Redacción
La Sociedad Española de Neurología Pediátrica (Senep) ha advertido de un incremento de casos en consultas de neuropediatría de lo que se conoce como «autismo digital«, un fenómeno relacionado con el uso excesivo de pantallas en edades tempranas y que puede provocar síntomas similares a los del trastorno del espectro autista (TEA).
Con motivo del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, que se conmemora el 2 de abril, la sociedad científica ha subrayado que, aunque este término no constituye una categoría diagnóstica oficial, describe a niños que presentan alteraciones en la interacción social derivadas de una exposición prolongada a dispositivos electrónicos.
La co-coordinadora del Grupo de Trabajo de Trastornos del Neurodesarrollo de la Senep, la Dra. Begoña Huete, ha explicado que el uso abusivo de pantallas puede interferir en procesos clave del desarrollo infantil: «Los niños que pasan largas horas frente a los estímulos digitales pueden mostrar una falta de respuesta al nombre, escaso contacto ocular, y una preferencia por el aislamiento, que imitan a las conductas autistas».
«Los niños que pasan largas horas frente a los estímulos digitales pueden mostrar una falta de respuesta al nombre, escaso contacto ocular, y una preferencia por el aislamiento», ha señalado la Dra. Begoña Huete
Por eso, defiende que distinguir entre un trastorno del espectro autista de base neurobiológica y el impacto del abuso digital es fundamental, recordando que el cerebro infantil requiere de la interacción humana, del cara a cara, para aprender no sólo el lenguaje expresivo, sino también la pragmática del lenguaje, la atención conjunta, y la regulación emocional.


Sin embargo, la Dra. Huete ha destacado que es una tendencia que se puede revertir si se actúa de forma precoz: «Cuando estos estímulos naturales son sustituidos por una pantalla, lo que vemos es un ‘retraso’ en el desarrollo de las áreas prefrontales que, afortunadamente, en muchos casos puede revertirse retirando las pantallas, y a través de programas de estimulación. Esto debería hacernos conscientes de la importancia de educar a las familias sobre los riesgos de la digitalización precoz».
Recomendaciones y aumento de diagnósticos
Desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) han establecido una serie de recomendaciones en base a la edad: evitarcompletamente el uso de pantallas en menores de seis años, limitarlo a una hora diaria entre los 7 y los 12 años, y a dos horas en adolescentes, siempre bajo supervisión.
En paralelo, la Senep recuerda que el TEA es una condición del neurodesarrollo de base neurobiológica que afecta aproximadamente a 1 de cada 100 personas en España, lo que supone alrededor de 500.000 personas. En las últimas décadas, los diagnósticos han aumentado de forma progresiva debido a una combinación de factores clínicos, sociales y diagnósticos.
Las recomendaciones de los pediatras pasan por no permitir el uso de pantallas en menores de seis años, limitarlo a una hora diaria entre los 7 y los 12 años, y a dos horas en adolescentes
«La mayor concienciación a nivel social también juega un papel clave, y los padres y educadores están hoy en día más alerta ante las señales de riesgo, lo que ha reducido la edad media de sospecha, aunque el diagnóstico final sigue estando en torno a los 4- 5 años«, ha indicado la Dra. Huete.
Ha recordado, además, que el diagnóstico del TEA es clínico a través de los criterios DSM V, pero necesita un proceso riguroso para descartar comorbilidades y establecer una etiología cuando sea posible: «Es el neuropediatra el encargado de dicho proceso realizando una evaluación multidisciplinar, que incluye: la historia clínica detallada, la observación del comportamiento, y la exploración física y neurológica minuciosa, buscando estigmas cutáneos, rasgos dismórficos que sugieran síndromes genéticos, o alteraciones en el perímetro cefálico».
La Dra. Huete ha precisado también que este especialista «no sólo hace el diagnóstico, sino que coordina la derivación a otros especialistas como logopedas, psicólogos, y terapeutas ocupacionales, asegurando un plan de acción coherente y basado en la evidencia».
Desigualdades y necesidad de recursos
Desde la Senep también han advertido de desigualdades entre comunidades autónomas en el acceso a diagnóstico y tratamiento. «El diagnóstico de autismo no es el final sino el principio de una etapa de acompañamiento», ha completado la especialista, quien ha señalado que existen «desigualdades inaceptables entre comunidades autónomas».
Asimismo, ha alertado del vacío asistencial que se produce a partir de los seis años, cuando finalizan los servicios de atención temprana. «El acompañamiento debe ser universal, sistemático, y», ha finalizado, «suficientemente intensivo para responder a las necesidades reales de cada niño».














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