Redacción
El cribado de la enfermedad renal crónica (ERC) mediante la medición de creatinina y el cálculo de la tasa de filtración glomerular (TFG) es eficaz y fiable, según los datos aportados por un estudio observacional multicéntrico realizado en farmacias comunitarias de toda España. Según los resultados finales, el 75,2% dio negativo, mientras que el 19,3% dio positivo y fue derivado a atención primaria tras la primera o segunda evaluación. “Un programa de cribado como este podría integrarse en la práctica de la farmacia comunitaria, especialmente si se refuerzan los mecanismos de coordinación con atención primaria”, destaca la Dra. María Lourdes Martínez-Berganza, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en Centro de Salud Ensanche de Vallecas (Madrid).
Impulsado por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (Sefac) y AstraZeneca, en el estudio participaron 141 farmacias comunitarias de 40 provincias españolas, que incluyeron a 2.116 pacientes. Los profesionales participantes destacan que la derivación de pacientes desde la farmacia comunitaria hacia atención primaria fue, en general, bien aceptada. La mayoría de los pacientes comprendió que se trataba de una actuación preventiva orientada a confirmar o descartar un posible riesgo de ERC. No obstante, en algunos casos no se produjo un retorno de la información a la farmacia tras la visita al médico, lo que dificultó cerrar el circuito asistencial y conocer el desenlace clínico.
El 75,2% de los cribados dio negativo, mientras que el 19,3% dio positivo y fue derivado a atención primaria tras la primera o segunda evaluación
La enfermedad renal crónica es una enfermedad silenciosa, cuyos síntomas suelen pasar desapercibidos hasta fases avanzadas, cuando las opciones terapéuticas son más limitadas. Por ello, la detección precoz resulta fundamental. En palabras de la Dra. Noemí Pérez-León, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Atención Primaria Dr. Robert de Badalona (Barcelona), “la posibilidad de medir creatinina y estimar el filtrado glomerular en la farmacia comunitaria permite identificar a personas con riesgo que no habían sido previamente diagnosticadas, contribuyendo a reducir de forma significativa el infradiagnóstico en estadios iniciales, donde la intervención clínica es más eficaz”.
En función del resultado obtenido, los participantes fueron clasificados en distintos grupos. Las personas con una TFG superior a 60 ml/min/1,73 m² se consideraron sin indicios de ERC y no requirieron seguimiento adicional. Aquellas con valores de TFG entre 45 y 60 ml/min/1,73 m² fueron citadas para una segunda evaluación al cabo de un mes, con el objetivo de confirmar o descartar una posible alteración persistente de la función renal. Por último, las personas con una TFG inferior a 45 ml/min/1,73 m² se consideraron con un resultado positivo para ERC y fueron derivadas a su médico de cabecera para una valoración clínica más exhaustiva y la adopción de las medidas oportunas.
La Dra. Pérez-León señala que “este trabajo coordinado refuerza el papel de la farmacia como agente de salud pública y contribuye a una atención más preventiva, accesible y centrada en el paciente”. Desde la farmacia comunitaria, Luis Salar, farmacéutico participante en el estudio, recalca que “este tipo de iniciativas permiten demostrar que la farmacia va más allá de la dispensación de medicamentos y puede desempeñar un papel activo en la prevención y detección precoz de enfermedades”.
El cribado en la farmacia comunitaria permite mejorar la detección precoz de la enfermedad renal crónica
Por otro lado, Salar señala que una de las principales barreras del estudio fue el criterio de exclusión del proyecto Creierfac, que impedía la inclusión de personas con analíticas recientes. “Este requisito, diseñado para evitar derivaciones innecesarias de pacientes ya diagnosticados, supuso una pérdida significativa de potenciales participantes, especialmente en casos en los que el propio paciente desconocía su situación clínica”, explica. Según los expertos, esta limitación podría resolverse si el farmacéutico tuviera acceso a los datos analíticos del paciente. En cuanto al seguimiento para la realización de una segunda evaluación, las principales dificultades fueron los olvidos o la falta de interés, aunque los recordatorios telefónicos ayudaron a mejorar la adherencia.
“A través de su contacto continuado con la población, la farmacia comunitaria permite identificar a pacientes en riesgo, realizar cribados en condiciones reales y actuar como primer punto de entrada al sistema sanitario. Además, su trabajo coordinado con atención primaria facilita una derivación eficaz y un seguimiento adecuado, reforzando la continuidad asistencial”, explica Marta Moreno, directora de Asuntos Corporativos y Acceso al Mercado de AstraZeneca.














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