Luisa Bautista, managing director de Sanidad en Accenture España
La sanidad no necesita más ruido. Necesita más tiempo para atender. Llevamos años hablando de la tecnología en la salud como si el reto fuera sumar herramientas. No lo es. El reto es otro. Es rebajar la presión asistencial, quitar trabajo que no aporta valor y devolver a los profesionales tiempo para pensar mejor, decidir mejor y cuidar mejor. Ahí es donde la inteligencia artificial agéntica empieza a ser útil.
No hablo de sustituir a nadie. Hablo de quitar de en medio tareas sencillas, repetitivas o burocráticas que hoy ocupan una parte desproporcionada de la jornada. Según las estimaciones de Accenture, esa carga puede consumir hasta el 40% del tiempo de un profesional sanitario. Y ese tiempo no sale gratis. Sale de la consulta, de la coordinación, de la escucha y del seguimiento.
La pregunta, por tanto, no es qué más puede hacer la tecnología. La pregunta es qué tareas debería dejar de hacer un médico, una enfermera o un gestor para dedicar su tiempo a lo que solo ellos pueden hacer.
«Las tareas burocráticas y repetitivas pueden consumir hasta el 40% del tiempo de un profesional sanitario»
Un buen ejemplo son las agendas dinámicas. Hoy, la gestión de citas sigue siendo muchas veces rígida y manual. La IA agéntica permite otra lógica: analizar en tiempo real la urgencia de cada caso, la disponibilidad de recursos, los antecedentes del paciente o incluso patrones de comportamiento, como la probabilidad de no acudir a una cita en determinadas franjas. El resultado es una agenda que ajusta mejor, prioriza mejor y aprovecha mejor los recursos. Según nuestros datos, este enfoque puede reducir las listas de espera hasta en un 20%.
Pero no se trata sólo de gestión y optimización de agendas. Ya existen proyectos en los que estos agentes asisten al profesional durante la consulta, transcriben la conversación clínica y preparan borradores de informes para su revisión posterior. También pueden ayudar en la atención a pacientes crónicos complejos, donde buena parte del problema no está en una decisión aislada, sino en que varios especialistas actúen con la misma información y a tiempo. Del mismo modo, en el seguimiento remoto permiten detectar señales de alerta antes de que el problema acabe en urgencias o en una hospitalización evitable. En algunos casos, esto puede reducir estancias innecesarias hasta en un 25%.
Todo esto deja de tener valor cuando se plantea como una carrera por poner más tecnología. Y es que, el valor real reside en algo mucho más sencillo y mucho más importante como es quitar fricción al trabajo diario y devolver tiempo al acto de cuidar.
«La IA agéntica permite otra lógica: analizar en tiempo real la urgencia de cada caso, la disponibilidad de recursos, los antecedentes del paciente o incluso patrones de comportamiento, como la probabilidad de no acudir a una cita en determinadas franjas»
La tecnología en sanidad debería distorsionar lo menos posible el proceso asistencial. Debería estar para ordenar, descargar trabajo y para que el criterio clínico tenga más espacio, no menos. Eso exige condiciones. Exige formación, interoperabilidad y un uso seguro de los datos. Exige también criterio para distinguir lo útil de lo accesorio. Y exige colaboración entre el sector público y el privado para consolidar aquello que ya ha demostrado resultados.
Las comunidades autónomas, responsables de los sistemas regionales de salud, tienen aquí una oportunidad clara. También la sanidad privada. No se trata solo de incorporar herramientas nuevas, sino de trabajar de otra manera. Una con menos carga inútil, mejor información y más tiempo para atender. La IA agéntica puede ayudar precisamente en eso, en devolver algo que hoy escasea demasiado, tiempo clínico y atención a los pacientes.













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