Juan León García
“Vamos a cortar todo el comercio con España”, arremetió a principios de marzo el presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, en respuesta a la postura que expresó el Gobierno respecto a la ofensiva que iniciaron conjuntamente este país e Israel contra Irán. Las primeras voces que se pronunciaron para sopesar la viabilidad de la amenaza subrayaron que, como Estado miembro de la Unión Europea (UE), cualquier acuerdo comercial vigente y sus condiciones se negocian en grupo, y no por país.
“Cuando hablamos de aranceles, guerras comerciales y geopolítica, corremos el riesgo de quedarnos en el análisis macroeconómico y olvidar que, al final de la cadena, hay personas que necesitan sus medicamentos”, pone de relieve en una entrevista con iSanidad Álvaro Hidalgo Vega, presidente de la Fundación Weber y Director del Grupo de Investigación en Economía de la Salud y Gestión Sanitaria (GIES) de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM).
Y se detiene en el impacto que estas decisiones tienen para los pacientes, “un aspecto que a veces queda en segundo plano en el debate público”. “Los desabastecimientos no son una abstracción: son un paciente crónico que no encuentra su tratamiento en la farmacia, son retrasos en terapias oncológicas, son problemas de salud pública”, ejemplifica.
No obstante, Hidalgo ve oportunidades para nuestro país en mitad de la crisis. Destaca, por ejemplo, “los mimbres” industriales, científicos, logísticos y de capital humano “para convertirse en un pilar de la autonomía estratégica europea en salud”. No perder esta ocasión requiere decidir y actuar. Desde la fundación que preside, abogan por qué la política farmacéutica “se aborde con una visión integral, que combine la sostenibilidad económica del sistema con la equidad en el acceso y la calidad de la atención”.

“Muchos principios activos farmacéuticos (API) y productos intermedios requieren derivados petroquímicos para su síntesis, desde el paracetamol hasta los antibióticos”
¿Qué repercusiones está teniendo –y tendrá– la guerra que Israel y EEUU han desatado en Oriente Medio para la industria farmacéutica y de la tecnología sanitaria española?
La escalada bélica en Oriente Medio, con la intervención directa de Estados Unidos e Israel contra Irán desde finales de febrero de 2026, está generando la mayor interrupción del suministro energético desde la crisis de los años setenta, según ha reconocido la propia Agencia Internacional de la Energía. Para la industria farmacéutica y de tecnología sanitaria española, las repercusiones son múltiples y se transmiten por varios canales.
En primer lugar, el encarecimiento de la energía y del transporte marítimo. La amenaza sobre el estrecho de Ormuz —por donde transita una parte sustancial del petróleo y gas natural licuado que abastece a Europa— está disparando los costes logísticos. Muchos principios activos farmacéuticos (API) y productos intermedios requieren derivados petroquímicos para su síntesis, desde el paracetamol hasta los antibióticos. España, como país importador neto de energía, sufre directamente este encarecimiento.
En segundo lugar, la alteración de las rutas logísticas. Ya veníamos arrastrando problemas desde la crisis del Mar Rojo, que obligó a desviar buques por el Cabo de Buena Esperanza, incrementando los plazos de entrega y los costes de flete. La extensión del conflicto a Irán añade una capa adicional de incertidumbre a estas rutas, cruciales para el comercio entre Asia y Europa.
“Si la inestabilidad en Oriente Medio se prolonga, los cuellos de botella logísticos pueden convertirse en desabastecimientos reales”
En tercer lugar, y quizá lo más preocupante a medio plazo, está la presión sobre las cadenas de suministro de principios activos. La mayor parte de los API que utilizan las plantas europeas se fabrican en China e India. Si la inestabilidad en Oriente Medio se prolonga, los cuellos de botella logísticos pueden convertirse en desabastecimientos reales. De hecho, la Aemps ya registró más de 2.500 presentaciones de medicamentos con problemas de suministro a lo largo de 2024, y las tensiones actuales no harán sino agravar esta tendencia.
En cuanto a la tecnología sanitaria, la dependencia de componentes electrónicos de origen asiático hace que equipos de diagnóstico, dispositivos médicos y sistemas de monitorización también se vean afectados por el encarecimiento y los retrasos en las cadenas de suministro globales.
¿Qué sectores y áreas de la salud se verán más afectadas en España y Europa? ¿Con qué planes cuenta la UE y el Gobierno para atenuar los efectos que puede tener de cara a posibles desabastecimientos de fármacos?
Los ámbitos más vulnerables son aquellos cuya producción depende en mayor medida de principios activos de origen asiático y de derivados petroquímicos. En concreto, los antibióticos de uso generalista, los antidepresivos —como ya estamos comprobando con los problemas de suministro de clomipramina—, los antidiabéticos orales y determinados medicamentos genéricos de alta rotación son los más expuestos. China ha reforzado en los últimos años su control sobre las exportaciones de ciertos productos químicos y farmacéuticos, lo que añade un factor de riesgo geopolítico a la ya de por sí frágil cadena de suministro.
En el ámbito de la tecnología sanitaria, la oncología radiológica y el diagnóstico por imagen son particularmente sensibles, ya que dependen de equipos y componentes de alta tecnología cuyas cadenas de suministro son globalizadas y concentradas en pocos fabricantes.
“Los antibióticos de uso generalista, los antidepresivos, los antidiabéticos orales y determinados medicamentos genéricos de alta rotación son los más expuestos”
En cuanto a los planes institucionales, la Unión Europea ha dado un paso significativo con la propuesta de la Ley de Medicamentos Críticos, presentada formalmente por la Comisión en marzo de 2025. Esta norma prevé la creación y actualización regular de una lista de medicamentos críticos a nivel europeo, la constitución de reservas estratégicas, mecanismos de contratación pública conjunta entre Estados miembros e incentivos para relocalizar la fabricación de principios activos esenciales dentro de la UE.
A nivel nacional, la Aemps puso en marcha el Plan de Garantías de Abastecimiento de Medicamentos de Uso Humano 2025-2030, con un enfoque estructural que busca reforzar la capacidad de respuesta del sistema ante interrupciones. Además, el Gobierno aprobó en marzo de 2026 un plan de emergencia económica que moviliza 5.000 millones de euros para mitigar el impacto del conflicto en Oriente Medio, incluyendo medidas que indirectamente protegen al sector sanitario, como la reducción del IVA de los combustibles.
Al mismo tiempo que la situación geopolítica está desestabilizada, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, amenaza a España con cortar los lazos comerciales. España, como parte de la UE, negocia todo acuerdo comercial en bloque. ¿Hasta qué punto es de real este órdago, y cree que afectaría de manera significativa a las importaciones y exportaciones del sector farmacéutico en nuestro país?
Conviene situar las cosas en su contexto. España, como Estado miembro de la UE, no negocia acuerdos comerciales bilateralmente, sino a través de Bruselas. Por tanto, la amenaza específica de Trump hacia España tiene un componente retórico importante, pero el impacto real se materializa a través de la política arancelaria general hacia la Unión Europea.
“Para el sector farmacéutico, la exposición es relevante: la industria farmacéutica es el sector manufacturero español más expuesto al mercado estadounidense”
Dicho esto, los números son elocuentes. La Cámara de Comercio de España estima que los aranceles impuestos por Trump podrían reducir un 14% las exportaciones españolas a Estados Unidos. Para el sector farmacéutico, la exposición es relevante: la industria farmacéutica es el sector manufacturero español más expuesto al mercado estadounidense, con un 8,3% de su valor añadido bruto dependiendo de la relación comercial con EEUU. Las exportaciones farmacéuticas españolas a Estados Unidos pasaron de 239 millones de euros en 2023 a 571 millones en 2024, un crecimiento notable que ahora queda amenazado.
Trump ha llegado a anunciar un arancel del 100% sobre productos farmacéuticos patentados y aranceles del 15 al 30% sobre medicamentos europeos en general. Si estas medidas se materializan plenamente, pondrían en riesgo hasta 120.000 millones de euros en exportaciones farmacéuticas europeas, según cálculos de la propia industria. En el caso español, el impacto directo sobre las exportaciones sería significativo pero acotado, dado que EEUU representa en torno al 6% del total exportado por el sector farmacéutico español.
Sin embargo, el riesgo más sutil y potencialmente más dañino está en la vertiente importadora: aproximadamente el 24% de los insumos necesarios para la fabricación farmacéutica en Europa provienen de Estados Unidos. Un encarecimiento de estos insumos se trasladaría a los costes de producción y, en última instancia, a la sostenibilidad del sistema de precios regulados que tenemos en España.
Ya estamos viendo que las farmacéuticas españolas están empezando a redirigir parte de sus ventas hacia Europa y Latinoamérica como respuesta adaptativa a los aranceles aplicados desde abril de 2025. Esta diversificación de mercados es una señal clara de que la amenaza es real y ya está modificando las estrategias empresariales.
“Aproximadamente el 24% de los insumos necesarios para la fabricación farmacéutica en Europa provienen de Estados Unidos”
¿Podría explicarnos en qué medida el sector sanitario español es sensible al contexto externo? ¿Con qué mecanismos cuenta para atenuar las repercusiones que le pudieran impactar?
El sector sanitario español es altamente sensible al contexto internacional, y lo es en mayor medida de lo que generalmente se percibe. España cuenta con 181 plantas de producción farmacéutica, emplea a más de 63.500 personas directamente y exporta más de 17.000 millones de euros anuales, con el 80% de la producción nacional destinándose a mercados exteriores. Estas cifras revelan un sector fuertemente integrado en las cadenas globales de valor y, por tanto, expuesto a cualquier perturbación geopolítica o comercial.
La sensibilidad se manifiesta por el lado de los insumos —dependencia de principios activos de China e India, de componentes tecnológicos de Asia, de energía importada— y por el lado de los mercados de destino, donde la diversificación geográfica se ve ahora amenazada por políticas proteccionistas.
En cuanto a los mecanismos de atenuación, España dispone de varios instrumentos. El Plan Profarma 2025-2026 del Ministerio de Industria busca posicionar a España como líder europeo en producción farmacéutica, con incentivos a la inversión industrial y a la I+D. La Aemps, a través de su Plan de Garantías de Abastecimiento 2025-2030, ha reforzado los mecanismos de monitorización temprana y gestión de desabastecimientos. Además, la inversión del sector privado en I+D —que alcanzó los 1.533 millones de euros en 2024, su máximo histórico— genera capacidades de innovación que actúan como amortiguador frente a las crisis externas.
“El modelo de precios regulados español, con márgenes muy comprimidos, deja poco espacio para absorber incrementos de costes”
No obstante, estos mecanismos son insuficientes si no se abordan las vulnerabilidades estructurales. El modelo de precios regulados español, con márgenes muy comprimidos, deja poco espacio para absorber incrementos de costes. Y la concentración de la producción de genéricos en unos pocos países fuera de Europa sigue siendo el talón de Aquiles del sistema.
Visto el panorama actual, ¿qué estrategias pueden seguir las compañías farmacéuticas y de tecnología sanitaria?
Las compañías se enfrentan a un entorno de múltiples riesgos simultáneos, lo que exige estrategias articuladas en varios ejes.
El primero es la diversificación de proveedores y rutas logísticas. La concentración excesiva en proveedores asiáticos de principios activos es un riesgo que las empresas ya están empezando a abordar, buscando fuentes alternativas en Europa, Oriente Próximo y América Latina. Al mismo tiempo, la diversificación de rutas de transporte —evitando la dependencia exclusiva de las rutas que pasan por el Mar Rojo y el estrecho de Ormuz— se ha convertido en una prioridad operativa.
El segundo eje es la diversificación de mercados de destino. Ya estamos viendo cómo las farmacéuticas españolas están redirigiéndose hacia Europa y Latinoamérica ante los aranceles estadounidenses. Es una respuesta racional, pero debe ir acompañada de una estrategia industrial a largo plazo, no limitarse a una reacción táctica.
El tercero es la apuesta decidida por la I+D y la innovación. Las compañías que invierten en investigación generan productos diferenciados y de alto valor añadido, menos vulnerables a las guerras de aranceles que los genéricos de bajo coste. La biotecnología y las terapias avanzadas ofrecen un espacio de crecimiento donde España tiene capacidades reales.
“La autonomía estratégica en el ámbito farmacéutico ha dejado de ser un concepto aspiracional para convertirse en una necesidad urgente”
El cuarto es el refuerzo de las alianzas estratégicas, tanto entre empresas como con las administraciones públicas. Los acuerdos de colaboración público-privada para garantizar el suministro de medicamentos esenciales, la participación en los mecanismos de compra conjunta europea y la integración en los programas de inversión de la Ley de Medicamentos Críticos de la UE son oportunidades que no deben desaprovecharse.
Finalmente, la digitalización de las cadenas de suministro y la incorporación de sistemas de inteligencia artificial para la predicción de riesgos logísticos y de demanda pueden mejorar significativamente la resiliencia operativa del sector.
La autonomía estratégica es un objetivo que tanto desde Europa como desde los gobiernos nacionales no paran de mencionar en los últimos años. ¿Cree que se llegará a materializar en la UE? ¿En qué posición estaría España y dónde podría liderar esa autonomía estratégica europea?
La autonomía estratégica en el ámbito farmacéutico ha dejado de ser un concepto aspiracional para convertirse en una necesidad urgente. La confluencia de la guerra en Oriente Medio, los aranceles estadounidenses y la creciente inestabilidad de las cadenas globales de suministro ha acelerado la toma de conciencia en Bruselas. La Ley de Medicamentos Críticos es la plasmación normativa de esa urgencia.
Ahora bien, ¿se materializará efectivamente? Soy moderadamente optimista. Los ministros de Sanidad de la UE ya están debatiendo activamente la hoja de ruta, y la propuesta de la Comisión incluye incentivos concretos —como la simplificación regulatoria y el acceso preferente a financiación— para las empresas que fabriquen medicamentos críticos dentro de la Unión. Sin embargo, la autonomía total es una quimera: no se trata de producir todo en Europa, sino de garantizar que tenemos capacidad para fabricar lo esencial y que nuestras cadenas de suministro son suficientemente resilientes.
“El Plan Profarma 2025-2026 apunta en la dirección correcta al buscar convertir a España en líder europeo en producción farmacéutica”
España está en una posición privilegiada para liderar este proceso. Disponemos de 181 plantas de producción, una base científica sólida, capacidades logísticas relevantes y una ubicación geográfica estratégica como puerta de entrada a Europa desde el Mediterráneo y el Atlántico. El Plan Profarma 2025-2026 apunta en la dirección correcta al buscar convertir a España en líder europeo en producción farmacéutica.
¿Dónde puede liderar España concretamente? En la fabricación de medicamentos biológicos y biosimilares, donde ya contamos con capacidades industriales relevantes; en la producción de vacunas, un ámbito que la pandemia demostró como crítico; en la creación de reservas estratégicas de medicamentos, una iniciativa que ya se está reclamando desde varios ámbitos; y en la investigación en terapias avanzadas y medicina de precisión, donde nuestros centros de investigación y hospitales de referencia tienen un reconocimiento internacional.














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