Redacción
La demencia es una afección causada por enfermedades cerebrales que afecta la memoria, el pensamiento y la capacidad de funcionar. Más de 57 millones de personas viven con demencia en todo el mundo y casi 10 millones reciben un nuevo diagnóstico cada año. Ante estas cifras, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado una serie de directrices actualizadas sobre la reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia, proporcionando a los países recomendaciones basadas en la evidencia para ayudar a prevenir o retrasar la aparición de la demencia a lo largo de la vida.
“Hoy sabemos más que nunca sobre los factores que influyen en el riesgo de demencia, y estas directrices traducen ese conocimiento en acciones concretas”, declara el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. Si bien no existe cura para la demencia, hasta el 45% de los riesgos pueden atribuirse a factores de riesgo modificables como el tabaquismo, el consumo de alcohol, el aislamiento social, la inactividad física, la contaminación del aire y las enfermedades no transmisibles (ENT), como la hipertensión y la diabetes.
Hasta el 45% de los riesgos de padecer demencia se atribuyen a factores de riesgos modificables como la inactividad física, el tabaquismo o la contaminación del aire
“Los países cuentan ahora con recomendaciones claras y basadas en la evidencia que pueden poner en práctica de inmediato para proteger la salud cognitiva de las personas”, añade. En este sentido, las nuevas directrices de la OMS reflejan las últimas evidencias e innovaciones en la reducción del riesgo de demencia, proporcionando intervenciones probadas que pueden disminuir eficazmente dicho riesgo mediante la detección temprana y la actuación oportuna.
Las directrices actualizadas proporcionan recomendaciones consolidadas para abordar los comportamientos pocos saludables, controlar las afecciones médicas y reducir la exposición a factores ambientales que pueden contribuir al deterioro cognitivo y la demencia. Entre los comportamientos saludables que integra las directrices, destacan el entrenamiento cognitivo, la estimulación cognitiva y la participación en actividades sociales para adultos con cognición normal o que experimentan un deterioro cognitivo leve.
En ausencia de una deficiencia diagnosticada de vitaminas o minerales, las directrices desaconsejan la suplementación
Asimismo, se incluyen intervenciones que reducen el riesgo de enfermedades no transmisibles, como aumentar la actividad física, dejar de fumar, reducir el consumo de alcohol, adoptar una dieta saludable y una nueva recomendación para reducir la exposición a la contaminación atmosférica. Según las directrices, el control de afecciones cardiometabólicas, como la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto, también puede ayudar a reducir el riesgo de demencia. Además, se pueden ofrecer audífonos como parte de las estrategias de reducción de riesgos.
Por otro lado, como intervención para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y/o demencia, las directrices no recomiendan la suplementación con vitaminas B y E, ácidos grasos poliinsaturados omega-3 (AGPI) y multivitaminas/minerales en ausencia de una deficiencia diagnosticada, debido a la falta de evidencia de que los beneficios potenciales compensen los efectos nocivos inesperados.













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