Gema Maldonado Cantero
Escuchar una conferencia del Dr. Rafael Yuste es como sumergirse en una fuente de material jugoso para nutrir el guion de una historia distópica, carne de serie de moda en alguna plataforma de contenidos bajo demanda de las que habitan nuestras teles. Aunque lo cierto es que sus mimbres no son una ficción. Un mundo en el que se puede descodificar nuestra actividad cerebral y las empresas tecnológicas que lo logran pueden llegar a vender al mejor postor, si no hay freno legal, el origen mismo de la identidad que nos hace ser nosotros, la última parcela de privacidad que nos permite ejercer la libertad más inalienable: nuestro pensamiento.
Pero este neurocientífico español, que dirige el Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia, en Nueva York, es mucho más optimista y busca cambiar ese guion fatalista por un futuro en el que la tecnología que entiende y descodifica el cerebro venga a revolucionar la salud humana, para bien y desde la ética. Y lo hace divulgando qué puede hacer el tsunami tecnológico que viene y cómo sacarle el mayor provecho para poder convertirlo en «un nuevo renacimiento» sin atentar contra los derechos humanos.
Las compañías tecnológicas están haciendo grandes inversiones en herramientas para descodificar la actividad cerebral que permitan, por ejemplo, pedir un taxi «sin necesidad de hablar o de escribir, solo pensándolo»
En su conferencia, organizada por la Oficina de Ciencia y Tecnología del Congreso (Oficina C), el Dr. Yuste contó que, en un futuro no tan lejano, vamos a poder pedir un taxi o un coche de VTC «sin necesidad de hablar o de escribir, solo pensándolo». Un sencillo pero gráfico ejemplo de lo que la neurotecnología en desarrollo puede hacer.
Las compañías tecnológicas están haciendo grandes inversiones en herramientas que pueden llegar a ser de consumo generalizado, como auriculares con un sensor de electroencefalografía integrado para descodificar la actividad cerebral de quien los lleve puestos.


El Dr. Yuste destaca que la neurotecnología «tiene ventajas fantásticas» para resolver problemas médicos cuyo origen está en el cerebro, incluso, abordar la violencia: «imagínense un mundo sin guerras»
Estas tecnologías «tienen ventajas fantásticas» para personas que no pueden comunicarse con el habla debido a un ictus o por una enfermedad degenerativa que impacta en esta capacidad. Pero sus posibilidades van más allá, incluso de la respuesta a otros problemas médicos que parten del cerebro, y llegan al posible entendimiento de la violencia en el comportamiento humano para darle solución. «Imagínense un mundo sin guerras», aventuró el Dr. Yuste, que sitúa la clave en aprovechar estas tecnologías, en las que «hay más bueno que malo», pero con una clara regulación y protección de la privacidad y los derechos de los pacientes.
La realidad es que la neurotecnología mercantil «está en explosión», advirtió el científico, con un crecimiento anual de un 30%. Solo el año pasado movió más de 6.000 millones de dólares. Un estudio de la Fundación Neuroderechos, que lidera Yuste, se ha encontrado con que 29 de 30 empresas que desarrollan y comercializan dispositivos para descodificar la actividad cerebral determinan en sus contratos que todos los datos cerebrales de sus clientes les pertenecen y pueden venderlos a terceros, «a una potencia extrajera, a una compañía o a hasta a la mafia». «El mercado de las neurotecnologías no puede estar menos regulado, es como el salvaje oeste«, lamentó el Dr. Yuste.
«El cerebro es el santuario de la mente y no se debe entrar a no ser que tengas una buena razón. Y una buena manera de protegerlo es tratarlo desde el punto de vista médico, con el mismo rigor jurídico y legal»
El neurocientífico y más de una veintena de expertos en derechos humanos, juristas y colegas científicos y clínicos, definieron en 2017 lo que denominaron neuroderechos, «áreas que tenemos que proteger desde los derechos humanos básicos». A través de la Fundación Neuroderechos, que nació a raíz de este consenso, tratan de concienciar sobre la necesidad de esta protección a legisladores de todo el mundo.
Pero, ¿cómo hacerlo? «El cerebro es el santuario de la mente y no se debe entrar a no ser que tengas una buena razón. Y una buena manera de protegerlo es tratarlo desde el punto de vista médico, con el mismo rigor jurídico y legal que protegemos las partes del cuerpo», afirmó Yuste, que admitió la dificulta de garantizar esa protección de otro modo. El amparo de los datos que se otorga a la información médica se presenta como una solución a los múltiples desafíos que implica la neurotecnología.
Además de la defensa de la privacidad mental y la libertad cognitiva frente a los riesgos de «tener el libro de la mente descifrado», el neurocientífico señaló las inequidades sociales que pueden traer tecnologías que permitan la mejora cognitiva o «neuroaumentación». Técnicas capaces de incrementar las capacidades cognitivas de las personas y que, por tanto, pueden «retocar» el cerebro.
Para evitar inequidades, el Dr. Yuste propone que la «neuroaumentación» se defina legalmente como un tratamiento médico y un panel médico decida quién lo requiere
En el ámbito clínico se espera que lleguen dispositivos que puedan aumentar la memoria de personas con enfermedades neurológicas como el alzhéimer. Pero este tipo de equipos en otros ámbitos, pueden incrementar brechas sociales entre quienes puedan acceder a esta tecnología y quienes no. «Me preocupa mucho porque con la privacidad de los datos sabemos qué hacer, pero no sabemos qué hacer en el caso de la aumentación mental».
Su propuesta para evitar inequidades pasa por «el modelo médico». «Que toda neuroaumentación se defina como un tratamiento médico, de forma que la decisión de quién se aumenta sea de un panel de médicos», explicó, con una legislación «similar a la del trasplante de órganos».
Que los datos neuronales se incluyan en la definición de datos médicos, garantizaría su protección en la Ley de Salud Digital. «España sería el primer país de Europa en proteger la información cerebral de sus ciudadanos»
Chile se convirtió en el primer país en proteger la actividad cerebral de sus ciudadanos en 2023, Canadá siguió la senda y los estados de Colorado y California en Estados Unidos también cuentan con una ley de protección de neurodatos. En España, el Ministerio de Sanidad sacó a consulta pública previa el Anteproyecto de Ley de Salud Digital en septiembre del año pasado.
El texto habla de dar las «garantías necesarias» para el empleo de neurotecnologías con capacidad para alterar la percepción o el comportamiento. La fundación de Yuste envió su propia aportación para que los datos neuronales se consideren «neurosensibles» y se incluyan en la definición de datos médicos. De esta forma, se garantiza la misma protección que ya tiene cualquier dato e información médica de un ciudadano. «Si esto se incluye y sus señorías votan esta Ley, España sería el primer país de Europa que protegería la información cerebral de sus ciudadanos», afirmó el neurocientífico.
«Estamos en el comienzo y podemos asegurarnos de que los datos cerebrales no sean la próxima hemorragia de privacidad»
Lo que tiene claro es que el momento de proteger el código cerebral que permite generar nuestras emociones y recuerdos, nuestros pensamientos y quienes somos es ahora, cuando aún no se han comercializado instrumentos capaces de descifrar la actividad cerebral de millones de personas en todo el mundo y de poner en riesgo el último reducto de intimidad humana. «Estamos en el comienzo y podemos asegurarnos de que los datos cerebrales no sean la próxima hemorragia de privacidad», zanjó el científico.













Deja una respuesta