Comprender el contexto social y tecnológico ayuda a ofrecer una atención más cercana y eficaz a los adolescentes en la consulta

Redacción
A través de la sesión clínica ‘De boomers a alfa: entendiendo al nuevo adolescente en un mundo cambiante’, impartida por la Dra. Rebeca González Preciado, especialista del Servicio de Pediatría, los profesionales sanitarios del Hospital Universitario General de Villalba han tenido la oportunidad de aprender a cómo acompañar y atender mejor a los adolescentes actuales. “El objetivo de esta charla era no hablar solamente del adolescente, sino verlos en el mundo en el que vivimos y entender por qué son como son, entendiendo primero a la sociedad y el mundo en el que viven”, explica.

La especialista recuerda que cada generación está marcada por acontecimientos históricos y sociales concretos, y que conocer ese contexto ayuda a comprender mejor tanto a los pacientes adolescentes como la relación que establecen con los adultos y los profesionales sanitarios. En el caso de las generaciones más jóvenes, ese entorno está marcado por la digitalización, el acceso constante a Internet, la expansión de las redes sociales, la cultura de la inmediatez, la menor interacción cara a cara, la inteligencia artificial, la hipersexualización, la pandemia de la covid-19 y una mayor visibilidad de la salud mental.

La hiperestimulación, el uso de pantallas o la falta de tiempo para pensar son algunos de los factores que alargan la adolescencia

La adolescencia sigue siendo una etapa de maduración física, emocional y de construcción de la identidad, aunque el entorno en el que se produce ha cambiado de forma muy rápida. Desde el punto de vista del desarrollo, el cerebro adolescente continúa en maduración, especialmente en áreas como la corteza prefrontal, relacionada con los límites, la regulación y la toma de decisiones. Además, esta etapa se estructura en distintas fases: la adolescencia temprana, entre los 10 u 11 años y los 14, marcada por la pubertad y los grandes cambios físicos; la adolescencia media, entre los 15 y los 17 años, en la que el grupo adquiere mayor importancia y pueden aparecer más conflictos familiares; y la adolescencia tardía, entre los 18 y los 21 años, vinculada al inicio de responsabilidades propias de la edad adulta.

No existe una fase necesariamente más difícil que otra, sino retos diferentes en cada momento. Asimismo, la adolescencia tiende a alargarse por múltiples factores, entre ellos la hiperestimulación, el uso de pantallas, la falta de tiempo para pensar, la ausencia de silencios y la menor tolerancia a la espera o a la frustración.

Los entornos digitales en la adolescencia

Por otra parte, la digitalización y el uso de redes sociales han transformado la forma en la que los adolescentes se relacionan, se informan y construyen su identidad. La comunicación se desarrolla cada vez más en entornos digitales, en un momento del desarrollo en el que todavía se están consolidando funciones relacionadas con la regulación, los límites y el pensamiento crítico.

Diversas patologías como los trastornos de ansiedad, de comportamiento o depresión son cada vez más frecuentes en adolescentes y niños

La especialista advierte de que aún no se conoce por completo el impacto que esta transformación puede tener sobre el desarrollo cerebral adolescente, pero sí señala que ya se observa un aumento evidente de problemas de salud mental y violencia. Según la pediatra, en consulta, cada vez se ven adolescentes, e incluso niños más pequeños, con trastornos de ansiedad, trastornos del comportamiento o depresión.

Para la Dra. González Preciado, el primer paso para atender mejor a los adolescentes es abandonar prejuicios e ideas preconcebidas. En su opinión, comprender el contexto en el que viven permite acercarse a ellos de una forma más útil, tanto desde la consulta como desde la familia o el entorno educativo. En este sentido, la consulta pediátrica puede convertirse en un espacio de confianza para detectar malestar, resolver dudas y acompañar a los adolescentes. Los pediatras de atención primaria desempeñan un papel especialmente relevante, ya que conocen al menor y, en ocasiones, pueden detectar señales antes incluso de que los padres las trasladen. Por ello, recomienda que las familias consulten con el pediatra cualquier cuestión que les inquiete.

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