Redacción
La Sociedad Española de Radiología Médica (Seram) ha propuesto la implantación de nuevos indicadores para impulsar la renovación periódica de los equipos de imagen médica en España y frenar la obsolescencia tecnológica. En concreto, la sociedad científica plantea alcanzar una tasa de renovación sostenible (TRS) del 11% anual, frente al 5% registrado en los últimos años.
La iniciativa se recoge en la nueva Guía para la Gestión y Renovación Tecnológica en Radiología 2026, elaborada junto a la Fundación Signo, un documento estratégico que analiza el estado del parque tecnológico en el Sistema Nacional de Salud (SNS) y propone un modelo de inversión estructural, planificado y sostenible.
El análisis evidencia un modelo de inversión “errático” en equipamiento radiológico, marcado por una crisis estructural prolongada desde la recesión de 2008, que ha derivado en un envejecimiento significativo de los equipos. Aunque la llegada de fondos europeos tras la pandemia de covid-19 permitió una renovación puntual, la Seram advierte de que el problema persiste, especialmente en modalidades clave como la tomografía computarizada (TC), la resonancia magnética (RM) y la angiografía.
El secretario general de Fenin, Pablo Crespo, puso de manifiesto que la patronal tecnológica trabaja para cuantificar los «impactos clínicos y económicos», provocados por la obsolescencia. El objetivo es poder presentar estos datos en 2027. «¿Cuánto cuesta no invertir en la renovación de este 11% del equipamiento tecnológico?», se preguntó durante su intervención.


En este contexto, reclamó trabajar «en un modelo sostenible y planificado para que nuestro sistema sanitario no haya equipos obsoletos. Con equipos obsoletos, los pacientes tienen peores diagnósticos, que los que se obtienen con equipamiento nuevo».
Aunque la llegada de fondos europeos tras la pandemia de covid-19 permitió una renovación puntual, la Seram advierte de que el problema persiste, especialmente en modalidades clave como la tomografía computarizada (TC), la resonancia magnética (RM) y la angiografía
Además, el estudio del periodo 2014-2025 identifica el denominado “efecto acantilado”, caracterizado por la acumulación simultánea de equipos obsoletos que requieren sustitución urgente, lo que tensiona los presupuestos y compromete la calidad asistencial.
“La renovación tecnológica debe dejar de ser un problema recurrente y convertirse en una política sanitaria planificada”, ha señalado el presidente de Seram, el Dr. José Carmelo Albillos, quien subraya la necesidad de adoptar modelos internacionales basados en planificación y monitorización continuas.
Para ello, la sociedad científica propone introducir dos indicadores clave: la TRS y el índice NACE (Número Anual de Compra de Equipos), que permitirían cuantificar y supervisar de forma sistemática el estado del parque tecnológico.
El objetivo es “transformar un modelo históricamente reactivo en un sistema estructural, planificado y sostenible que evite nuevos ciclos de obsolescencia tecnológica”, explica el Dr. Concepción
Según explica el Dr. Luis Concepción, responsable de asuntos profesionales de Seram y uno de los autores de la guía, el objetivo es “transformar un modelo históricamente reactivo en un sistema estructural, planificado y sostenible que evite nuevos ciclos de obsolescencia tecnológica”. En este sentido, advierte de que el retraso inversor impacta directamente en la seguridad de pacientes y profesionales.
Los datos del informe apuntan a que España necesitaría renovar aproximadamente el 11% anual de la base instalada en TC, RM y angiografía para mantener niveles adecuados de actualización tecnológica. Sin embargo, las inversiones correspondientes a 2024 y 2025 reflejan un déficit acumulado superior al 15% en estas modalidades.
Hacia una planificación estructural a cinco años
La guía plantea un cambio de modelo basado en la planificación plurianual —con horizontes de al menos cinco años— y en la consideración de la tecnología radiológica como infraestructura crítica del sistema sanitario.
Entre las principales medidas propuestas figuran la creación de un inventario nacional de tecnología de imagen gestionado por el Ministerio de Sanidad, la integración del ecosistema digital (incluyendo sistemas PACS, almacenamiento, redes y ciberseguridad) y la profesionalización de la contratación pública, priorizando modelos que vayan más allá del criterio exclusivo del precio.
Asimismo, se aboga por una mayor alineación entre el ámbito público y privado para garantizar estándares homogéneos de calidad y evitar desigualdades en el grado de obsolescencia tecnológica.
La presidenta de la Fundación Signo, Marisa Merino, ha destacado que esta guía aporta una “base objetiva” para planificar la renovación tecnológica de forma ordenada y orientada a resultados, basada en el análisis de múltiples fuentes de información sobre el estado de los equipos y la evolución de la demanda.
Un cambio de paradigma en la inversión tecnológica
La Seram concluye que el sistema sanitario debe abandonar los planes de choque intermitentes y avanzar hacia un modelo de inversión continua y estructural. La introducción de la TRS y el índice NACE supone, en este contexto, un cambio de paradigma: pasar de medir la obsolescencia de forma retrospectiva a planificar la inversión de forma prospectiva.
Con esta propuesta, la sociedad científica refuerza su papel como referente técnico en planificación de tecnología sanitaria y sitúa la renovación continua como un elemento clave para mejorar resultados clínicos, reducir dosis de radiación, acortar tiempos diagnósticos y reforzar la seguridad del paciente.














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