Fátima del Reino Iniesta
La depresión postparto sigue siendo uno de los principales retos de la salud mental perinatal, no solo por su impacto clínico, sino también por la dificultad para detectarla a tiempo. La prevención, el diagnóstico precoz y el tratamiento individualizado centran cada vez más la atención de los profesionales, ante un trastorno que puede comprometer el bienestar de la madre, el vínculo temprano con el bebé y la dinámica familiar.
En este escenario, los expertos coinciden en que el abordaje no puede limitarse al momento posterior al nacimiento. La intervención debe empezar antes del parto, con una evaluación emocional durante la gestación, una atención sanitaria más sensible al malestar psicológico y circuitos de derivación ágiles cuando aparecen señales de alarma.
La depresión antenatal es el principal predictor de la depresión postparto, por lo que la prevención debe comenzar en el embarazo
La Dra. Nuria Izquierdo, jefa de sección de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Príncipe de Asturias, subraya que «la depresión antenatal se ha identificado como el principal predictor de la depresión posparto (DPP), lo que resalta la importancia de evaluar ambas condiciones en las mujeres embarazadas». En esta línea, añade que detectar y abordar de forma temprana los síntomas depresivos «es fundamental» para prevenir complicaciones posteriores tanto en la madre como en el bebé.
Esa necesidad de anticiparse contrasta con la experiencia de muchas mujeres. Diana Elizabeth, de 44 años y madre de siete hijos, tardó meses en pedir ayuda. «Decidí pedir ayuda cuando mi hija tenía 6 meses de nacida. Además, nos tocó buscar apoyo económico por un accidente de tránsito que tuvo mi marido y yo me quedé en el paro porque mi empresa no quiso renovarme el contrato laboral por haber estado embarazada», explica. El acceso tampoco fue sencillo. «Fue difícil acceder a tener apoyo profesional porque mi médico de cabecera relativizaba mi situación y me ponía excusas antes de derivarme a salud mental. Tampoco tenía seguro privado para acudir a un profesional en el sector privado».

El infradiagnóstico sigue siendo frecuente: muchas mujeres normalizan el malestar o lo ocultan por culpa y estigma
Detectar antes para intervenir mejor
Uno de los principales problemas es que la depresión postparto continúa pasando desapercibida en muchos casos. La Dra. Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (Sepsm), advierte de que «el infradiagnóstico es muy frecuente». Según explica, muchas mujeres «normalizan el malestar o lo ocultan por culpa o estigma, y los profesionales no siempre lo detectan si no se busca activamente».
Desde la práctica clínica, las señales de alerta incluyen tristeza persistente, ansiedad, vacío, culpa intensa, fatiga extrema, alteraciones del sueño y del apetito, así como una especial dificultad para vincularse con el bebé. También exigen una valoración urgente las ideas de suicidio o los pensamientos de hacer daño al niño.
«Habitualmente cuando nos llega una mujer con sintomatología depresiva es cuando el daño ya está hecho»
La psicóloga Bárbara Horrillo insiste en que la prevención exige ampliar la mirada de los profesionales. «El embarazo, incluso ya desde el deseo de hijo, es un buen momento para explorar el estado emocional de las mujeres y familias con vistas a favorecer un acompañamiento emocional si es preciso», señala. A su juicio, el sistema sigue llegando tarde: «Habitualmente cuando nos llega una mujer con sintomatología depresiva es cuando el daño ya está hecho».
La especialista defiende que el acompañamiento emocional no debería quedar al margen de la asistencia habitual. «No debería de ir separada la atención emocional de la asistencial», afirma. En su opinión, uno de los déficits más importantes es que no se ofrece de forma sistemática un espacio para que las mujeres puedan expresar emociones difíciles sin sentirse juzgadas. «Es esencial validar cualquier sentimiento que tengan las mujeres», apunta, también cuando esos sentimientos chocan con el ideal social de la maternidad.
Psicoterapia, apoyo social y tratamiento farmacológico
En los casos leves, el tratamiento de elección suele ser la psicoterapia, especialmente los enfoques cognitivo-conductual e interpersonal. Cuando los síntomas son moderados o graves, o existe deterioro funcional, el abordaje debe escalar. La Dra. Díaz Marsá recuerda que ya no se trata de una simple adaptación al puerperio cuando los síntomas duran más de dos semanas, generan un sufrimiento clínicamente significativo o impiden a la mujer cuidar de sí misma o del bebé.
En esos casos, los antidepresivos pueden ser necesarios. La presidenta de la sociedad señala que «los antidepresivos más utilizados, como sertralina o paroxetina, son compatibles con la lactancia en la mayoría de los casos», con niveles muy bajos en leche materna y buen perfil de seguridad según las revisiones clínicas. La decisión, recalca, debe ser siempre individualizada, valorando el balance riesgo-beneficio.
En los casos moderados o graves, los antidepresivos compatibles con la lactancia forman parte del abordaje terapéutico
Junto al tratamiento psicológico y farmacológico, el apoyo social es otro de los pilares. Bárbara Horrillo considera que ofrecer espacios grupales y redes de apoyo entre mujeres puede reducir la vivencia de aislamiento en una etapa de alta vulnerabilidad emocional. «Sería muy positivo ofrecer a todas las mujeres la posibilidad de expresarse y compartir con otras mujeres, es lo que llamamos ‘hacer tribu’», sostiene.
Una respuesta estructural pendiente
Más allá del abordaje individual, los profesionales reclaman cambios organizativos. La Dra. Izquierdo explica que en su hospital se ha puesto en marcha una aplicación gratuita para acompañar a las mujeres desde el embarazo hasta el primer año de posparto, combinando tecnología, educación sanitaria y acompañamiento emocional. Entre los datos del proyecto piloto, más del 70% de las usuarias afirma sentirse más acompañada emocionalmente y un 40% detectó síntomas leves que podrían haber evolucionado hacia una depresión postparto si no se hubieran identificado.
Sin embargo, reconoce que la respuesta estructural todavía es insuficiente. Existen protocolos, pero no siempre pueden implementarse con la intensidad necesaria por falta de equipos multidisciplinares y de continuidad terapéutica. Bárbara Horrillo coincide en ese diagnóstico y apunta a una carencia de base: «Los profesionales de la salud que atienden a mujeres en procesos perinatales no tienen formación específica sobre sus necesidades emocionales». Por ello, el consenso entre especialistas es cada vez más claro: la depresión postparto no puede abordarse solo cuando ya se ha establecido.











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