la historia del sargento del Ejército que viajó kilómetros para sentir el calor de hogar

Un abrazo de mamá siempre reconforta.

Atravesar 527 kilómetros, a 193 millas, desde la base militar de Tolemaida hasta Bucaramanga a bordo del Turbo Commander 118 de la Aviación del Ejército Nacional, solo para sentir el calor de los brazos de la mujer más importante de su vida, no es un acontecimiento menor para el sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves.

«En este momento estoy nervioso, pero tengo mucha alegría. No quepo de la felicidad de verme con mi mamá y ver a mi hermana también. Estoy muy contento la verdad, y muy agradecido con Dios que me está dando esta oportunidad para ver otra vez a mi mamá» dice con una sonrisa en el rostro.

Luego, revela qué es lo primero que hará al verla.

«Abrazarla. Abrazarle y decirle que la extrañé mucho y que la adoro. Es mi adoración junto con mi esposa y mi hija», cuenta con lágrimas en sus ojos.

Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves.
Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves. Crédito: Valesca Alvarado Ríos.

El traje de ‘astronauta’ y el sueño de portar el uniforme del Ejército Nacional

Estar lejos de casa es, para muchos militares, el precio que se paga por cumplir el sueño de portar el uniforme y proteger la bandera tricolor.

El sargento Portilla es parte del ejército desde hace 12 años. Es del Arma de Aviación y se desempeña como bombero aeronáutico dentro de la División de Aviación de Asalto Aéreo.

En sus manos está la vida y seguridad de los militares que aterrizan en la base para abastecer de combustible las aeronaves. Si ocurre alguna emergencia, tiene tan solo un par de segundos para actuar.

«En este momento me desempeño como comandante incidente ante cualquier evento que se puedan presentar con cualquier aeronave, bien sea de ala fija o de ala rotatoria. Tenemos que tener en cuenta que aparte de que cuidamos el esquema estratégico, lo más importante es cuidar y preservar la vida humana de nuestros tripulantes y del personal que vaya en nuestras aeronaves», explica mientras se cambia el camuflado por el traje de bombero.

Su trabajo, aunque exige de jornadas extensas, estar lejos de casa y sacrificar el tiempo junto a sus seres queridos, lo llena de orgullo.

Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves.
Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves. Crédito: Valesca Alvarado Ríos.

El traje que porta, a los ojos de un niño, es similar al de un astronauta. Pesa cerca de 20 kilogramos y dentro de él calor es agobiante. Pero en medio del caos, su destreza le permite moverse tan rápido como un leopardo, animal insignia de su tierra: Santander.

«Este traje aeronáutico consta de tres capas, lo que garantiza que este bombero pueda entrar a esta aeronave, ay sea que esté con motores encendidos o que tenga alguna falla, y que tengamos la capacidad para enfrentarnos hasta mil grados de temperatura dentro de la aeronave», cuenta.

De Tolemaida a Bucaramanga: el camino a casa

En medio de su día a día y lejos de pensar que estaba a punto de vivir un momento de felicidad plena, el sargento Portilla recibe la noticia de que el comandante de la División de Aviación del Ejército lo eligió para sorprender a su mamá, a quien no ve desde hace más de un año.

Los motores encendidos, los pilotos listos y el recorrido por la pista le aceleran el corazón.

Un ramo de flores en la mano, una a su esposa y a su hija y el brillo en los ojos anuncian el regreso a casa. Vamos rumbo a Bucaramanga.

«Lo que más extraño de mi tierrita es la arepa de maíz pelado, el caldo de huevo, el tamal, la carne oreada, el chivo, la pepitoria. Son costumbres arraigadas que tenemos nosotros. Siempre se lo dije y siempre lo voy a decir: ‘el que pisa tierra santandereana, es santandereano'».

Sobre el mediodía, el avión aterriza en el Aeropuerto Internacional Palonegro.

Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves.
Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves. Crédito: Valesca Alvarado Ríos.

Durante el cruce por los cielos santandereanos, el sargento Portilla mira por la ventana, señala las montañas y recuerda sus años de infancia. Una infancia marcada por la fortaleza de su mamá, una mujer que en medio del reciclaje lo sacó adelante junto a sus tres hermanos.

En Bucaramanga empieza la ‘Operación Sorpresa’.

La cita del reencuentro sorpresa: el plan que se gestó con una llamada de ‘negocios’

El capitán Edwin Correa, de Aviación del Ejército, y Karen, la hermana del sargento, fueron los cómplices.

El plan era citar en un punto de Chimitá, en Girón, a Marta Patricia Gelves con la excusa de venderle un cargamento de material para procesar. Al otro lado de la línea sonó su voz.

– Aló, buenas tardes.

– Aló, muy buenas tardes.

– Tengo el gusto de hablar con la señora Marta Patricia.

– ¿Quién la llama? Disculpe.

– Edwin Correa. Su contacto me lo facilitó el señor Luis Eduardo.

– Ah, sí, señor. Sí, señor. Mucho gusto.

– Señora Marta, es que tengo un material para ver si usted me puede hacer un favor de revisarlo. A ver si de pronto lo podemos comercializar y nos vemos en 20 minutos en Abastos.

– Hágale. Sí señor. Con gusto.

Cuando el sargento escucha la voz de su mamá, se le acelera el corazón.

Sabe que es cuestión de minutos para que llegue el tan anhelado abrazo. Se toma unos segundos para ver su ciudad natal, se sorprende al ver cómo ha crecido y toma fuerzas para seguir el camino.

Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves.
Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves. Crédito: Valesca Alvarado Ríos.

En la van empieza a temblar, le bajan las gotas de sudor por el rostro, mueve las piernas y toma con fuerza el ramo de flores.

El camino lo transporta a su infancia y de un momento a otro ve la camioneta de su mamá. No puede resistir la emoción.

«Allá ya le vi la camioneta. Ya vi la camioneta. Mire, mi capitán. Es la camioneta de estacas que está adelante», dice mientras la voz se le empieza a cortar.

Y al preguntarle cómo se siente, asegura que «ansioso, contento. Estoy que me bajo de la camioneta. Desde aquí la estoy viendo».

El reencuentro, las lágrimas y el amor incondicional de madre

Una vez en el punto de encuentro, el capitán Correa hace la última llamada y va en busca de la protagonista de esta historia. Ella no sospecha nada.

Mientras tanto, el sargento Portilla se esconde detrás de un camión.

Las personas alrededor lo miran con asombro y muchos se quedan expectantes al ver la escena.

Doña Marta, como buena santandereana, viene negociando el material cuando de un momento a otro su hijo sale frente a sus ojos. Las lágrimas empañaron sus rostros.

«Ay, Dios míos, muchas gracias. Qué sorpresa tan hermosa, Dios me los bendiga. De verdad que estoy muy feliz, no me lo esperaba, no me lo esperaba. Gracias, mi amor. Gracias, Señor. Qué bendición tan linda, y gracias a a todos ustedes», dice doña Martha mientras no deja de abrazar a su hijo y de llorar de la emoción.

Pasan varios minutos y el sargento Portilla, sigue aferrado al calor de los brazos de mamá.

Con el corazón latiendo fuerte y la felicidad propia del reencuentro, el sargento Portilla, su hermana y su mamá, inician el recorrido a casa.

Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves.
Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves. Crédito: Valesca Alvarado Ríos.

De vuelta a su hogar: el recuerdo de los años de infancia

En casa, lo primero que hace es comer mogolla con queso, probar el tinto de mamá y adelantar agenda. Doña Marta, aún en su asombro, cuenta cómo se siente.

«Es una felicidad muy enorme, enorme. Gracias a Dios, yo no esperaba este regalo tan maravilloso de encontrarme con mi hijo de esa forma tan sorpresiva. Fue una sorpresa divina, estoy muy contenta, muy feliz. Solo la alegría de tenerlo aquí al lado es enorme», dice mientras lo abraza nuevamente.

Entonces, agrega que «todos los días le pido a Dios y le doy gracias por cada día que amanece y él me llama y me dice, ‘mamá, estoy bien, bendición’. Ese es el mejor regalo que nosotras podemos tener como madres todos los días, el saber que nuestros hijos están bien».

Además, recuerda cómo fue sacarlo adelante en el seno de una familia humilde y también el orgullo que lleva en su pecho.

«Fue difícil, pero no imposible. Le pedíamos mucho a Dios que nos diera salud para poderlos sacar adelante. Ya con con la ayuda del papá y con mi trabajo, con mi esfuerzo, logré sacar a mis cuatro hijos adelante, gracias a Dios, y aquí estamos. Me siento muy orgullosa de ellos, muy orgullosa y bendecida con los hijos que tengo», cuenta.

Pero doña Marta no fue la única sorprendida. Karen, la hermana menor del sargento Portilla, lo esperaba con sobrino a bordo.

Luis Eduardo tiene siete meses en la barriga de mamá y al sentir la voz y las manos de su tío también hizo una fiesta.

«Estoy feliz, feliz porque ya por fin el tío vino a que lo toque en la panza», dice Karen, cuando de pronto, el bebé empieza a patear con temple.

Mire, me pateó, me está pateando. Está pateando, está pateando.

– Tío, si usted me canta, yo me muevo .

– Sí, está pateando, vea.

– Conózcale la voz al tío Marco. Es el tío Marco.

– Sí, ‘papá’. Dios lo bendiga.

Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves.
Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves. Crédito: Valesca Alvarado Ríos.

El momento de la despedida: ‘hasta pronto, mamá’

El calor de casa, la comida de mamá, el recorrido por el barrio y el saludo a las mascotas, aunque llenan de emoción, también les parte el corazón cuando doña Marta, casi en tono de súplica, le pide quedarse un ratico más.

Sin embargo, llega el momento de la despedida.

«Con mucha alegría por haberlo tenido así fuese un momentico, y con mucha tristeza de saber que vuelve y se me va. Con la bendición de Dios, que el Señor me lo lleve, que Dios me lo acompañe y que me lo vuelva a traer pronto», dice mientras le da la bendición sin poder ocultar la tristeza en sus ojos.

Aún así, atesora ese momento.

«Es una bendición de Dios. Son los raticos que le pedimos a Dios todos los días, son los mejores momentos. El abrazo de un hijo y saber que están bien es el mejor regalo que podemos tener como mamás».

Con las baterías recargadas está listo para regresar a Tolemaida. Su traje de ‘astronauta’, o mejor, de bombero aeronáutico lo espera en su unidad.

Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves.
Sargento segundo Marco Fidel Portilla Gelves. Crédito: Valesca Alvarado Ríos.

Desde la ventana del carro, el sargento segundo Marco Fidel Portilla, del Ejército Nacional, mueve la mano de un lado a otro para despedirse de su mamá y su hermana mientras el carro avanza por las calles polvorientas.

Ellas le devuelven el gesto con lágrimas en los ojos y el anhelo de tenerlo cerca un poco más.

Un nudo le aprieta la garganta y llora con desconsuelo. No sabe cuándo volverá a verlas, pero está seguro de que la distancia no cambia el amor de la familia.

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