IV Simposio de los Jóvenes Investigadores de la Ranme

Antonio G. García, médico y catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de la Fundación Teófilo Hernando
En el marco de un convenio conjunto, la Real Academia Nacional de Medicina de España (Ranme) y la Fundación Teófilo Hernando (FTH) dieron vida en 2018 al Foro Teófilo Hernando de Jóvenes Investigadores. Se trataba de acoger en la Academia a científicos entre los 30 y 40 años que, tras adquirir una sólida y amplia formación doctoral y posdoctoral, hayan sido capaces de desarrollar en España sus proyectos con autonomía y financiación propia.

En otras palabras, que hubieran sido capaces de montar su propio laboratorio en una institución, de poner en marcha una línea de investigación en el campo de las ciencias médicas y, rodeándose de jóvenes doctorandos, que hayan sido capaces también de poner sus aportaciones en el escaparate internacional de las revistas y congresos de prestigio. Ciencia española, hecha por jóvenes investigadores españoles en España. Lo que tanto añorara y pidiera don Santiago Ramón y Cajal hace un siglo.

Me imagino al sabio histólogo español, padre de la neurociencia mundial, sentado en su sillón de la Academia, escuchando las muy interesantes ponencias que hicieron los jóvenes científicos del Foro, en el marco de su IV Simposio, que celebraron los días 2 y 3 del presente mes de julio llenando con su presencia y la de sus doctorandos la histórica y estética aula magna, el vestíbulo y la sala de Académicos de la Ranme. Cajal estaría feliz haciendo preguntas a cada ponente y pensando que ese Foro, el de Jóvenes Investigadores de la Ranme, iba a sacar a España de su ostracismo científico.

La Ranme, en colaboración con la FTH, creó en 2018 un Foro de Jóvenes Investigadores

Pero ¿quiénes son y qué hacen esos 22 jóvenes científicos que han ingresado hasta ahora en el Foro de la Ranme? Tienen en común la práctica científica médica en universidades y centros de investigación españoles de Granada, Málaga, Alicante, Murcia, Barcelona y Madrid. Consiguen por sí mismos los recursos necesarios para mantener sus laboratorios, de fuentes diversas, en convocatorias competitivas a nivel nacional y europeo. Y desarrollan sus temas de investigación con total libertad. Y para alcanzar este estatus de estabilidad en España, ¿qué camino han tenido que recorrer?

Estos jóvenes científicos no encontraron ya definido su camino; lo construyó cada uno de ellos andando, en el sentir de Antonio Machado: grado de ciencias médicas (medicina, farmacia, biología, química, bioquímica…), doctorado, posdoctorado (generalmente en buenos centros extranjeros), reincorporación a un centro español con becas y contratos de investigación y obtención de una plaza estable. Un camino largo, que para recorrerlo con éxito exige una férrea disciplina y un desmesurado amor por la ciencia.

Estos privilegiados jóvenes se ganaron un incuestionable derecho a montar su propio laboratorio y a obtener los recursos necesarios para perseguir sus ideas y proyectos científicos. Y a ello llegaron porque en el sentir de Robert Frost, en la bifurcación del camino de sus vidas, estos jóvenes eligieron el menos transitado y arduo de la ciencia; y eso marcó toda la diferencia. ¿Y qué hacen estos jóvenes investigadores, con sus colaboradores, doctorandos y técnicos de laboratorio, en sus centros de trabajo españoles?

En el periodo 2018-2026 el Foro se ha enriquecido con la incorporación de 22 jóvenes investigadores que hacen ciencia de impacto internacional en España

Tengo cierta idea de lo que hacen porque asistí como testigo a su IV Simposio, organizado por el doctor Pablo Pelegrín, de la Universidad de Murcia. Hubo 12 ponencias y una veintena de pósteres. Fue harto interesante constatar la pluridisciplinariedad de los temas tratados, desde la microcirugía y la interfaz máquina-humano para repasar las graves lesiones de nervio periférico hasta el uso de la inteligencia artificial para diseñar algoritmos que interpreten la mímica de la cara durante el dolor; desde la ApoE4 en la enfermedad de Alzheimer hasta los factores que regulan la agregación proteica en esta enfermedad; desde las nanopartículas para dirigir fármacos al cerebro hasta la regulación por el sistema inmune del envejecimiento; desde la conectividad cerebelosa temprana hasta la neuroprotección para preservar la función gerosupresora del riñón; o desde la nutrición con nuevos alimentos polifenólicos derivados del algarrobo hasta la búsqueda de nuevas estructuras moleculares que, eventualmente, pudieran transformarse en nuevos fármacos anticancerosos.

El simposio se cerró con la incorporación de la doctora María Dolores Martín de Saavedra como nueva miembro del Foro, con una conferencia sobre su original trabajo, relacionado con la escisión de ectodominios proteicos, un mecanismo de procesamiento proteolítico de proteínas de membrana que parece estar implicado en los trastornos del neurodesarrollo, con especial atención a la clarificación de la patogenia del autismo.

Quizás desde una perspectiva purista, dados los tiempos que corren, podría pensarse que la multidisciplinariedad del Foro carece de sentido en un mundo en que la ciencia y la medicina se han superespecializado. Hoy, un científico que quiera dominar un determinado campo se superespecializa hasta el punto de dedicar su vida al esclarecimiento de la estructura y función de una única proteína, de los miles que contiene una sola célula. Sin embargo, esta monográfica dedicación al planteamiento y solución de un problema no es obstáculo para seguir los avances de las investigaciones en otros campos; el científico debe estar al tanto de esos avances que, directa o indirectamente, pueden afectar al desarrollo de sus propios problemas.

Los investigadores del Foro acaban de celebrar su IV Simposio Científico en la Ranme

Así, cuando en el marco del Simposio Pablo Pelegrín (Universidad de Murcia) habló de inflamación y del inflamasoma en la sepsis, otros jóvenes investigadores por ejemplo, los que se interesan por la patogenia y la neuroprotección farmacológica, piensan en el estado de neuroinflamación crónica que está presente en el alzhéimer y otras enfermedades neurodegenerativas (Juan Fortea, Hospital de la Santa Creu y Sant Pau, Barcelona; David Bagglietto-Vargas, Universidad de Málaga; Valle Palomo, IMDEA Neurociencia, Madrid; Rafael León, CSIC, Madrid). En este contexto cabe reseñar la ponencia de Juan Antonio Moreno (Instituto de Neurociencias, Universidad Miguel Hernández/CSIC) sobre la conectividad cerebelosa y sus efectos remotos sobre la maduración cerebral y la fisiopatología de los trastornos del neurodesarrollo; esta conectividad entre neuronas tiene interés en el contexto patogénico del alzhéimer.

Hoy ya no hay una discusión de ciencia avanzada en que no esté presente la inteligencia artificial. Por ejemplo, el cirujano Andrés Maldonado (Hospital de Getafe, Madrid) se dedica a reparar e intentar recuperar la función de un nervio periférico traumáticamente dañado. La reconstrucción biónica integra la cirugía reconstructiva con las interfaces tecnológicas para convertir ciertas señales biológicas en función útil. Estas avanzadas estrategias informáticas, que se están potenciando drásticamente con la aplicación de la inteligencia artificial (IA) ya se han aplicado en sus investigaciones por otros miembros del Foro. Tal es el caso de Alberto Ocaña (Hospital Clínico San Carlos, Madrid) con la integración de datos multiómicos para la identificación de nuevas dianas oncogénicas con la idea de buscar y desarrollar nuevos fármacos antineoplásicos.

En el Simposio han participado también los más jóvenes doctorandos que hacen sus tesis doctorales con la tutela de los investigadores del Foro

De la IA se valió también el investigador del Foro Enrique Cobos (Universidad de Granada), para crear algoritmos computacionales que analicen e interpreten con objetividad la conducta animal en respuesta al dolor y a los fármacos analgésicos. Es plausible que en el próximo Simposio del Foro veamos más y más aplicaciones de la IA, que está invadiendo todos los campos de la ciencia a marchas forzadas.

Frenar el envejecimiento es un viejo tema de la literatura: Johann Wolfgang von Goethe creó el mito de Fausto, un anciano erudito que, desencantado con la vida y frustrado por los límites del conocimiento, vende su alma a Mefistófeles a cambio de recuperar la juventud y la vitalidad. También en el Simposio del Foro se analizó este curioso tema. Así, María Mittelbrunn (Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, UAM, Madrid) propuso una integración de intervenciones genéticas, celulares, farmacológicas y nutricionales para restaurar la funcionalidad de los linfocitos T deteriorada con la edad, mejorar la respuesta inmune y favorecer un envejecimiento saludable.

En este tema abundó María Dolores Sánchez Niño (Fundación Jiménez Díaz, Madrid) que utiliza estrategias para mantener la función gerosupresora del riñón y limitar el impacto sistémico sobre el envejecimiento biológico. En este contexto también estuvo el trabajo de Jara Pérez-Jiménez (CSIC) con sus estudios de nuevos componentes nutricionales como la harina de algarroba, en las enfermedades nutricionales. A estas ponencias impartidas por los miembros del Foro hay que añadir la valiosa aportación de sus colaboradores doctorandos en forma de una veintena de pósteres, presentados y defendidos oralmente. Abundaron sobre los temas arriba esbozados y sobre otros distintos desarrollados en los laboratorios de otros jóvenes miembros del Foro que no presentaron ponencias en este cuarto Simposio.

Además de los simposios, alentados por el presidente de la Ranme, los jóvenes del Foro están programando una serie de minicursos para despertar vocaciones científicas entre los jóvenes universitarios de grado y posgrado

Los jóvenes del Foro, alentados por el profesor Eduardo Díaz-Rubio, presidente de la Ranme, están madurando una nueva idea para aumentar sus actividades en la Ranme y dar visibilidad social y despertar vocaciones científicas entre los estudiantes del grado en carreras biomédicas y entre los doctorandos. Para ello, entre los simposios del Foro, que tienen periodicidad bienal, celebrarán en la Academia cursos sobre sus temas de trabajo, en otoño y primavera de cada año. Es seguro que tendrán éxito pues los profesores son jóvenes del Foro que hacen excelente ciencia médica en España y los potenciales alumnos son jóvenes, más jóvenes aún, que hacen carreras científicas, pero no tienen certeza del camino a seguir. Estos minicursos, además darán más visibilidad social al Foro y a la Ranme. Espero hacer una reseña del primer curso que los miembros del Foro celebren este otoño.

Hay muchos programas en la TV y en revistas y periódicos con alusión a las ciencias. Pero es seguro que ninguno tiene el impacto de unos cursos ideados por jóvenes que hacen ciencia internacional en España, dedicados a otros jóvenes estudiantes de carreras científicas. Ideas de jóvenes para jóvenes y catalizándolas, en el trasfondo de las mismas, la Real Academia Nacional de Medicina de España.

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