Guías metododológicas y predecibles, herramientas para incorporar el valor social del medicamento

J.P.R.
El Real Decreto de Evaluación de Tecnologías Sanitarias incorpora el valor social del medicamento como uno de los nuevos criterios de evaluación. El siguiente paso será trasladarlo a la práctica mediante guías metodológicas transparentes, homogéneas y predecibles que permitan tomar decisiones más equitativas en todo el Sistema Nacional de Salud. «No se trata de elaborar informes técnicos muy complejos, sino de incorporar una serie de dimensiones que hasta ahora no estaban reconocidas de forma explícita, como el valor social. Lo que se pretende es hacer una evaluación mejor y más transparente», señaló María José del Pino, evaluadora clínica del Área de Posicionamiento Terapéutico de Medicamentos en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), durante el curso de verano El Valor Social en el Nuevo Marco de Evaluación de Tecnologías Sanitarias, organizado por la Universidad Complutense de Madrid y la compañía Roche Farma.

La elección de los indicadores en los procesos de evaluación resulta clave. Los expertos advirtieron de la necesidad de evitar duplicidades e incorporar aspectos ya contemplados en los criterios clínicos o económicos. «Muchas de estas dimensiones ya pueden estar parcialmente reflejadas en la evaluación clínica o económica, pero debemos evitar que el valor social se convierta en un cajón de sastre para introducir aspectos subjetivos o emocionales», añadió.

El fin último es mejorar la equidad dentro del Sistema Nacional de Salud y agilizar los procesos de evaluación de los tratamientos innovadores. «El real decreto busca que las decisiones de valor, que favorezcan la equidad en los diferentes territorios, de forma transparente, más ágil y sostenible», destacó Del Pino.

El código postal condiciona la salud de las personas. Tenemos que tener proyectos de salud sólidos

Las desigualdades latentes entre comunidades autónomas se mantienen como una de las principales preocupaciones de los pacientes. «El código postal condiciona la salud de las personas. Tenemos que tener un proyectos de salud sólidos», insistió Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP).

La presidenta de la POP insistió en la igualdad de oportunidades como clave para garantizar otros valores como la autonomía o la calidad de vida. «Los pacientes crónicos complejos quieren oportunidades de trabajar, de tener una vida social, de cumplir con sus sueños… El término igualdad de oportunidades incluye la autonomía, la calidad de vida y la discapacidad, que es muy importante».

El Dr. Alfredo García Layana, director del Departamento de Oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra y presidente de la Sociedad Española de Retina y Vitreo (SERV), puso el foco en la autonomía. «Resulta clave medir la dependencia o la independencia. Creo que debemos medir la independencia que produce un nuevo tratamiento para los pacientes que tienen sus discapacidades, un aspecto estrechamente ligado a la carga de cuidador», admitió el especialista.

A mayor independencia del paciente, menor es la carga del cuidador, y ese también es un valor que debe medirse en la evaluación de los medicamentos

El Dr. García Layana subrayó que una mayor independencia del paciente también reduce la carga del cuidador. Una idea en la que coincidió Escobar, quien recordó el importante impacto económico y emocional que soportan muchas familias. «Los cuidados familiares son fundamentales para evitar que el daño vaya a más, pero esa carga provoca pérdidas de ingresos en el 75% de las familias y puede generar problemas de salud mental. En el caso de los niños, este impacto es todavía mayor. Ese es precisamente el valor social que puede aportar un medicamento».

Los profesionales sanitarios ya disponen de herramientas para medir estas dimensiones en la práctica clínica. «Los PROM y los PREM son fundamentales porque recogen los factores que estamos mencionando. Si entendemos la calidad de vida como un concepto que abarca la capacidad funcional, el estado emocional, el nivel educativo y la situación económica -y dado que la calidad de vida ya se utiliza en las evaluaciones económicas-, al usar estas herramientas podemos basarnos en datos reales y hacer menos asunciones. Además, factores como la satisfacción, la participación en la toma de decisiones, la adherencia y la guía para el tratamiento son elementos que modulan las evaluaciones, pero cuyo reporte no siempre se realiza de forma sistemática, sino a veces con cierta subjetividad», explicó María Queralt Gorgas, directora de Farmacia del Hospital Universitario Vall d’Hebron.

Una de las principales barreras para la implantación del valor social son las tensiones presupuestarias que viven las comunidades autónomas. «Falta coherencia. Si vamos a evaluar incorporando el valor social, debemos ser coherentes con las políticas y con las decisiones que adoptemos. Estamos en reuniones con los ministerios de Hacienda, Economía o Industria y os aseguro que no todo el mundo tiene presente el debate que estamos manteniendo aquí», lamentó Escobar.

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