Fátima del Reino Iniesta
La resistencia antimicrobiana se ha consolidado como uno de los mayores retos para los sistemas sanitarios y una amenaza directa para la salud pública. En este contexto, España apuesta por nuevos modelos económicos y regulatorios que permitan impulsar el desarrollo de antibióticos innovadores sin comprometer su uso responsable. Así lo ha defendido María Jesús Lamas, directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), durante la jornada parlamentaria ¿Estamos preparados para una era post-antibiótica?, organizada por la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc) en el Congreso de los Diputados.
«Sólo actuando juntos, con políticas públicas sólidas y un enfoque One Health, podremos proteger la eficacia de los antibióticos y construir un futuro más seguro para todos», ha señalado Lamas, en referencia a un problema que trasciende el ámbito sanitario y afecta también a la sanidad animal, la agricultura, el medioambiente y la economía global.
Un fallo de mercado que frena la innovación antibiótica
Uno de los principales obstáculos para el desarrollo de nuevos antibióticos es, según la directora de la Aemps, un fallo estructural del mercado. «Necesitamos urgentemente nuevos antimicrobianos, pero al mismo tiempo hay que conservarlos y usarlos sólo cuando son estrictamente necesarios para proteger la salud de todos», ha explicado. Esta paradoja provoca que un antibiótico innovador genere menos beneficios económicos que otros medicamentos de distintas áreas terapéuticas, reduciendo el incentivo para su investigación y desarrollo.
Para corregir esta disfunción, Lamas ha defendido modelos de suscripción, que garantizan a las compañías una cantidad fija anual de ingresos, independientemente del volumen de ventas. Estos sistemas incluyen una monitorización continua del uso y las ventas, de modo que, si se supera lo establecido, «penalizaría ese retorno reglamentariamente fijado». El objetivo es desvincular ventas y beneficio, asegurando la sostenibilidad del sistema y el acceso a antibióticos estratégicos.
«Necesitamos urgentemente nuevos antimicrobianos, pero al mismo tiempo hay que conservarlos y usarlos sólo cuando son estrictamente necesarios para proteger la salud de todos»
Este tipo de políticas ya se están aplicando en otros países. Reino Unido y Suecia han aprobado modelos de suscripción, y a nivel europeo la Autoridad Europea de Preparación y Respuesta frente a Emergencias Sanitarias (Hera) impulsa mecanismos de compra conjunta e instrumentos para corregir fallos de mercado. Sin embargo, Lamas ha advertido de que algunos antibióticos llegan a desarrollarse y autorizarse fuera de Europa, sin estar disponibles en el continente.
Es el caso de combinaciones como sulbactam-durlobactam, autorizadas y en uso en Estados Unidos, pero que las compañías no han presentado a autorización en Europa, lo que limita las opciones terapéuticas frente a bacterias multirresistentes.
Un pipeline insuficiente
El problema se agrava por la escasez de nuevos antibióticos en desarrollo. Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2023 había 97 agentes antibacterianos en desarrollo clínico, cifra que descendió a 90 en 2025, sin una tendencia clara de crecimiento. De ellos, 50 son antibióticos tradicionales y 40 agentes no tradicionales, como bacteriófagos, anticuerpos o moduladores del microbioma.
No obstante, solo 15 pueden considerarse verdaderamente innovadores, al pertenecer a nuevas clases terapéuticas y no presentar mecanismos de resistencia conocidos. «El número de ensayos clínicos en curso confirma la fragilidad del sistema», ha subrayado Lamas, que ha alertado también de la dependencia de pequeñas empresas biotecnológicas, responsables de gran parte de la innovación, pero con serias dificultades financieras en fases clínicas avanzadas.
Durante la jornada se ha puesto de relieve la magnitud del problema en España. Más de 24.000 personas fallecen cada año por infecciones causadas por bacterias resistentes a antibióticos, una cifra veinte veces superior a las muertes por accidentes de tráfico, según un estudio impulsado por Seimc y publicado en The Lancet. A nivel global, se estima que las multirresistencias podrían convertirse en la primera causa de muerte en 2050, con 10 millones de fallecimientos anuales. Además del impacto en salud, las infecciones resistentes generan en España costes directos superiores a los 2.000 millones de euros al año, derivados de hospitalizaciones prolongadas y fracasos terapéuticos.
Desde 2014, España ha reducido el consumo de antibióticos un 13,5% en salud humana y un 69,5% en sanidad animal
En paralelo, Lamas ha puesto en valor el trabajo desarrollado en España a través del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), impulsado por la Aemps y alineado con las estrategias internacionales. Desde 2014, el consumo de antibióticos se ha reducido un 13,5% en salud humana y un 69,5% en sanidad animal, lo que demuestra «que las políticas bien diseñadas funcionan».
El plan se apoya en seis líneas de acción: vigilancia, control, prevención, investigación, formación y comunicación, e incluye iniciativas como la Red Estatal de Vigilancia de Salud Pública, los programas PROA, la guía terapéutica antimicrobiana del Sistema Nacional de Salud y campañas de sensibilización dirigidas a profesionales y ciudadanía. «La resistencia a los antibióticos no es un problema del futuro, es un desafío urgente del presente«, ha concluido Lamas.
La especialidad y la formación, una pieza clave
La formación de especialistas en enfermedades infecciosas ha sido otro de los ejes centrales del debate. En un escenario de medicina cada vez más personalizada, los expertos han defendido la necesidad de una especialidad MIR plena, alineada con los estándares europeos.
Dr. Membrillo: «Es esencial reforzar la formación con una especialidad MIR plena y alineada con los estándares europeos, lo que no cumple un ACE»
«Es esencial reforzar la formación con una especialidad MIR plena y alineada con los estándares europeos, lo que no cumple un ACE. Esta permitiría optimizar la selección del tratamiento antibiótico», ha explicado el Dr. Francisco Javier Membrillo, presidente de Seimc. Según ha señalado, este aspecto es especialmente relevante en infecciones tiempo-dependientes, como la sepsis. En este sentido, cada hora de retraso en la selección del antibiótico adecuado en sepsis aumenta el riesgo de muerte en un 8%.
A nivel europeo, el profesor Jean-Paul Stahl, presidente de la sección de Enfermedades Infecciosas de la Unión Europea de Médicos Especialistas (UEMS-ID), ha alertado de que España es el único país de la Unión Europea sin una especialidad reconocida en enfermedades infecciosas, lo que impide a sus médicos acceder al examen común europeo y limita la movilidad profesional.














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