¿Coste o palanca de valor? El valor de la sostenibilidad en el sector salud

Especial RSC & Sostenibilidad iSanidad 2026
Marta Cámara, Senior Manager de Forética
En los últimos tiempos ha habido cierto cuestionamiento sobre la sostenibilidad, su valor para el negocio y su vínculo con la competitividad. La rebaja del ímpetu regulatorio de la Unión Europea, la retórica anti ESG al otro lado del Atlántico y la incertidumbre global que en ocasiones ha centrado el foco en el corto plazo han generado dudas sobre el futuro de la sostenibilidad y si realmente aporta valor al negocio.

El sector de la salud no es ajeno a este debate. Las empresas que operan en él se enfrentan a grandes retos ambientales, regulatorios y sociales. Así, desde el Grupo de Sostenibilidad en el Sector Salud de Forética, trabajamos con empresas y organizaciones de toda la cadena de valor del sector para abordar estas cuestiones de manera conjunta y transversal.

La pregunta que surge de manera natural en este contexto es: ¿qué valor aporta realmente la sostenibilidad a las empresas del sector salud? Desde mi experiencia, la respuesta tiene varias dimensiones.

La sostenibilidad en salud aporta mejora de la eficiencia operativa, se ha convertido en un requisito de acceso al mercado, genera nuevas oportunidades, aumenta la productividad del capital humano y es un motor de diferenciación 

Una de las vías más directas es la mejora de la eficiencia operativa. Estrategias como la economía circular, el ecodiseño o la eficiencia energética pueden contribuir a aumentar la productividad. En términos sencillos, si una organización es capaz de ofrecer los mismos productos o servicios utilizando menos recursos, podrá reducir sus costes de producción y mejorar sus márgenes.

Para el sector de la salud, donde hospitales, centros asistenciales y plantas farmacéuticas son intensivos en consumo de recursos, estas medidas representan una oportunidad significativa para reducir costes operativos, aumentar la resiliencia ante la creciente volatilidad de las materias primas y liberar recursos que pueden destinarse a otras partidas.

Desde un punto de vista financiero, el mercado de capitales ha incorporado los aspectos ESG como variable de riesgo, y las implicaciones para el coste de financiación son ya cuantificables. Un estudio de MSCI basado en datos de 2015 a 2024 analizó la relación entre calificación ESG y coste de capital, mostrando cómo las empresas con calificaciones ESG más bajas se financiaron a un coste medio del 7,9%, mientras que las mejor calificadas lo hicieron al 6,8%. Un diferencial de 110 puntos básicos que, en grandes emisiones de deuda, se traduce en decenas de millones de euros de ahorro anual.

Sostenibilidad y acceso al mercado

Otra de las dimensiones relevantes a destacar es el vínculo de la sostenibilidad y el acceso al mercado. Y es que la sostenibilidad está dejando de ser un argumento de venta para convertirse, en ciertos ámbitos, en un requisito de acceso. Administraciones, hospitales y grandes operadores sanitarios incorporan criterios ESG en sus procesos de compra y exigen lo mismo a sus proveedores. Las empresas que no pueden acreditarlo no pierden puntos, quedan fuera.

La sostenibilidad está dejando de ser un argumento de venta para convertirse, en ciertos ámbitos, en un requisito de acceso

Por su parte, la innovación en sostenibilidad genera nuevas oportunidades: según Farmaindustria, el sector farmacéutico en España supera ya los 1.500 millones de euros anuales en inversión en I+D, y la integración de criterios ESG en el diseño de producto, desde el ecodiseño de envases hasta la química verde, está abriendo líneas de negocio que no existían hace cinco años.

Otra de las palancas de generación de valor es la productividad del capital humano. Numerosos estudios evidencian una relación directa entre el bienestar de los empleados y los resultados empresariales. Según Gallup, solo el 20% de los trabajadores a nivel global se siente comprometido con su trabajo, lo que supone pérdidas de productividad valoradas en 10 billones de dólares para la economía mundial.

En cambio, McKinsey señala que las compañías con empleados más satisfechos tienden a obtener un mejor desempeño financiero. En el sector salud, donde la escasez de profesionales y el burnout son desafíos crecientes, invertir en bienestar e impacto social tiene un retorno directo.

Sostenibilidad como motor de diferenciación

Por último, la sostenibilidad es también un motor de diferenciación. En un mercado cada vez más competitivo, el cómo una compañía opera —su huella ambiental, su impacto social, su forma de relacionarse con el entorno— forma parte de su propuesta de valor y de la confianza que genera en los grupos de interés. Una reputación ESG sólida es difícil de construir y muy costosa de recuperar si se pierde.

Como conclusión, el ruido en torno a la sostenibilidad es coyuntural. El valor que genera, no. Las empresas del sector salud que entienden la sostenibilidad como una palanca estratégica están mejor preparadas para operar en un entorno incierto y volátil como el actual. Desde Forética seguimos trabajando con ellas para que ese valor sea cada vez más concreto y medible.

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