Anuario iSanidad 2025
Jorge Prieto @enfermero_emergencias, enfermero HEMS
En los últimos años, la enfermería de urgencias y emergencias ha experimentado un cambio profundo. No sólo en lo asistencial, marcado por la complejidad creciente de los pacientes y la necesidad de actualizar competencias a un ritmo vertiginoso, sino también en algo que hasta hace poco parecía secundario: la comunicación con la ciudadanía. Hoy, cuidar también implica saber explicar, acompañar e informar. Y hacerlo con rigor, claridad y humanidad.


Trabajo en un helicóptero sanitario, en un entorno en el que cada decisión importa y donde la coordinación de un equipo es tan determinante como la habilidad técnica. Cada aviso es una oportunidad para demostrar que la enfermería de emergencias no es sólo una profesión altamente especializada, sino una forma de entender el servicio público: estar donde otros no pueden estar haciendo lo que otros no pueden hacer. Pero también es, cada vez más, una oportunidad para acercar esa realidad a la sociedad, mostrar lo que hacemos y explicar por qué lo hacemos así.
Hoy, cuidar también implica saber explicar, acompañar e informar. Y hacerlo con rigor, claridad y humanidad
Las redes sociales han supuesto un punto de inflexión. Lo que antes quedaba dentro de la cabina del helicóptero, la ambulancia o el box de reanimación hoy puede convertirse en una herramienta de aprendizaje accesible para miles de personas. Y esto no es una moda: es una responsabilidad. La desinformación sanitaria, los mitos, los consejos peligrosos y las narrativas simplificadas proliferan con mucha más rapidez que cualquier evidencia científica. Ante eso, la enfermería tiene dos opciones: observar desde fuera o asumir un rol activo en la divulgación.


Creo firmemente que la profesionalidad también se demuestra explicando. Cuando aclaramos por qué un torniquete salva una vida, cómo actuar ante una parada cardiorrespiratoria o qué significa realmente un triaje en urgencias, no sólo educamos: generamos confianza. Y la confianza es un recurso crítico en salud pública.
La desinformación sanitaria, los mitos, los consejos peligrosos y las narrativas simplificadas proliferan con mucha más rapidez que cualquier evidencia científica
La viví en primera línea durante la vacunación masiva del covid-19, cuando descubrí que un consejo sencillo, un toque de humor o una explicación cercana podían reducir el miedo, mejorar la adherencia y hacer que miles de personas se sintieran acompañadas en un momento difícil.
La divulgación no sustituye a la práctica clínica ni debe trivializarla. Por el contrario: bien hecha, la complementa. Ayuda a humanizar nuestro trabajo, derribar estigmas y reivindicar una realidad que, a menudo, pasa desapercibida: la enfermería de urgencias y emergencias requiere un alto grado de especialización, un conocimiento profundo de la fisiopatología del trauma y la enfermedad crítica, habilidades avanzadas de soporte vital y, sobre todo, una enorme capacidad de trabajo en equipo. No basta con saber hacer; hay que saber decidir, priorizar, anticiparse y liderar.
Sin embargo, mientras los médicos cuentan desde hace poco con una especialidad oficial de urgencias y emergencias, la enfermería sigue sin una vía de reconocimiento equivalente. Esa ausencia no sólo limita el desarrollo profesional: repercute en la calidad del sistema y en la seguridad del paciente.
Esa ausencia no sólo limita el desarrollo profesional: repercute en la calidad del sistema y en la seguridad del paciente
La ciudadanía merece equipos bien formados, cohesionados y con competencias reconocidas. Y la enfermería merece un marco formativo justo, actualizado y alineado con la realidad asistencial.
En este contexto, la divulgación es también una herramienta para visibilizar esa necesidad. Cuando la sociedad conoce lo que hacemos, entiende mejor por qué una especialidad es imprescindible.
Cuando conectamos con las personas, cuando mostramos cómo se salva una vida trabajando mano a mano con pilotos, técnicos y médicos, cuando explicamos qué ocurre en un accidente de tráfico o cómo se coordina un código infarto, estamos construyendo una cultura de emergencia más sólida y más consciente.
Y la divulgación seguirá siendo una aliada para que esa evolución llegue a la ciudadanía. Porque cuidar es también comunicar
Pero hay algo aún más importante: humanizamos la emergencia. Recordamos que detrás de cada caso hay una historia; que detrás de cada profesional hay vocación, preparación y resiliencia; que en la cabina de un helicóptero no sólo viajan conocimientos técnicos, sino también la responsabilidad de llegar a tiempo y la serenidad de quien sabe que, incluso en el caos, siempre queda espacio para la calma y para la compasión.
La enfermería de urgencias y emergencias seguirá evolucionando, dentro y fuera del ámbito asistencial. Y la divulgación seguirá siendo una aliada para que esa evolución llegue a la ciudadanía. Porque cuidar es también comunicar. Y porque, en un mundo saturado de información, la voz de quienes estamos en primera línea puede marcar la diferencia entre el miedo y la confianza, entre la duda y la evidencia, entre la pasividad y la acción que salva una vida.











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