impulsoras de la transformación sanitaria

Anuario iSanidad 2025
Dra. Carmen González Enguita, presidenta de la Asociación Española de Urología (AEU)
El año 2025 nos sitúa en un momento crucial para repensar el papel de las asociaciones científicas en nuestro ecosistema sanitario. Lejos de ser meras organizaciones gremiales, estas instituciones se han convertido en agentes transformadores esenciales para afrontar los desafíos que plantea la medicina del siglo XXI.

Como presidenta de la Asociación Española de Urología (AEU), fundada en 1911, he tenido el privilegio de liderar un proyecto de transformación que nos ha llevado a reflexionar profundamente sobre nuestra razón de ser y nuestro propósito. Y la conclusión es clara: las asociaciones científicas debemos ser mucho más que custodias del conocimiento. Debemos convertirnos en impulsoras de la transformación sanitaria.

El contexto actual nos exige una metamorfosis. La transformación digital, el envejecimiento poblacional, la medicina personalizada, los desafíos de sostenibilidad del sistema y la necesidad de una atención más humanizada no son simples tendencias: son realidades que redefinen completamente nuestra función. Las asociaciones científicas tenemos la responsabilidad de liderar esta transición no como observadoras, sino como protagonistas activas del cambio.

Las asociaciones científicas tenemos la responsabilidad de liderar esta transición no como observadoras, sino como protagonistas activas del cambio

Uno de nuestros roles fundamentales es la construcción y custodia del patrimonio científico. No hablamos únicamente de organizar congresos o publicar revistas científicas, aunque estos sigan siendo pilares importantes.

Hablamos de generar un legado intelectual que trascienda generaciones, de crear conocimiento que impulse la excelencia profesional y de establecer estándares de calidad que garanticen la mejor atención posible a los pacientes que atendemos.

La formación constituye otro eje vertebrador irrenunciable. En un entorno donde el conocimiento médico se duplica cada pocos años, las asociaciones científicas debemos ofrecer programas formativos rigurosos, actualizados y accesibles que permitan a nuestros profesionales mantenerse en la vanguardia.

Las asociaciones científicas debemos ofrecer programas formativos rigurosos, actualizados y accesibles que permitan a nuestros profesionales mantenerse en la vanguardia

Pero no se trata solo de actualización técnica: necesitamos formar profesionales con alma, capaces de integrar la excelencia científica con la calidez humana, la medicina basada en la evidencia (MBE) con la medicina centrada en la persona (MCP) y la medicina basada en el valor (VBHC, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, nuestro impacto debe trascender el ámbito estrictamente médico. Las asociaciones científicas tenemos una responsabilidad social ineludible: contribuir a la educación en salud de la población, combatir la desinformación médica, promover el acceso equitativo a la atención sanitaria y participar activamente en el diseño de políticas de salud basadas en la evidencia científica. Debemos ser la autoridad de referencia ante las instituciones políticas y sanitarias, medios de comunicación y sociedad civil.

Este papel amplificado requiere desarrollar un liderazgo clínico humanista: un liderazgo participativo, inspirador y transversal que integre a todos los actores del ecosistema sanitario, desde los profesionales jóvenes en formación hasta los referentes más experimentados, incluyendo a investigadores, gestores y pacientes. Solo desde esta visión integradora podremos generar el impacto que la sociedad necesita y merece.

Debemos ser la autoridad de referencia ante las instituciones políticas y sanitarias, medios de comunicación y sociedad civil

La revolución digital representa tanto una oportunidad como un desafío. Las comunidades virtuales, la formación interactiva, el telementoring y las plataformas colaborativas nos permiten romper barreras geográficas y democratizar el acceso al conocimiento.

Siempre la tecnología debe ser un medio, no un fin. Lo verdaderamente transformador es la conexión humana, el sentido de pertenencia, la construcción de una familia profesional donde cada asociado se sienta valorado y parte de un proyecto común.

Quizás uno de los aspectos más relevantes sea nuestra capacidad para consolidarnos como marca de confianza. En un mundo saturado de información contradictoria, las asociaciones científicas debemos ser faros de rigor, credibilidad y compromiso ético. Nuestra reputación se construye con acciones consistentes, transparencia y resultados tangibles que beneficien tanto a nuestros profesionales como a la sociedad en general.

Las asociaciones científicas debemos ser faros de rigor, credibilidad y compromiso ético

Mirando hacia el futuro, las asociaciones científicas tenemos ante nosotros una tarea apasionante: reinventarnos sin perder nuestra esencia, innovar sin renunciar a nuestros valores, crecer en influencia social sin abandonar nuestro rigor científico. Debemos construir puentes entre la tradición y la vanguardia, entre la ciencia y la humanización, entre el conocimiento técnico y el compromiso social, entre el presente y el futuro.

En definitiva, las asociaciones científicas del siglo XXI debemos ser espacios donde la excelencia se encuentre con la pasión; donde el rigor científico dialogue con la empatía; donde cada profesional pueda escuchar, compartir, aprender, crecer y contribuir a un propósito que nos trascienda: ofrecer la mejor atención posible a quienes depositan su salud en nuestras manos. Este es nuestro #HorizonteAEU25_29. Este es el compromiso de la Asociación Española de Urología.

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