El impacto transformador de la Fundación “In Mary’s Hands

Especial RSC & Sostenibilidad iSanidad 2026
Redacción
La inteligencia artificial ha llegado para transformar la medicina. Ya está presente en herramientas que ayudan a diagnosticar enfermedades, facilitan la investigación biomédica, optimizan procesos asistenciales y permiten analizar grandes volúmenes de información clínica. Sus posibilidades son extraordinarias y, bien utilizada, puede contribuir a una atención sanitaria más precisa, más segura y más eficiente.

Sin embargo, junto a esta revolución tecnológica emerge una pregunta esencial: ¿cómo garantizar que el progreso siga estando al servicio de las personas? La respuesta pasa necesariamente por la regulación, la ética y la responsabilidad profesional. Porque la inteligencia artificial no es únicamente una cuestión tecnológica; es también un desafío humano. La verdadera discusión ya no consiste en preguntarnos qué puede hacer la IA, sino qué debemos permitirle hacer y cuáles son los límites que nunca deben ser traspasados.

La medicina siempre ha evolucionado de la mano de la innovación. La incorporación de nuevas técnicas diagnósticas, los avances farmacológicos o la cirugía robótica han ampliado nuestra capacidad para curar y aliviar el sufrimiento. Pero cada uno de esos avances exigió construir marcos éticos y normativos que garantizaran la seguridad de los pacientes y protegieran su dignidad. Con la inteligencia artificial sucede exactamente lo mismo.

La verdadera discusión ya no consiste en preguntarnos qué puede hacer la IA, sino qué debemos permitirle hacer y cuáles son los límites que nunca deben ser traspasados

Los riesgos existen y no deben minimizarse. Los algoritmos pueden reproducir sesgos presentes en los datos con los que han sido entrenados, generar desigualdades en el acceso a la atención sanitaria, comprometer la privacidad de información especialmente sensible o introducir una preocupante opacidad en procesos de decisión clínica.

Además, existe una tentación especialmente peligrosa: pensar que una herramienta capaz de procesar millones de datos puede sustituir el juicio profesional, la experiencia clínica o la relación de confianza entre médico y paciente. No puede hacerlo. Y no debe hacerlo.

La esencia de la medicina continúa siendo profundamente humana. Ningún algoritmo puede reemplazar la empatía, la escucha, la compasión o la capacidad de comprender el contexto vital de una persona enferma. La tecnología puede ayudar a tomar mejores decisiones, pero la responsabilidad última siempre debe seguir recayendo en profesionales formados, comprometidos y sometidos a principios éticos.

La tecnología puede ayudar a tomar mejores decisiones, pero la responsabilidad última siempre debe seguir recayendo en profesionales

Aquí cabe recordar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el documento más trascendental que ha elaborado la humanidad, precisamente porque reconoce que la dignidad de toda persona es inviolable y debe estar por encima de cualquier interés político, económico o tecnológico.

También en la era de la inteligencia artificial, ningún avance puede considerarse verdaderamente progreso si compromete la dignidad humana, que debe seguir siendo el límite y la brújula de toda innovación en salud.

Por ello, resulta imprescindible avanzar hacia una gobernanza sólida de la inteligencia artificial en salud. Necesitamos herramientas transparentes, evaluables, seguras y sometidas a supervisión humana permanente. Necesitamos garantías jurídicas para la protección de los datos de salud y mecanismos que permitan identificar y corregir posibles sesgos o errores. Y necesitamos, sobre todo, preservar la autonomía profesional y la centralidad del paciente en cualquier proceso asistencial.

Manual de buenas prácticas para la inteligencia artificial en medicina

Con esa convicción, la Organización Médica Colegial ha impulsado, entre otras iniciativas, el Manual de Buenas Prácticas para la Inteligencia Artificial en Medicina, un documento pionero que ofrece orientación técnica, ética y deontológica para la incorporación responsable de estas tecnologías. Su objetivo no es frenar la innovación, sino facilitar que se integre en la práctica clínica de forma segura, transparente y compatible con los valores que definen nuestra profesión.

La sostenibilidad de los sistemas sanitarios dependerá en gran medida de nuestra capacidad para aprovechar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial. Pero esa sostenibilidad no puede medirse únicamente en términos de eficiencia o productividad. Debe incluir también la protección de los derechos de las personas, la equidad en el acceso a la atención sanitaria y el fortalecimiento de la confianza social en las instituciones y en los profesionales.

La sostenibilidad de los sistemas sanitarios dependerá en gran medida de nuestra capacidad para aprovechar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial

La inteligencia artificial representa una oportunidad histórica para mejorar la salud de millones de personas. Aprovecharla dependerá de nuestra capacidad para poner la tecnología al servicio del cuidado y no al revés.

Porque, en definitiva, la inteligencia artificial debe ser el instrumento; el cuidado, el fin. Y porque el futuro de la medicina, por muy digital que sea, seguirá teniendo un rostro inequívocamente humano.

Para ilustrar este impacto, la Dra. Alejandra Sánchez de la Torre, recientemente incorporada a su plaza de pediatría, explica su experiencia sobre el terreno: Durante los meses de espera después del MIR sentía la necesidad de volver al origen, de recordar por qué había decidido estudiar medicina antes de empezar la residencia.

La inteligencia artificial debe ser el instrumento; el cuidado, el fin. Y porque el futuro de la medicina seguirá teniendo un rostro inequívocamente humano

Quería reencontrarme con esa vocación de servicio que me llevó a elegir esta profesión. En España estamos acostumbrados a una medicina muy apoyada en la tecnología, pero en Liberia aprendes a mirar, a escuchar y a acompañar al paciente de una manera mucho más profunda. Allí la medicina recupera algo esencial: poner a la persona en el centro. De repente, todo aquello que estudiamos durante años deja de ser una pregunta de examen y tiene nombre, rostro e historia.

Son personas que sufren, que necesitan ayuda y que muchas veces nunca antes se habían sentido verdaderamente miradas. Cada paciente saca lo mejor de ti y te enseña a ejercer la medicina con humildad, creatividad y entrega. Ha sido una escuela acelerada, no solo como médico, sino también como persona.

El valor de esta inmersión en este momento vital concreto, sin embargo, trasciende los expedientes médicos. Funciona como una brújula ética para el futuro profesional que está a punto de decidir su destino. La Dra. Sánchez de la Torre añade: Lo que más te transforma no son las enfermedades que ves, sino las vidas que tienes el privilegio de acompañar.

Liberia me ha recordado que ser médico es mucho más que diagnosticar o curar: es servir, acompañar y estar presente en el sufrimiento del otro

Ver recuperarse a un niño que llegó en estado crítico gracias a un tratamiento sencillo te llena de gratitud y te recuerda el inmenso valor de cada vida. Y también hay momentos muy duros, como acompañar a pacientes que no pueden acceder a recursos que para nosotros serían algo cotidiano. Son experiencias que te cambian la mirada para siempre.

Ahora que empiezo la residencia, me doy cuenta de que lo más importante no son los rankings ni el prestigio de un hospital, sino no perder nunca la capacidad de mirar a cada paciente con esa humanidad. Liberia me ha recordado que ser médico es mucho más que diagnosticar o curar: es servir, acompañar y estar presente en el sufrimiento del otro. Empiezo esta nueva etapa con la certeza de que esta experiencia no ha sido un paréntesis, sino uno de los pilares sobre los que quiero construir mi vida profesional y personal.

Motor de esperanza a la comunidad

El impacto de cada euro invertido en la labor de In Mary’s Hands va mucho más allá de la asistencia médica inmediata. En Liberia, donde muchas familias viven en situación de extrema vulnerabilidad, restaurar la salud de un niño, acompañar a un preso gravemente enfermo o ayudar a un joven atrapado por la adicción a recuperar su salud significa devolver un motor de esperanza a una familia entera.

La intervención sanitaria actúa, por tanto, como un elemento de estabilización social indispensable en un entorno de alta volatilidad, transformando comunidades enteras a través del acceso a la salud y el acompañamiento.

La intervención sanitaria actúa como un elemento de estabilización social indispensable en un entorno de alta volatilidad

¿Por qué este proyecto representa una oportunidad única para la RSC corporativa dentro del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 3 de las Naciones Unidas: Salud y Bienestar? La respuesta reside en su modelo operativo de impacto directo.

In Mary’s Hands mantiene un firme compromiso con la transparencia: el 100% de las donaciones se destina directamente a la misión de la fundación, que abarca tanto la atención sanitaria como el apoyo integral a las personas y familias más vulnerables. Los costes de estructura e infraestructura logística son absorbidos directamente por la familia fundadora y colaboradores directos.

Para las empresas que buscan generar un impacto real y tangible, esta forma de colaboración ofrece una confianza poco habitual en el ámbito de la cooperación internacional. Las aportaciones se convierten directamente en ayuda sobre el terreno, llegando a las personas más vulnerables de Liberia sin perderse en estructuras intermedias.

Colaborar con In Mary’s Hands permite a las organizaciones acercarse a historias concretas de transformación: personas atendidas en momentos críticos, tratamientos que marcan la diferencia entre la vida y la muerte, y familias que reciben apoyo cuando más lo necesitan. Es una manera de hacer visible el impacto de cada contribución, más allá de los números, en vidas reales.

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