No solo les devolvemos la vista, les devolvemos la vida»

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Redacción
El apellido Barraquer forma parte indiscutible de la historia de la medicina en España. Hablar de esta saga familiar es hablar de más de un siglo de excelencia, hitos científicos e innovación en el campo de la oftalmología. Desde José Antonio Barraquer y Viralta, fundador de la Sociedad Oftalmológica de Barcelona en 1903, pasando por las revolucionarias técnicas de cirugía de cataratas de su hijo Ignacio, hasta el prestigio internacional consolidado por el profesor Joaquín Barraquer, la excelencia técnica ha sido siempre la norma de la casa.

Hoy la Dra. Elena Barraquer es la presidenta de la Fundación Elena Barraquer, cuarta generación de una familia ligada a la excelencia en oftalmología. En un encuentro en Forbes House defiende la empatía médica y el impacto de su fundación: «No solo les devolvemos la vista, les devolvemos la vida».

La Dra. Elena Barraquer ha transformado el legado familiar con una firme apuesta por la humanización de la medicina

El inmenso legado científico e investigador continúa en manos de la Dra. Elena Barraquer, que no se ha limitado a preservar la herencia recibida; la ha transformado por completo impregnándola de una profunda visión humanitaria y un compromiso inquebrantable con la humanización de la medicina.

«La especialidad médico-quirúrgica te permite ser cirujano sin perder el contacto con el paciente, que es ese contacto humano», explica la Dra. Barraquer, destacando la necesidad de rescatar la empatía en una profesión que, a menudo, se ve asfixiada por los tiempos y la burocracia.

La «semillita» de una revolución humanitaria

La vocación de Elena Barraquer por ir más allá de las paredes de la consulta privada se remonta a 1979. Siendo aún una joven investigadora en el prestigioso National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos, se sumó a una expedición médica a Haití. Lo que vio allí, historias de profunda vulnerabilidad y la crudeza de la ceguera evitable, plantó en ella la determinación de ayudar a los pueblos que no disponen de recursos.

Ese impulso cristalizó con los años en la creación de la Fundación Elena Barraquer. Se trata de una organización volcada exclusivamente en combatir las cataratas, la causa número uno de ceguera en el mundo. El impacto de estas expediciones va mucho más allá del acto quirúrgico, transformando radicalmente el tejido social de las comunidades que visitan: «No solo les devolvemos la vista, les devolvemos la vista y les devolvemos la vida», afirma con rotundidad la cirujana.

«Si son niños, pueden volver al colegio. Si son jóvenes, pueden volver a mantener a sus familias. Y si son ancianos, casi siempre se libera a un adolescente que tenía que cuidarlos y que ahora también puede regresar a la escuela».

«Es mi Ikigai, como dicen los japoneses; mi motivo para despertarme por la mañana es hacer esto realmente. Cuando vas, eres su oportunidad»

La doctora no oculta la profunda carga emocional que conllevan estas misiones, admitiendo que todavía se emociona en casi todas ellas. Para ella, este proyecto es una razón de ser absoluta: Es mi Ikigai, como dicen los japoneses; mi motivo para despertarme por la mañana es hacer esto realmente. Cuando vas, eres su oportunidad.

Una maquinaria de precisión que regala esperanza

Hacer que una misión humanitaria funcione con la misma profesionalidad y tasas de éxito que una clínica de alta gama en Barcelona requiere un esfuerzo monumental. Durante intensas campañas de una semana en países de África o Latinoamérica, el equipo de la fundación se despliega en condiciones que a menudo exigen ser un poco todoterreno. A pesar de las incomodidades logísticas, los quirófanos portátiles que transportan operan al máximo rendimiento.

«Es mucho más fácil ser empático si tienes 15 minutos para dedicarle a un paciente que si tienes cinco»

Un cirujano experto de la fundación puede realizar entre 45 y 55 cirugías de cataratas al día. Es una carrera contrarreloj en lugares donde el tejido sanitario es prácticamente inexistente; en países como Mozambique, por ejemplo, existe apenas un oftalmólogo por cada millón de habitantes.

Para garantizar la pureza de su labor, la fundación ha desarrollado un modelo de financiación transparente. Los salarios y costes administrativos de la estructura se sufragan a través de los beneficios de su tienda solidaria (Elena’s Shop), atendida por voluntarias y nutrida por donaciones particulares. De este modo, cada euro que aporta un donante va destinado de manera directa y limpia a los proyectos de cirugía sobre el terreno.

Elena Barraquer también reflexionó sobre los retos actuales de la sanidad, lamentando la deshumanización que a veces sufre la atención médica en España debido a la sobrecarga de trabajo: «Es mucho más fácil ser empático si tienes 15 minutos para dedicarle a un paciente que si tienes cinco», matizó. Hizo hincapié en que pequeños gestos de cercanía física o palabras de aliento tras una intervención marcan una diferencia abismal para el enfermo.

«La Inteligencia Artificial es muy útil, pero siempre con el humano al lado. Es el que tiene que poner ese toque de humanidad»

Frente al auge de las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial en el diagnóstico y la redacción de informes médicos, la doctora se muestra optimista pero firme en cuanto a los límites de la automatización. Para ella, las máquinas son excelentes herramientas de soporte, pero jamás podrán reemplazar el ojo clínico ni el alma del profesional de la salud: «La chispa del ser humano la va a necesitar la máquina, porque si no… todo sería igual. La Inteligencia Artificial es muy útil, pero siempre con el humano al lado. Es el que tiene que poner ese toque de humanidad».

Con múltiples reconocimientos a sus espaldas, como la Medalla de Oro de Barcelona, la Cruz Roja y su recurrente aparición en la lista Forbes de mejores especialistas de España, Elena Barraquer sigue mirando al futuro.

Su próximo gran reto será en noviembre, cuando en colaboración con la Fundación Telmex buscará batir en México el récord Guinness de cataratas operadas en cinco días. Una muestra más de que el histórico apellido Barraquer sigue siendo, hoy más que nunca, sinónimo de excelencia médica y, sobre todo, de un profundo amor por el ser humano.

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