Nieves Sebastián Mongares
Conocer si detrás de la obesidad hay una causa genética es fundamental para definir su abordaje. De hecho, tal y como reflejan las conclusiones de la revisión científica “The new era in childhood obesity” (“La nueva era en la obesidad infantil”) publicada recientemente en la revista Trends in Endocrinology & Metabolism, conocer este factor es determinante para tratar esta patología desde un enfoque personalizado.
Así, esta publicación concluye que hay personas que desarrollan obesidad porque tienen mutaciones en genes relacionados con el apetito. En palabras del profesor Jesús Argente, académico de número de Pediatría de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), catedrático de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid y jefe de Servicio de Pediatría y Endocrinología del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid, “la obesidad genética debe detectarse tempranamente mediante estudio genético adecuado en pacientes con obesidad de presentación precoz acompañada de un hambre incontrolado (hiperfagia)”. “De diagnosticarse, hoy disponemos de tratamientos médicos”, puntualiza el experto.
En este sentido, hay varios mecanismos implicados. Primeramente, el hipotálamo actúa como “centro de control” del hambre, por lo que las alteraciones en este sistema hacen que el cuerpo no regule bien la ingesta de alimentos. Por otra parte, la vía leptina-melanocortina es clave en el equilibrio energético y, cuando falla, pueden aparecer formas graves de obesidad. “El hambre y la saciedad en el ser humano se regulan a través del eje leptina-melanocortina (desde el tejido adiposo al hipotálamo en el cerebro); su conocimiento y los estudios genéticos determinan que podamos tratar médicamente la obesidad genética”, explica el profesor Argente.
El hipotálamo actúa como “centro de control” del hambre y la vía leptina-melanocortina regula el hambre y la saciedad, por lo que su conocimiento es esencial en el abordaje de la obesidad genética
También se han identificado varias alteraciones genéticas involucradas en el desarrollo de este tipo de obesidad infantil. Como apunta el profesor Argente, “son múltiples”. “Las mejor conocidas son las variantes bialélicas en los genes POMC, PCSK1 y receptor de leptina (LEPR) genes que, en condiciones normales, regulan el funcionamiento del receptor de melanocortina 4 (MC4R), controlando el apetito y la saciedad; por esta razón, el empleo de agonistas de melanocortina, como setmelanotida, en estos pacientes con mutaciones en los genes indicados regula el funcionamiento de MC4R, disminuyendo el apetito, generando pérdida de peso y controlando la hiperfagia”, detalla el académico.


Estos hallazgos también derivan en la clasificación de los diferentes subtipos de la enfermedad ya que, como especifica el profesor Argente “hay obesidades monogénicas sindrómicas y no sindrómicas”. Siguiendo este hilo agrega que “la investigación está en fase de amplio desarrollo y, como se indica en el manuscrito, son ya múltiples las alteraciones en genes conocidos y las anomalías en diversos síndromes, siendo el mejor conocido el síndrome de Bardet-Biedl”.
Impacto en el manejo de la obesidad genética
Así, el conocimiento sobre todos estos factores puede contribuir a desarrollar tratamientos dirigidos pero, también, a determinar el éxito de fármacos que ya se usan en la actualidad, como aquellos que actúan sobre el receptor MC4R, dado que se ha observado que no funcionan igual en todos los pacientes. Sobre este punto, el profesor argente precisa que “el fármaco más empleado en el momento actual es setmelanotida; previamente se emplearon otros agonistas de melanocortina que, debido a ciertos efectos cardiovasculares, no se emplearon en la práctica clínica”.
En cuanto a los motivos que influyen en su efecto, el profesor resalta que “el éxito del tratamiento con setmelanotida viene determinado por la existencia de una anomalía patológica en uno de los diferentes genes que regulan el apetito a través de MC4R”.
Los hallazgos resultantes de esta revisión abren nuevas vías para investigar la obesidad genética y los genes implicados en cada caso. “La investigación hoy se está desarrollando en la identificación de más de 100 genes potencialmente implicados en las bases fisiopatológicas de las obesidades monogénicas”, concreta el profesor Argente. Asimismo expresa que “abrumaría” la enumeración y descripción de las alteraciones genéticas sobre las que se está trabajando, aunque sí define esta investigación como “muy intensa”.
Aunque ya se han identificado más de 100 genes potencialmente implicados en las bases fisiopatológicas de las obesidades monogénicas, la investigación en este campo sigue siendo “muy intensa”
Con el conocimiento generado y las líneas en curso, el profesor Argente señala que la principal aportación es “saber que estas patologías existen y hay que diagnosticarlas”. Pero ello implica varios desafíos, como “formar al personal médico: pediatras, pediatras endocrinólogos y endocrinólogos, preferentemente”. “En segundo lugar, –apunta el experto- es preceptivo desarrollar unidades especializadas para un rápido diagnóstico genético de las formas mejor conocidas; ello, lógicamente, implica inversión y profesionales que lo desarrollen”.














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