Fátima del Reino Iniesta (Maspalomas, Gran Canaria)
El prurito se ha consolidado como un objetivo terapéutico clave en el abordaje de la dermatitis atópica. Así lo destacaron varios especialistas durante la mesa El prurito como objetivo terapéutico: presente y futuro en dermatitis atópica, patrocinada por Galderma, en la que se analizó el papel de la IL-31 y el potencial de nemolizumab en el control de la enfermedad.
El Dr. Francisco J. Navarro Triviño, del Hospital Universitario San Cecilio de Granada, centró su ponencia en IL-31: el eje clave del prurito en la dermatitis atópica. Durante su intervención, subrayó que esta citoquina “juega un papel muy importante en el picor de la dermatitis atópica”, aunque añadió que no actúa solo como molécula pruritogénica, sino que también participa en la fisiopatología de la enfermedad.
La dermatitis atópica puede afectar hasta al 20% de la población pediátrica y al 4,4% de la población adulta europea, según expuso el especialista. Además, recordó que uno de cada cuatro pacientes debuta en la edad adulta y que algunos perfiles pueden presentar una evolución más prolongada y grave.
El prurito condiciona el sueño, la salud mental, las relaciones interpersonales y la calidad de vida de los pacientes con dermatitis atópica
El Dr. Navarro explicó que la enfermedad tiene una carga visible, marcada por lesiones, morfología, localización, desencadenantes y comorbilidades. Sin embargo, incidió en la importancia de la carga no visible, formada por síntomas como el picor, el dolor, la alteración del sueño y el impacto sobre la salud mental y la calidad de vida.
El picor gobierna buena parte de la carga no visible
Desde el punto de vista fisiopatológico, el especialista señaló tres pilares fundamentales en la dermatitis atópica: la genética, la alteración del microbioma y la participación del sistema inmune. En este último punto, destacó el papel de la inflamación T2 y de citoquinas como IL-4, IL-13 e IL-31. “El picor es un síntoma muy importante en la dermatitis atópica y me atrevería a decir que no hay dermatitis atópica sin picor”, afirmó el Dr. Navarro. En este sentido, recordó que los pacientes sitúan el control del picor entre sus principales preocupaciones, por encima de otros síntomas.
También mencionó factores desencadenantes como el estrés, el sudor, los cambios meteorológicos, el aire seco, el calor o la polución. Estos elementos pueden provocar brotes y empeorar el prurito, sin que necesariamente exista una pérdida de respuesta al tratamiento. La IL-31 se une a su receptor alfa y activa vías de señalización implicadas en el picor. Según explicó el Dr. Navarro, bloquear esta vía puede tener impacto no solo en el prurito, sino también en la inflamación, la fibrosis y la función barrera de la piel.
La IL-31 se sitúa como una de las principales dianas terapéuticas por su papel en el picor, la inflamación y la barrera cutánea
La Dra. María Constanza Riquelme Mc Loughlin, del Hospital Clínic de Barcelona, abordó en su ponencia Del prurito al control de la enfermedad: ¿estamos ante un nuevo paradigma con nemolizumab? la evidencia clínica disponible sobre este fármaco. La especialista repasó los ensayos Arcadia I y II, estudios pivotales que incluyeron pacientes adultos y adolescentes con dermatitis atópica moderada o grave. En estos estudios se evaluó nemolizumab cada cuatro semanas junto con corticoides tópicos frente a placebo.
Entre los criterios de valoración se incluyeron la reducción del IGA, la respuesta Easi 75, la mejora del prurito y la reducción de los trastornos del sueño. Según la Dra. Riquelme, los resultados mostraron diferencias estadísticamente significativas frente a placebo en parámetros clínicos y sintomáticos.
Uno de los aspectos más relevantes fue la rapidez de respuesta en el picor. La especialista señaló que la mejoría fue significativa desde el segundo día de tratamiento y que una proporción de pacientes alcanzó niveles muy bajos de prurito durante las primeras semanas.
Los especialistas subrayan la necesidad de trasladar los resultados de los ensayos clínicos con nemolizumab a la práctica clínica real
El control rápido y sostenido del prurito, una prioridad terapéutica
La Dra. Riquelme también destacó los datos de mantenimiento a largo plazo. A las 104 semanas, se observaron respuestas sostenidas en prurito, sueño, lesiones cutáneas y calidad de vida. “Finalmente nosotros estamos ante una enfermedad crónica y esto no lo tenemos que olvidar”, afirmó durante el coloquio posterior.
En cuanto al perfil de seguridad, la especialista indicó que no se observaron nuevas señales respecto a los estudios iniciales. También resaltó la facilidad de administración del fármaco y su posible utilidad en pacientes con necesidades especiales o comorbilidades.
Tras las ponencias, se celebró el coloquio El prurito: ¿un marcador o un síntoma?, con la participación del Dr. Pedro Herranz Pinto, del Hospital Universitario La Paz de Madrid; la Dra. Ángeles Flórez Menéndez, del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela y la Universidad de Santiago de Compostela; la Dra. María Constanza Riquelme Mc Loughlin; y el Dr. Francisco J. Navarro Triviño.
El ciclo picor-rascado perpetúa la inflamación y el deterioro de la barrera cutánea
La Dra. Flórez defendió que el prurito es “el tráiler principal de la enfermedad” y recordó su impacto sobre múltiples esferas del paciente, como el sueño, el desarrollo personal y escolar, la salud mental y las relaciones interpersonales. “Es imprescindible que trabajemos para controlar el prurito”, señaló.
El Dr. Navarro coincidió en que no concibe la dermatitis atópica sin picor. Según explicó, al bloquear el picor se puede mejorar el rascado, la neuroinflamación, la alteración de la barrera cutánea y otros elementos implicados en la enfermedad.
Por su parte, el Dr. Herranz apuntó que nemolizumab parece actuar en dos fases: primero sobre el picor y, posteriormente, sobre el control de la enfermedad a largo plazo. “Es un fármaco que responde de una forma, controla el picor de una forma muy rápida, y sin embargo lo mantiene en el tiempo”, afirmó.
La adolescencia representa una ventana de oportunidad en el manejo de la dermatitis atópica moderada-grave
Los especialistas coincidieron en que el escenario terapéutico ha cambiado en la última década, aunque aún existen pacientes con control subóptimo, fracasos terapéuticos o limitaciones por seguridad y comorbilidades. En este contexto, disponer de mecanismos de acción diferentes puede facilitar una mayor personalización del tratamiento.
La adolescencia fue otro de los puntos abordados durante el debate. La Dra. Flórez recordó que esta etapa representa una ventana de oportunidad, especialmente por el impacto de las lesiones visibles, el estigma, el aislamiento social y los problemas intrafamiliares. En su opinión, los tratamientos autorizados desde los 12 años “tienen un plus” para este grupo de pacientes.
Los participantes concluyeron que el prurito en dermatitis atópica debe abordarse como un elemento central de la enfermedad y no como un síntoma secundario. Su control puede modificar la experiencia del paciente, mejorar el descanso y favorecer un manejo más integral de la patología.














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