europa, ha contado con la implicación de la Fundación Seimc-Gesida como entidad coordinadora a lo largo de más de dos décadas, así como de diversos investigadores de los centros de trasplantes. Durante la investigación se analizó la supervivencia del paciente, la supervivencia del injerto y la aparición de comorbilidades hasta 15 años después del trasplante. El estudio incluyó a 340 receptores de trasplante hepático realizados entre 2003 y 2012 en España, de los cuales 85 vivían con VIH. Cada caso se comparó con tres controles sin infección emparejados por centro, edad, sexo, centro hospitalario, coinfección por virus de hepatitis B o C y presencia de carcinoma hepatocelular.
La principal causa de fallecimiento fue la recurrencia de la infección por el virus de la hepatitis C, especialmente en los años previos a la disponibilidad de los antivirales de acción directa (AAD) frente al VHC. En la actualidad, todos los supervivientes del estudio habían logrado la erradicación del virus.
El análisis también evaluó por primera vez la aparición de enfermedades crónicas asociadas a largo plazo tras el trasplante (incluyendo patologías cardiovasculares, renales, metabólicas, respiratorias, neurológicas o neoplásicas) sin encontrar diferencias relevantes entre pacientes con y sin VIH. La única excepción fue la diabetes mellitus, que resultó significativamente más frecuente en los receptores sin VIH. Estos datos indican que la evolución clínica tras el trasplante en personas con VIH no implica una carga adicional de comorbilidad respecto a otros pacientes trasplantados.
El estudio demostró que el trasplante en personas con VIH no implica una carga adicional de comorbilidad
En la última visita de seguimiento, todas las personas con VIH mantenían supresión virológica con tratamiento antirretroviral, con un recuento mediano de linfocitos CD4 de 330 células por microlitro, estable a lo largo del tiempo. Los regímenes basados en inhibidores de la integrasa no potenciados constituyeron la terapia más utilizada en los últimos años, con el fin de evitar las interacciones medicamentosas con el tratamiento inmunosupresor (medicamentos calcineurínicos).
La investigación fue liderada por el Hospital Clínic de Barcelona y desarrollada en cuatro centros hospitalarios españoles con participación de investigadores vinculados al Grupo de Estudio del Sida de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Gesida), del Grupo de Estudio de Infección en el Trasplante y el Huésped Inmunocomprometido (GeSitra-IC) de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), a la Sociedad Española de Trasplante Hepático (SETH) y la Organización Nacional de Trasplantes (ONT).














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