La teragnosis impulsa una nueva etapa de la oncología de precisión más personalizada e integrada

Redacción
La teragnosis atraviesa uno de los momentos de mayor transformación de su historia reciente. Lo que comenzó hace más de ocho décadas con el uso del radioyodo en enfermedades tiroideas, ha evolucionado hasta convertirse en una estrategia clínica capaz de integrar diagnóstico molecular, selección de pacientes, tratamiento dirigido y monitorización de la respuesta dentro de un mismo abordaje terapéutico.

Este fue uno de los mensajes centrales de la sesión plenaria Teragnosis: Are We Ready?, celebrada en el 42.º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (Semnim), donde especialistas de referencia analizaron cómo las terapias con radioligandos están redefiniendo el papel de la Medicina Nuclear dentro de la oncología de precisión.

Los especialistas destacan que la teragnosis integra diagnóstico molecular, selección de pacientes, tratamiento y seguimiento en una misma estrategia

Un pilar de la oncología de precisión

La evolución de la teragnosis ha sido especialmente acelerada durante la última década. La aprobación de nuevos radiofármacos terapéuticos y el desarrollo de técnicas de imagen molecular cada vez más precisas han permitido seleccionar mejor a los pacientes, personalizar los tratamientos y optimizar los resultados clínicos.

Durante la sesión, se destacó cómo la aprobación de [¹⁷⁷Lu]Lu-Dotatate marcó un antes y un después para la especialidad, al demostrar que era posible integrar diagnóstico y tratamiento dentro de una misma estrategia terapéutica. Desde entonces, avances como la dosimetría personalizada, el uso de PET con múltiples trazadores, las terapias de rediferenciación o el desarrollo de emisores alfa han ampliado significativamente el potencial clínico de la teragnosis en múltiples patologías.

«Estamos asistiendo a una transición desde modelos terapéuticos estandarizados hacia estrategias cada vez más individualizadas, adaptadas a las características biológicas de cada tumor y de cada paciente», señaló la Dra. Noelia Álvarez Mena, del Hospital Clínico Universitario de Valladolid.

El crecimiento de las terapias con radioligandos impulsa la figura del «oncólogo nuclear» y plantea nuevos retos organizativos para el sistema sanitario

El médico nuclear amplía su papel en la atención

La expansión de las terapias con radioligandos está impulsando una profunda transformación del perfil profesional del médico nuclear y reforzando su papel clínico dentro del abordaje multidisciplinar del cáncer.

En este contexto, el Dr. Stefan Prado Wohlwend, del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, defendió la figura del «oncólogo nuclear» como respuesta a la creciente complejidad de los pacientes candidatos a estas terapias.

Los expertos coincidieron en que el especialista ya no participa únicamente en la selección de candidatos y la administración de tratamientos, sino que desempeña un papel cada vez más relevante en el seguimiento clínico, la evaluación de resultados, el manejo de toxicidades y la planificación de futuras estrategias terapéuticas. «El reto ya no es únicamente administrar una terapia con radiofármacos, sino comprender cuál es la mejor secuencia terapéutica para cada paciente a lo largo de toda la enfermedad», explicó el Dr. Prado Wohlwend.

La neurooncología se perfila como una de las áreas con mayor potencial de desarrollo para la medicina nuclear

Según los especialistas, la incorporación de estas terapias en fases cada vez más precoces del tratamiento oncológico está acelerando esta transformación y consolidando la necesidad de profesionales con una visión clínica más amplia e integrada.

La neurooncología emerge como una oportunidad de desarrollo

Más allá de las indicaciones ya consolidadas, la investigación está abriendo nuevas posibilidades para aplicar la teragnosis en tumores cerebrales, uno de los ámbitos con mayor actividad científica en la actualidad.

Aunque determinadas estrategias terapéuticas ya han demostrado resultados prometedores en algunos tipos de meningioma, los gliomas continúan representando uno de los principales desafíos para la investigación traslacional y clínica.

Nuevas dianas moleculares, el desarrollo de emisores alfa, las estrategias de administración intraarterial y la combinación con otros tratamientos oncológicos figuran entre las líneas de trabajo que podrían ampliar significativamente el papel de la Medicina Nuclear en neurooncología durante los próximos años.

El crecimiento de la teragnosis exige adaptar el sistema sanitario

La rápida expansión de estas terapias plantea también importantes desafíos organizativos. El incremento de indicaciones, la llegada continua de nuevos radiofármacos y el aumento previsto del número de pacientes candidatos obligan a adaptar infraestructuras, recursos humanos y modelos asistenciales.

La expansión de las terapias con radioligandos obliga a reforzar infraestructuras, recursos humanos y modelos asistenciales en los hospitales

La Dra. Raquel Jover Díaz, del Hospital Universitario La Princesa, destacó la necesidad de impulsar una planificación estratégica que «permita garantizar la calidad, la seguridad y la equidad en el acceso a estos tratamientos en todo el sistema sanitario».

Los expertos advirtieron de que el éxito de la teragnosis ya no dependerá únicamente de la innovación científica, sino también de la capacidad de los hospitales para incorporar nuevas capacidades asistenciales y organizativas que respondan a una demanda creciente.

La sesión puso de manifiesto que la teragnosis ha dejado de ser una tecnología emergente para convertirse en una de las áreas con mayor proyección dentro de la oncología de precisión.La expansión de las terapias con radioligandos, la aparición de nuevas dianas terapéuticas y la creciente integración de la Medicina Nuclear en las decisiones clínicas anticipan un cambio profundo en la forma de diagnosticar y tratar el cáncer durante los próximos años.

El desafío, concluyeron los especialistas, ya no es demostrar el potencial de la teragnosis, sino garantizar que profesionales, hospitales y sistemas sanitarios estén preparados para aprovechar plenamente una transformación que está redefiniendo la atención oncológica del siglo XXI.

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