La Semfyc insta a que se tomen medidas estructurales para reducir inequidades frente a las olas de calor

Redacción
La Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc) insta, en plena sucesión de olas de calor a lo largo de julio, a que se tomen medidas estructurales como la mejora de las condiciones laborales, el acceso a la energía, la eficiencia de las viviendas y una planificación urbana con perspectiva de equidad.

La sociedad científica recuerda que factores como la pobreza energética, la dependencia, la edad avanzada o las enfermedades crónicas aumentan la vulnerabilidad de la población frente a episodios de calor extremo. Y las condiciones de vida y el entorno son condiciones que repercuten de manera crucial a la hora de protegerse frente a temperaturas extremas.

“La susceptibilidad de las personas a las temperaturas extremas no depende en exclusiva de factores individuales, si no que tiene una relación muy estrecha con las condiciones en las que vivimos y trabajamos, es decir, con los determinantes sociales de la salud”, afirma Dra. Sandra Robles, médica de familia y coordinadora del Grupo de Trabajo de Inequidades en Salud de la Semfyc.

En este sentido, señala que un 17% de los hogares presenta un gasto energético desproporcionado respecto a sus ingresos, una situación que puede limitar el uso de sistemas de refrigeración y favorecer problemas como la deshidratación, los golpes de calor o la descompensación de enfermedades previas.

La Semfyc subraya que la reducción del impacto del calor requiere medidas que vayan más allá de la intervención sanitaria

Entre los colectivos con mayor riesgo se encuentran las personas mayores, los menores de cuatro años, quienes viven solos, las personas dependientes, los pacientes con enfermedades crónicas como patologías cardiovasculares, diabetes, EPOC, insuficiencia renal, demencia u obesidad, así como las personas con bajos ingresos, desempleadas o con viviendas poco eficientes energéticamente. La Semfyc destaca también una mayor vulnerabilidad entre mujeres que viven solas y familias monomarentales.

Desde atención primaria, los profesionales realizan actuaciones preventivas como la identificación de personas vulnerables, el seguimiento de pacientes con patologías de riesgo, la adaptación de tratamientos ante episodios de calor extremo y la activación de redes familiares y sociales de apoyo. Además, los médicos de familia utilizan herramientas como las alertas meteorológicas y los sistemas de vigilancia del riesgo de mortalidad asociados a las temperaturas.

“Además, el propio calor también favorece el aumento de la siniestralidad laboral y los accidentes de tráfico, el número de ahogamientos (que no deja de subir cada vez más desde meses más tempranos en los últimos años) y las intoxicaciones alimentarias”, recuerda la Dra. Robles.

No obstante, la Semfyc subraya que la reducción del impacto del calor requiere medidas que vayan más allá de la intervención sanitaria. La sociedad médica reclama políticas públicas orientadas a mejorar las condiciones laborales, la eficiencia energética de las viviendas, el acceso a la energía y la planificación urbana sostenible, con el objetivo de reducir las desigualdades que aumentan la exposición y los daños asociados a las altas temperaturas.

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