Anuario iSanidad 2025
Nieves Sebastián Mongares
Por su sintomatología y manifestaciones, la dermatitis atópica es una patología que genera una gran afectación en aquellos que la padecen. Esto se acentúa en los casos en que se presenta en localizaciones como la cara y cuello, por la visibilidad de las lesiones y el estigma asociado, o en etapas como la adolescencia en las que la persona construye una parte importante de su identidad.
El Dr. Jorge Alonso Suárez, especialista en Dermatología Médico-quirúrgica y Venereología en el Hospital Universitario Virgen de la Victoria (Málaga), remarca en esta entrevista con el apoyo de LEO Pharma, la importancia de ofrecer a estos pacientes una atención integral y coordinada que no se limite únicamente al tratamiento de la piel.


¿Cuál es la incidencia de la dermatitis atópica en la actualidad? ¿Cuáles son sus diferentes fenotipos y qué aspectos hay que tener en cuenta sobre ellos de cara a optimizar el manejo de la patología?
La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel con una prevalencia que ha ido en aumento. Se estima que afecta a un 15-20% de los niños y hasta un 10% de los adultos en países industrializados. Esta variabilidad refleja tanto factores genéticos como ambientales, incluyendo la urbanización, la polución y cambios en la microbiota cutánea.


«Por su sintomatología y manifestaciones, la dermatitis atópica es una patología que genera una gran afectación en aquellos que la padecen»
En los últimos años se han descrito varios fenotipos clínicos: desde la dermatitis atópica infantil con lesiones faciales y en superficies extensoras, hasta la dermatitis atópica del adulto con placas liquenificadas en flexuras. Además, existen fenotipos localizados (cabeza y cuello) y formas atípicas como el prurigo-like. La identificación de estos patrones ayuda a guiar el tratamiento, ya que no todos los pacientes responden de igual forma a las terapias disponibles.
Referencias:
Weidinger S, Beck LA, Bieber T, et al. Nat Rev Dis Primers. 2018;4(1):1.
Langan SM, Irvine AD, Weidinger S. Lancet. 2020;396(10247):345-360.
¿Con qué frecuencia afecta esta patología en áreas difíciles de tratar tales como cabeza y cuello, y cómo afecta a los pacientes esta localización?
La afectación de cabeza y cuello en la dermatitis atópica no es infrecuente, especialmente en adolescentes y adultos, y puede presentarse en aproximadamente el 70% de los casos con dermatitis atópica moderada-grave. Estas localizaciones tienen un impacto muy significativo en la calidad de vida debido a su visibilidad y a la dificultad para controlarlas con tratamientos tópicos convencionales.
La piel en estas zonas está más expuesta a factores ambientales y a cosméticos, lo que puede generar una respuesta inflamatoria persistente. Además, la implicación psicológica de tener lesiones visibles en el rostro puede derivar en ansiedad, retraimiento social e incluso depresión.
Referencia:
Bieber T, D’Erme AM, Akdis CA, et al. J Eur Acad Dermatol Venereol. 2021;35(7):1475–1496.
Wiseman M, Albreiki F, Pink A, et al. Effectiveness of 12-month tralokinumab treatment in 654 adults with atopic dermatitis with head & neck area involvement: Final real-world data from the prospective, non-interventional, international, single-cohort TRACE study [póster]. EADV Congress 2025; (17–20 septiembre 2025); París, Francia
«La afectación de cabeza y cuello en la dermatitis atópica no es infrecuente, especialmente en adolescentes y adultos, y puede presentarse en aproximadamente el 70% de los casos con dermatitis atópica moderada-grave»
¿Por qué considera importante el abordaje de la DA en cabeza y cuello y qué opciones terapéuticas existen en la actualidad para estos pacientes?
La dermatitis atópica (DA) en zonas como la cabeza y el cuello supone un reto clínico frecuente y especialmente delicado, tanto por la sensibilidad de la piel en estas áreas como por su impacto emocional y social. Son zonas visibles, asociadas a la identidad y autoestima del paciente, por lo que una afectación persistente puede generar ansiedad, aislamiento o estigmatización.
Desde el punto de vista terapéutico, el tratamiento tradicional con corticoides tópicos se ve limitado por el riesgo de efectos secundarios si se emplean de forma prolongada. Por ello, se recurre a alternativas más seguras como los inhibidores de la calcineurina, especialmente útiles en piel fina y zonas fotoexpuestas. En los últimos años, el abordaje ha evolucionado gracias a las terapias biológicas dirigidas, que han demostrado ser eficaces incluso en estas localizaciones difíciles.
Es igualmente esencial tener en cuenta y tratar factores agravantes, como la dermatitis de contacto secundaria, la fricción por mascarillas, cosméticos irritantes o incluso el sudor. Estos elementos pueden perpetuar la inflamación en esta localización y dificultar el control de la enfermedad. El tratamiento debe ser individualizado, teniendo en cuenta la localización, el perfil del paciente y su contexto emocional, integrando tanto la eficacia clínica como la mejora global del bienestar.
Referencias:
Blauvelt A, de Bruin-Weller M, Gooderham M, et al. Lancet. 2017;389(10086):2287–2303.
Wollenberg A, Thaçi D, Bieber T, et al. Br J Dermatol. 2021;185(3):440–451.
Simpson EL, Flohr C, Eichenfield LF, et al. N Engl J Med. 2023;388(2):158–171.
¿Cómo afecta a los pacientes el hecho de que la dermatitis atópica presente un patrón fluctuante? ¿Qué factores desencadenan estos brotes y cómo debe plantearse un manejo que derive en un control sostenido de la enfermedad?
Uno de los mayores desafíos de la dermatitis atópica es su curso crónico y fluctuante, con fases de exacerbación y remisión. Los brotes pueden ser desencadenados por factores como el estrés, cambios climáticos, infecciones, alérgenos ambientales o irritantes tópicos. Este carácter impredecible genera frustración en el paciente y una carga emocional importante.
«El tratamiento debe ser individualizado, teniendo en cuenta la localización, el perfil del paciente y su contexto emocional, integrando tanto la eficacia clínica como la mejora global del bienestar»
Por ello, el manejo debe ser proactivo y personalizado, combinando cuidados de base (hidratación, barrera cutánea) con tratamientos antiinflamatorios en periodos críticos. Los nuevos fármacos sistémicos permiten, además, mantener un control sostenido reduciendo la frecuencia e intensidad de los brotes.
Referencia:
Wollenberg A, Barbarot S, Bieber T, et al. J Allergy Clin Immunol. 2018;141(5):1525-1534.
¿De qué manera afecta la patología a los pacientes más allá de lo físico, por ejemplo, en la esfera emocional o en la social? ¿Qué consideraciones han de tenerse al respecto en este sentido, sobre todo en poblaciones más vulnerables como pueden ser los adolescentes o las personas de edad más avanzada?
La dermatitis atópica (DA) es mucho más que una enfermedad de la piel. Su impacto se extiende a la esfera emocional, social y psicológica, generando una carga que afecta de manera profunda la calidad de vida de quienes la padecen. El picor crónico, la visibilidad de las lesiones y la fluctuación de los brotes provocan alteraciones del sueño, ansiedad, depresión, baja autoestima e incluso aislamiento social.
Estos efectos son especialmente marcados en adolescentes, una etapa de la vida en la que la imagen corporal y la integración social juegan un papel clave. En ellos, la dermatitis atópica puede condicionar la construcción de la identidad y afectar su bienestar emocional.
En el caso de las personas mayores, la situación no es menos relevante: la enfermedad puede coexistir con otras comorbilidades crónicas, generando una carga acumulativa que deteriora aún más el bienestar físico y mental. En estos pacientes, la tolerabilidad y seguridad de los tratamientos es un aspecto crítico.
«La dermatitis atópica es mucho más que una enfermedad de la piel, y su impacto se extiende a la esfera emocional, social y psicológica»
En este contexto, las terapias biológicas representan un gran avance. Su mecanismo de acción se basa en la modulación específica de la respuesta inmune tipo 2, sin ejercer una inmunosupresión generalizada. Esto es especialmente relevante en poblaciones vulnerables, donde se busca maximizar la eficacia y minimizar los riesgos asociados al tratamiento.
Las terapias biológicas han demostrado no solo eficacia clínica, sino también un perfil de seguridad muy favorable a largo plazo, lo que permite controlar la enfermedad sin comprometer el sistema inmunológico del paciente. Esta característica las convierte en opciones especialmente valiosas en adolescentes y personas mayores, donde la seguridad es tan importante como la eficacia.
Por todo ello, el abordaje de la dermatitis atópica debe ir más allá del control de los síntomas cutáneos: requiere una mirada integral, que contemple el estado emocional, la calidad de vida y las particularidades de cada grupo etario, integrando opciones terapéuticas seguras y eficaces adaptadas a cada perfil de paciente.
Referencia:
Drucker AM, Wang AR, Li WQ, et al. The burden of atopic dermatitis: Summary of a report for the National Eczema Association. J Invest Dermatol. 2017;137(1):26-30.
Simpson EL, Flohr C, Eichenfield LF, et al. Lebrikizumab as a monotherapy for moderate-to-severe atopic dermatitis. N Engl J Med. 2023;388(2):158–171.
Wollenberg A, Thaçi D, Bieber T, et al. Tralokinumab for moderate-to-severe atopic dermatitis. Br J Dermatol. 2021;185(3):440–451.
¿Qué importancia tiene el trabajo multidisciplinar e interdisciplinar de cara a lograr un abordaje integral de la patología y qué profesionales han de estar implicados dentro del mismo?
La dermatitis atópica es una enfermedad multifactorial que requiere una atención clínica que no se limite al tratamiento de la piel. Su impacto en la calidad de vida, la carga emocional que genera y la coexistencia frecuente con otras patologías hacen imprescindible un enfoque multidisciplinar e interdisciplinar, especialmente en los casos moderados o graves.
«El abordaje eficaz de la dermatitis atópica debe articularse en torno a una colaboración estrecha entre atención primaria y las especialidades implicadas»
El abordaje eficaz de la dermatitis atópica debe articularse en torno a una colaboración estrecha entre atención primaria y las especialidades implicadas, fundamentalmente dermatología, alergología, pediatría y psicología clínica. Atención primaria juega un papel clave como puerta de entrada y seguimiento inicial, pero también como coordinadora del proceso asistencial. Su labor es esencial para reconocer los casos que no responden a medidas básicas y que requieren una derivación temprana al dermatólogo.
Esta coordinación debe permitir acortar los tiempos de acceso al tratamiento sistémico, lo cual es crucial para evitar una evolución prolongada, con mayor riesgo de cronicidad, sufrimiento y carga emocional para el paciente. Dermatología lidera el diagnóstico, la evaluación de la severidad y la elección del tratamiento más adecuado, especialmente en el uso de nuevas terapias como los anticuerpos monoclonales, que ofrecen eficacia sin los riesgos asociados a la inmunosupresión convencional.
Alergología contribuye a un enfoque más preciso, sobre todo en pacientes con sensibilizaciones múltiples o comorbilidades atópicas. Psicología clínica cobra un papel fundamental en muchos casos, dado que el impacto psicológico de la dermatitis atópica puede ser tan limitante como los síntomas físicos. No es raro que los pacientes, especialmente adolescentes y adultos jóvenes, desarrollen ansiedad, aislamiento social o afectación de su autoestima.
En este marco, la coordinación entre niveles asistenciales y especialidades no solo mejora los resultados clínicos, sino que permite prevenir una cicatriz emocional y vital que, si no se atiende a tiempo, puede marcar el desarrollo personal y social del paciente a largo plazo. El reto es claro: pasar de un enfoque fragmentado a uno verdaderamente integrador, en el que cada profesional sume desde su ámbito, y el paciente se beneficie de una atención más rápida y segura.
Referencia:
Sidbury R, Davis DM, Cohen DE, et al. Guidelines of care for the management of atopic dermatitis: Section 3. Management and treatment with phototherapy and systemic agents. J Am Acad Dermatol. 2014;71(1):116–132.
«Esta coordinación debe permitir acortar los tiempos de acceso al tratamiento sistémico, lo cual es crucial para evitar una evolución prolongada, con mayor riesgo de cronicidad, sufrimiento y carga emocional para el paciente»
Con los puntos anteriores, ¿cómo diría que ha evolucionado el manejo de la enfermedad a nivel clínico y cuáles son los retos que nos depara el abordaje de la DA moderada/grave a futuro?
El manejo de la dermatitis atópica ha cambiado radicalmente en los últimos años gracias al avance en el conocimiento de su fisiopatología y a la llegada de nuevas terapias dirigidas. Los biológicos y pequeños inhibidores orales (JAK inhibitors) han ampliado el abanico terapéutico, permitiendo abordar casos moderados o graves con mayor eficacia y seguridad. Sin embargo, los retos persisten: identificar marcadores predictivos de respuesta, mejorar el acceso a tratamientos innovadores y seguir incorporando la dimensión psicosocial al abordaje clínico.
Referencia:
Guttman-Yassky E, Bissonnette R, Ungar B, et al. N Engl J Med. 2019;381(14):1327–1338.














Deja una respuesta