La salud mental, la nueva fase de emergencia del terremoto de Venezuela

Redacción
Edificios derrumbados, familias separadas y personas desplazadas son algunas de las secuelas que deja el terremoto que tuvo lugar en Caracas y La Guaira (Venezuela). Sin embargo, Médicos del Mundo pone el foco en la salud mental de la población y de los equipos de rescate. A medida que ha ido disminuyendo la adrenalina de los primeros días, la ansiedad, el miedo, el insomnio, el estrés postraumático y los duelos que aún no se han podido cerrar van apareciendo con mayor frecuencia cada día que pasa.

En palabras de Marina Stussi, coordinadora de salud mental de Médicos del Mundo en el terremoto de Venezuela, “durante los primeros días las personas están centradas en sobrevivir y resolver. Pero conforme pasa el tiempo aparece el cansancio y conectan con el dolor, la pérdida y la desesperación”. La organización recuerda que uno de los errores más frecuentes es pensar que el paso del tiempo, por sí solo, cura el trauma. Lo que realmente ayuda es reconocer las emociones, validarlas y acompañar a las personas para que puedan procesar lo vivido.

Tanto la población en general como los equipos de rescate están comenzando a padecer con más intensidad la ansiedad, el miedo, el insomnio, el estrés postraumático y los duelos

En este contexto, según la organización, la emergencia ha entrado en una nueva fase, evitar que las secuelas psicológicas se cronifiquen e intentar garantizar que la población siga teniendo acceso a la atención sanitaria, especialmente en salud mental y apoyo psicosocial.

La infancia, el grupo más vulnerable

La infancia constituye uno de los grupos que más preocupa a los equipos desplegados sobre el terreno. “Hay muchos niños con un enorme trauma psicológico. Muchos tienen miedo de volver a sus casas incluso cuando las viviendas siguen siendo habitables”, añade Ricardo Angora, psiquiatra de Médicos del Mundo desplegado en Venezuela.

Los profesionales están observando alteraciones del sueño, dependencia constante de sus padres, miedo a quedarse solos y cambios de comportamiento que dificultan aún más la vida de unas familias que, además del impacto emocional, han perdido viviendas, ingresos y medios de vida. Para ellos, recuperar pequeñas rutinas cotidianas y sentirse acompañados es una parte esencial del proceso de recuperación. Explicarles lo ocurrido con honestidad, adaptándose a su edad, jugar con ellos y ofrecerles un entorno seguro contribuye a reducir el impacto psicológico de la catástrofe.

En el proceso de recuperación, los niños deben recuperar las pequeñas rutinas cotidianas y sentirse acompañados

Sin embargo, el desgaste emocional no solo afecta a quienes han perdido todo, sino también a los equipos de rescate, que comienzan a mostrar signos de fatiga después de semanas enfrentándose a escenas de enorme dureza. Para los profesionales que intervienen en una catástrofe existe además una dificultad añadida: sentir que deben mantenerse fuertes para seguir ayudando a los demás.

Los rescatistas y el personal sanitario muestran una gran resistencia a reconocer su propio malestar porque entienden que no hay tiempo para atenderse a sí mismos. Sin embargo, precisamente por eso son uno de los colectivos con mayor riesgo de desarrollar un trastorno de estrés postraumático”, explica Stussi.

Por ello, Médicos del Mundo insiste en que la atención en salud mental debe comenzar cuanto antes. Intervenir de forma temprana ayuda a reducir la intensidad del impacto emocional, fortalece la resiliencia de las personas afectadas y disminuye el riesgo de que el trauma derive en trastornos psicológicos más graves.

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