Si medimos el valor social del medicamento, tomaremos mejores decisiones, beneficiando al paciente y contribuyendo a la sostenibilidad

Especial RSC & Sostenibilidad iSanidad 2026
J.P.R
Con motivo de la presentación del informe Lecciones aprendidas sobre la sostenibilidad del sector farmacéutico, Lilly ha hecho balance de la evolución de la sostenibilidad en la industria y de los retos que afronta el sector para integrar los criterios ESG en toda la cadena de valor del medicamento. Su directora de Asuntos Corporativos, Teresa Millán, analiza en esta entrevista en iSanidad, en colaboración con Lilly, el impacto del nuevo marco regulatorio, los avances en descarbonización y digitalización, y defiende que incorporar el valor social de la innovación en la evaluación de los medicamentos permitirá tomar mejores decisiones para los pacientes y para la sostenibilidad del sistema sanitario.

El informe habla de las lecciones aprendidas en materia de sostenibilidad. ¿Qué ha cambiado en la forma en que Lilly entiende hoy este concepto respecto a hace una década?
El gran cambio ha sido entender la sostenibilidad como un eje transversal que atraviesa toda nuestra actividad. Nuestro negocio consiste en desarrollar y fabricar medicamentos y, por tanto, la sostenibilidad se ha incorporado a toda la cadena de valor del medicamento.

Ese cambio nos ha obligado a revisar nuestros procesos para convertir los compromisos en resultados tangibles. Si queremos reducir nuestro impacto medioambiental, tenemos que actuar sobre aspectos concretos como la huella de carbono, el consumo de agua o la gestión de los residuos. Eso implica transformar la manera en que trabajamos para que la sostenibilidad deje de ser una declaración de intenciones y forme parte del funcionamiento diario de la compañía.

«El gran cambio ha sido entender la sostenibilidad como un eje transversal que atraviesa toda nuestra actividad»

Otro aspecto clave ha sido dotarnos de una estrategia común. El año pasado aprobamos nuestro Plan de Sostenibilidad 2025-2030, que reúne alrededor de 200 iniciativas y afecta a todas las áreas de la empresa. Incluye acciones dirigidas a reducir el impacto medioambiental, reforzar la gobernanza, optimizar el uso de los recursos y, especialmente, generar un mayor impacto social. Como compañía farmacéutica, nuestro trabajo tiene una repercusión directa en las personas, que son las destinatarias finales de nuestros medicamentos.

También ha cambiado la forma en la que medimos ese impacto. Hoy ponemos mucho más el foco en cuántas personas se benefician de los tratamientos de Lilly que en indicadores tradicionales como el número de envases comercializados.

Más allá de los cambios regulatorios que estamos viendo en ámbitos como el acceso a la innovación, las compañías también deben adaptarse a normativas como la Directiva de diligencia debida en materia de sostenibilidad o la Directiva sobre información corporativa en materia de sostenibilidad. ¿Cómo ha integrado Lilly estos principios en su estrategia y en toda su cadena de valor?
En el caso de la Directiva sobre información corporativa en materia de sostenibilidad, hemos reforzado todos nuestros sistemas de medición, trazabilidad y verificación. Para ello nos apoyamos en estándares internacionales, porque creemos que es mucho más eficiente trabajar con referencias consolidadas, como las normas ISO 14000, que desarrollar metodologías propias. Además, estamos avanzando en el análisis de doble materialidad para conectar el impacto de nuestra actividad con los riesgos y las oportunidades para el negocio.

«Nuestro negocio consiste en desarrollar y fabricar medicamentos y, por tanto, la sostenibilidad se ha incorporado a toda la cadena de valor del medicamento»

En cuanto a la Directiva de diligencia debida, en España contamos con un centro de I+D, una planta de producción que exporta a numerosos países y toda nuestra actividad comercial, lo que implica trabajar con un volumen muy importante de proveedores. Por eso hemos optado por una implantación progresiva.

Este mismo año vamos a evaluar a todos nuestros proveedores críticos en aspectos como el respeto a los derechos humanos, el desempeño medioambiental y la gobernanza. Nuestro objetivo es ir extendiendo gradualmente estos requisitos al resto de proveedores.

«Medir, trazar y verificar es imprescindible, pero también que ese esfuerzo contribuya realmente a mejorar la sostenibilidad»

Al mismo tiempo, hacemos un seguimiento muy estrecho de la evolución normativa, tanto en España como en la Unión Europea. Las últimas directivas ómnibus están adaptando parte de estos requerimientos para facilitar que las empresas puedan cumplirlos de la forma más eficiente posible, evitando cargas administrativas innecesarias.

Porque medir, trazar y verificar es imprescindible, pero también lo es que ese esfuerzo contribuya realmente a mejorar la sostenibilidad, tanto dentro de la compañía como a lo largo de toda la cadena de valor.

Los criterios ESG han ganado protagonismo en la estrategia empresarial durante los últimos años. ¿Cómo ha evolucionado su papel dentro de Lilly y qué impacto tienen hoy en la toma de decisiones de la compañía?
El gran avance ha sido integrarlos en la estrategia de la compañía a través del Plan de Sostenibilidad 2025-2030, que convierte todos nuestros compromisos en objetivos concretos y medibles. Hablamos de metas como alcanzar la neutralidad en carbono en 2030, reducir los residuos y el consumo de agua o seguir avanzando en ámbitos como la diversidad y la gobernanza ética. El hecho de fijar indicadores y objetivos permite que los criterios ESG formen parte de la toma de decisiones de la compañía y no sean únicamente una declaración de principios.

Precisamente, la gobernanza ha adquirido un papel especialmente relevante porque es la base sobre la que se sustentan el resto de las actuaciones. Las estructuras de participación y los órganos de decisión son los que permiten generar iniciativas, priorizarlas y convertirlas en acciones concretas.

«El hecho de fijar indicadores y objetivos permite que los criterios ESG formen parte de la toma de decisiones de la compañía y no sean únicamente una declaración de principios»

Otro avance importante ha sido incorporar de forma estratégica el diálogo con nuestros grupos de interés. Ya hemos realizado dos procesos de escucha con pacientes, profesionales sanitarios y administraciones. Ese intercambio nos permite conocer mejor cuáles son sus expectativas y preocupaciones respecto a la actividad de Lilly y, a partir de ahí, orientar nuestras prioridades, identificar puntos de encuentro y tomar decisiones más alineadas con las necesidades de nuestro entorno.

La industria farmacéutica se ha marcado objetivos cada vez más ambiciosos en materia de sostenibilidad ambiental. ¿Cuáles son los principales retos que afronta Lilly en ámbitos como la descarbonización y la reducción de emisiones?
Nuestro objetivo es alcanzar la neutralidad en carbono en 2030 en las emisiones de alcance 1 y 2, es decir, las emisiones directas y las derivadas del consumo de energía. Para lograrlo contamos con un plan de descarbonización con medidas concretas y objetivos medibles.

Una de nuestras prioridades es que el 100% de la electricidad que consumimos en nuestra planta de Alcobendas proceda de fuentes renovables. Además, estamos incrementando nuestra capacidad de autoconsumo mediante energía fotovoltaica. Actualmente ronda el 10%, pero esperamos aumentarla una vez finalice la ampliación de la fábrica, que nos permitirá disponer de más espacio para instalar nuevas placas solares.

«Las estructuras de participación y los órganos de decisión son los que permiten generar iniciativas, priorizarlas y convertirlas en acciones concretas»

El reto está en aquellos procesos industriales que, por su propia naturaleza, son muy difíciles de descarbonizar. Hay operaciones críticas, como la generación de vapor utilizada para la limpieza de determinadas áreas o procesos que requieren temperaturas muy elevadas, para las que hoy no existen alternativas técnicamente viables. Nuestro objetivo es seguir incorporando las tecnologías que vayan apareciendo, siempre que no comprometan la capacidad productiva ni la seguridad de fabricación.

En cuanto a las emisiones de alcance 3, nos gustaría avanzar también hacia la neutralidad, pero es un desafío más complejo. En el sector farmacéutico la mayor parte de estas emisiones proceden de la cadena de suministro y, especialmente, de la fabricación de principios activos. Además, la metodología para medirlas y compararlas continúa evolucionando.

El acceso a la innovación farmacéutica sigue siendo uno de los grandes desafíos de los sistemas sanitarios. ¿Qué iniciativas ha impulsado Lilly para facilitar la llegada de los nuevos tratamientos a los pacientes y reducir posibles inequidades en el acceso?
Uno de los aspectos más importantes es seguir ampliando nuestra actividad investigadora. Cada vez son más los países que participan en nuestros ensayos clínicos y España desempeña un papel muy relevante. El año pasado alcanzamos una cifra récord con 102 ensayos clínicos y cerca de 4.500 pacientes incluidos. Todos ellos han podido acceder a tratamientos innovadores que, en áreas como la oncología, pueden representar una alternativa para personas que ya no disponen de otras opciones terapéuticas.

Además, siempre que la legislación lo permite, ponemos en marcha programas de acceso temprano al amparo del Real Decreto sobre medicamentos en situaciones especiales. Cuando un medicamento reúne los requisitos establecidos, facilitamos que los pacientes puedan beneficiarse de él lo antes posible, incluso antes de su financiación y comercialización ordinarias.

«El año pasado alcanzamos una cifra récord con 102 ensayos clínicos y cerca de 4.500 pacientes incluidos»

También trabajamos junto con Farmaindustria para avanzar hacia modelos que hagan compatible la sostenibilidad del sistema sanitario con el acceso a la innovación. En paralelo, mantenemos una colaboración permanente tanto con el Ministerio de Sanidad como con las comunidades autónomas para buscar fórmulas que permitan agilizar el acceso de los pacientes a los nuevos tratamientos.

A nivel internacional, la compañía desarrolla diferentes iniciativas centradas, sobre todo, en enfermedades no transmisibles. Entre sus compromisos figura facilitar el acceso a tratamientos para 30 millones de personas antes de 2030 y ya se ha conseguido. Además, colaboramos con organizaciones internacionales para reforzar el acceso a los medicamentos y contribuir al fortalecimiento de los sistemas de salud en aquellos países con mayores dificultades.

¿Cree que el sistema sanitario español está incorporando adecuadamente el valor social y económico que la innovación puede generar a largo plazo en sus procesos de evaluación y financiación?
Creo que hay un aspecto muy importante, y es que el nuevo Real Decreto de Evaluación de Tecnologías Sanitarias incorpora expresamente el valor social y el impacto social de los tratamientos innovadores como elementos que deben tenerse en cuenta en los procesos de evaluación. Que ese compromiso figure en la norma es un paso muy relevante, porque significa que el Ministerio de Sanidad reconoce la importancia de incorporar esta dimensión en la toma de decisiones.

«Entre los compromisos figura facilitar el acceso a tratamientos para 30 millones de personas antes de 2030 y ya se ha conseguido»

Es cierto que en otras ocasiones hemos visto compromisos que se han plasmado por escrito y cuya aplicación práctica ha resultado más lenta de lo esperado. Pero, al tratarse de un nuevo marco regulatorio y de una nueva metodología de evaluación, confiamos en que esas dimensiones sociales se incorporen realmente al proceso.

Hasta ahora, muchas decisiones han estado condicionadas por el impacto presupuestario anual. Sin embargo, esa visión a corto plazo dificulta valorar los beneficios que la innovación puede generar a medio y largo plazo, tanto en términos de salud como de eficiencia del sistema.

Mejorar la salud de los pacientes supone también reducir ineficiencias y generar un impacto positivo para la sociedad. Si no tenemos en cuenta cómo influye un tratamiento en la vida laboral, familiar, personal o social de una persona, estamos dejando fuera una parte muy importante del valor que aporta la innovación.

«Esa visión a corto plazo dificulta valorar los beneficios que la innovación puede generar a medio y largo plazo, tanto en términos de salud como de eficiencia del sistema»

Por eso es fundamental incorporar esa perspectiva de largo plazo. Si somos capaces de medir ese valor social, estaremos tomando mejores decisiones, beneficiando a los pacientes y contribuyendo también a la sostenibilidad futura del sistema sanitario.

La digitalización y la inteligencia artificial están transformando tanto la investigación como la asistencia sanitaria. ¿Qué papel pueden desempeñar estas herramientas para avanzar en los objetivos de sostenibilidad del sistema sanitario y de la propia industria farmacéutica?
Creo que ambos ámbitos están profundamente conectados. La sostenibilidad de la industria farmacéutica y la del sistema sanitario avanzan de forma paralela y muchas de las herramientas que utilizamos benefician a ambos.

Un ejemplo muy claro es la digitalización. Estamos participando en proyectos para implantar el prospecto digital en medicamentos de uso hospitalario, sustituyendo el formato en papel. Esto reduce el consumo de materias primas y la generación de residuos, tanto por parte de la industria como del propio sistema sanitario, donde en muchas ocasiones esos prospectos terminan desechándose sin llegar a utilizarse. Lo mismo ocurre con la documentación técnica dirigida a los profesionales sanitarios y con otros muchos procesos que ya se gestionan de forma completamente electrónica.

«La sostenibilidad de la industria farmacéutica y la del sistema sanitario avanzan de forma paralela y muchas de las herramientas que utilizamos benefician a ambos»

La inteligencia artificial también está desempeñando un papel muy relevante en nuestros procesos industriales. En nuestra planta estamos incorporando sistemas que permiten realizar un mantenimiento predictivo de los equipos. Gracias a ello podemos anticiparnos a posibles averías antes de que se produzcan, evitar interrupciones en la producción y mejorar la eficiencia.

Lo mismo sucede con otras tecnologías, como los sistemas inteligentes de gestión del agua, que contribuyen a optimizar el uso de los recursos. Además, la digitalización mejora la trazabilidad de los medicamentos.

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