Redacción
Asintomática hasta que el daño renal es ya significativo. Este es el principal reto que plantea la nefropatía por IgA (NIgA), también llamada enfermedad de Berger, una enfermedad autoinmune crónica y progresiva, causada por el depósito del anticuerpo inmunoglobulina A de forma anómala en los glomérulos de los riñones, lo que desencadena inflamación y deterioro renal progresivo, tal y como explica la Dra. Marian Goicoechea, jefa de Servicio de Nefrología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y profesora asociada de Medicina Universidad Complutense de Madrid.
“El 60% de los pacientes españoles reciben el diagnóstico de NIgA cuando el daño renal ya es significativo”, apunta la Dra. Goicoechea, que añade que “la hematuria o la proteinuria pueden pasar desapercibidas si no se realizan analíticas rutinarias, lo que retrasa el diagnóstico y limita la capacidad de intervenir precozmente”.
La nefropatía por IgA provoca una inflamación y deterioro renal progresivo provocado por la acumulación del anticuerpo inmunoglobulina A en el riñón
La experta apunta que esta patología afecta principalmente a adultos jóvenes, con un claro predominio en varones (2–3:1), aunque puede aparecer a cualquier edad. Además, agrega: “En España, la mayoría de los pacientes son diagnosticados en estadios avanzados (G3 o superiores), cuando el tratamiento llega tarde y es difícil frenar la progresión a la enfermedad renal terminal con necesidad de terapia renal sustitutiva”.
Situación en España
La NIgA es la glomerulopatía primaria más frecuente en el mundo y también en España, donde representa el 15% de todas las biopsias renales realizadas, según el Registro de Glomerulonefritis de la Sociedad Española de Nefrología. Si bien, tal y como agrega la Dra. Goicoechea, pese a que “se considera una enfermedad rara en términos epidemiológicos, su impacto es significativo: su prevalencia estimada en España es de 11,4 casos por cada 100.000 habitantes, con una incidencia anual de 3,4-8,4 nuevos casos por 100.000 habitantes, datos extraídos del registro nacional de glomerulonefritis”.


Esta enfermedad presenta una gran heterogeneidad evolutiva, “algunos pacientes permanecen estables durante décadas, mientras que otros progresan rápidamente hacia enfermedad renal avanzada. Esta incertidumbre dificulta la estratificación del riesgo y la toma de decisiones terapéuticas”, apunta la experta.
La falta de síntomas específicos o ausentes en fases iniciales complica su detección precoz, afectando principalmente a adultos jóvenes
Además, recuerda la Dra. Goicoechea, “entre el 30% y el 40% de los pacientes evolucionan hacia insuficiencia renal terminal en 20 o 30 años, incluso con tratamiento óptimo, según datos europeos. Cuando el riñón pierde su función, la única alternativa es iniciar diálisis o recibir un trasplante renal”.
Síntomas inespecíficos y diagnóstico tardío
La NIgA es conocida como una enfermedad “invisible” porque cursa con síntomas inespecíficos o ausentes en fases iniciales, lo que dificulta su detección precoz. Sin embargo, la Dra. Goicoechea recuerda que las señales de alarma más frecuentes son “la hematuria microscópica o macroscópica, a menudo tras infecciones respiratorias o digestivas (más del 75% de los niños presentan este patrón); la proteinuria persistente, incluso en rangos moderados; la hipertensión arterial, o las alteraciones en el sedimento urinario detectadas en controles rutinarios, lo que hace que en muchos adultos la enfermedad se detecte por casualidad en una analítica de orina”.
Por último, esta experta identifica como causas del diagnóstico tardío de esta patología, en gran media, diversos factores, como la baja percepción social de la importancia de la salud renal; la falta de síntomas en fases iniciales; la escasa formación específica en atención primaria sobre enfermedades glomerulares, o la ausencia de protocolos homogéneos de cribado y derivación precoz.














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