Anuario iSanidad 2025
Dr. Juan Carlos Rueda, presidente de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo (AEEMT)
El sistema de bienestar pende de un hilo y no estamos tomando como sociedad las decisiones más acertadas. Hemos contemplado durante este 2025 cómo el colectivo de médicos se manifestaba de forma alarmante bajo su incomprensión de las condiciones de trabajo que viene sufriendo, con horarios que exceden cualquier convenio colectivo en cualquier otro sector, a lo que se suma la falta de un estatuto propio.


Desde la medicina del trabajo no parece que estas reivindicaciones sean un tema menor. Cuando cuidamos de la salud del personal sanitario nuestros compañeros médicos son los que reflejan mayor vulnerabilidad, tanto en aspectos psicosociales como el alza en trastornos mentales y consumo de benzodiacepinas. Todo esto acompañado de problemas para conciliar el sueño tras interminables jornadas de trabajo en las prolongadas guardias de 24 horas, con cifras elevadas de tendencia al suicidio.
Cuando cuidamos de la salud del personal sanitario nuestros compañeros médicos son los que reflejan mayor vulnerabilidad
Contemplamos con cierta impotencia cómo el sistema de trabajo se perpetúa desde hace años con un modelo asistencial que agoniza, con profesionales agotados, pero nuestra labor se centra en el cuidado y seguimiento de la salud de todos los trabajadores.


Y sí, hablamos de trabajadores, con la figura del plural masculino que la lengua española permite usar integrando ambos géneros de forma inclusiva, tal como aconseja la Real Academia Española (RAE), para así no sucumbir a la presión del relato ideológico que nos rodea.
El cuidado de los que cuidan se hace más difícil en los tiempos que corren. El absentismo escala de forma descontrolada ante la mirada incompetente de los políticos y estupefacta de los empresarios, descubriéndose cifras nunca pensadas que afectan en un día cualquiera a más de 1,5 millones de trabajadores que no acuden a su puesto de trabajo, lo que representa en la mitad de este año una estimación de gasto que supera el 3 % del PIB de nuestro país.
El cuidado de los que cuidan se hace más difícil en los tiempos que corren, donde el absentismo escala de forma descontrolada
Y con este panorama, que invita al desaliento, cada día trabajamos los que quedamos para cuidar de la salud de los que acuden a su puesto y de los que no, porque el estado del bienestar consiste en esto, en un sistema que sigue cuidando de los que se quedan atrás.
Muchos pensamos que se necesitan más profesionales especialistas en medicina del trabajo para colaborar en la gestión del absentismo desde las áreas de salud de atención primaria y poner un punto de sensatez en el fino equilibrio por el que pasa la enfermedad de un trabajador, las verdaderas limitaciones para su puesto de trabajo y los riesgos concretos del mismo. Si nos dejaran a nosotros participar en el absentismo, seguramente el resultado del partido sería diferente.
No nos equivoquemos en cuanto al recorrido que nos depara en nuestro envejecido estado del bienestar. Debemos asumir a estas alturas que o se produce un cambio drástico en el rumbo de la gestión de la oferta de servicios o mucho me temo que estaremos, más pronto que tarde, en un nuevo mundo con recorte de servicios que podremos pagar unos pocos y que consumirán otros muchos porque el sistema, evidentemente, se ha colapsado.
Necesitamos cambios y directivas claros sobre la gestión de la salud en el trabajo y recursos para desempeñar la promoción real de la salud en los trabajadores, así como para poner en marcha acciones en la prevención del envejecimiento de una población trabajadora que ve cómo se alargan los años de trabajo y se acortan los beneficios sociales y los ingresos.
Debemos reivindicar el papel de la medicina del trabajo como eje central en una sociedad que lucha por mantener su estado del bienestar sociolaboral
Y mal vamos si después de pasados 30 años de la puesta en marcha de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que tanto bueno sembró en nuestra sociedad, el borrador de la actualización del marco normativo enumera como punto primero la necesidad de introducir en la ley el lenguaje inclusivo, como si no hubiera cambios necesarios por delante para hacer efectiva y moderna la prevención en el trabajo.
Mucho camino nos queda por avanzar en nuestra querida especialidad médica, pero desde luego nuestro papel no puede limitarse a firmar aptitudes laborales como mero requisito administrativo: nuestro valor es mucho más alto y necesitamos un cambio de los roles que representa cada uno de los actores en la prevención de riesgos laborales.
Debemos reivindicar el papel de la medicina del trabajo como eje central en una sociedad que lucha por mantener su estado del bienestar sociolaboral. Eso implica desarrollar programas que impacten de forma beneficiosa en la salud de los trabajadores y de sus familias centrados en la actividad física, la nutrición, el bienestar emocional y el cuidado del sueño.














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